Parece que mi vida se ha vuelto un constante bamboleo, y todo oscila de los fragmentos a las burbujas. De los fragmentos de tozuda realidad a las burbujas de los sentimientos. Así entre burbujas y fragmentos vamos matando el rato.
Hay burbujas blancas de cristal transparente que suenan a noche, y burbujas de sol invernal que templan el alma. Hay fragmentos instalados en el cotidiano transcurrir, como parásitos aferrados a la piel de una ballena, que nos someten y se alimentan de nosotros.