A las 11 el móvil empezó a sonar.

-Niña que me bajan el sueldo... -Me llora F. desde Orense-. Y aquí..., aquí que los paniaguados de B. no aparecen ni a fichar

-¿A todos?

-Sí, da igual que curres o te las pases resolviendo asuntos del bufete, preparando artículos para congresos o redactando el próximo libro a publicar. A todos nos sacuden por igual.

-¿Y las que se pintan las uñas? ¿Les llegará para el esmalte perlado?

-A todos, rica. -Será a ti, que las chicas de provincias llevamos las vacas flacas puestas todo el invierno.

A las 2,el móvil grita desesperado que la batería está por los suelos, y siguen las llamadas de lloriqueo. Y la bolsa tímida. ¡Dios! los nervios salen a chispitas, cuanto daría por uno de esos "portables" con melodía relajante, me hubiese aliviado la mañana y ahora estaría tan lozana como rosa, y no como una pasa. Vuelve otra vez el maldito ring estilo de antaño. Necesito uno de esos móviles japoneses con música de relax si quiero llegar a la noche.