Queridos Reyes Magos:

Después de tantos años de fe callada, de plegarias ronroneantes, de listas insensatas, de creencias sin grietas, siento que la ingenuidad se ha ido a criar malvas. La culpa no es mía, pero a la vista está, los resultados cantan: nada de amores piadores, ni la felicidad a mordiscos –en tragos cortos y por puntos-, los picaflores carceleros acechan con sus pistolas de láseres paralizantes, y, por si fuera poco, los cuervos cenizos han tomado las riendas del planeta con sus augurios de crisis épicas.

Este año se acabó. Nada de chupitos, nada de dulces, ni agua para los camellos —quien se cree que, ahora, viajen en avión, bobadas—, nada de limpiar los zapatos nuevos, ni dejar los calcetines en el árbol. Voy a cerrar a cal y canto la casa, tapiar la chimenea, poner rejas en las ventanas. Dejaré sonar el teléfono, desconectaré el router.

Y pondré una nota que diga: “Estoy harta de timadores”. ¡Huy! Me olvidaba, tengo que limpiar los botines negros y ponerlos afuera.

emma b