Hay años que uno comienza con el recuerdo de la pasión grabado en un lunar de la camiseta, y una esperanza que no toquetea demasiado por miedo a gastarla. Un año terminado en cero pero nada redondo, que termina con la pasión abrazada a Misombra y la esperanza cumplida ya duerme en el olvido. Y un sinfín de palabras en la trastienda: el jefe cambia de manos, fracturas y salas para sobrevivir, rebajón del sueldo y subidas de gastos y ¡arrástrate!, la muerte súbita y un traje de dolor, palabras por hilvanar y voces raídas, y los amigos entre abrazos. ¡Ring the bell!

feliz año,  queridos niños y niñas.

 

Y para celebrarlo nuestro brindis con la señora Bartoli. chin, chin...