Ya he limpiado mis zapatos. Me ha costado toda la tarde que queden lustrosos, como nuevos. He colocado unos chupitos de scotch, unas sobras de torta para los golosos de oriente y un balde de agua para los camellos. Es mi táctica de camelo para conseguir sus favores. El año pasado, ni caso, no me dejaron ni carbones. Así que un año más repito mi cartita, queridos Reyes Magos, aunque creo que necesita ciertos retoques. Para este año en ocho, rebosante de curvas sinuosas, más que “amores piadores” me inclino por los amores con garras de lobo y piel de cordero, algo así como apasionados corderitos mimosos, en plan ovejita lucera con alma de tigre. Añadiría a la lista una piedra filosofal para cultivar esta cabecita despistada y una colonia que ahuyente a los cenizos, ¡ah! y un angelito aparcacoches que me libre de dar vueltas como una peonza por charricity.