Para animar la vuelta a la vega del Tormes un lindo tormentón con aguacero me cala hasta el solomillo en el micro-trayecto desde el taxi al portal. En casita me reciben Misombra alterada por los truenos, la pequeña Lolita y el bellezón de su Polaco, que ha traido a pasear entre las piedras y las terrazas, y varias cartitas del gran capital y las atracadoras profesionales de las telefónicas, y la nevera repleta de auténticas salchichas alemanas. Eso sí el pisito está ventilado como nunca. Los visitantes lo tienen al pairo -ventilación y desorden a la par. Bienvenidas, te cuento – me cuentas. Y a cenar salchichas con cerveza bávara hasta reventar.