rilke1.JPGSi entre los hombres abunda la especie de los seductores: sofisticados, naturales o juguetones; en el sector femenino se prodiga con similar profusión el tipo de las eternas enamoradas: ellas siempre con un tipo en sus anhelos. Ante el desaire pueden refugiarse en un platonismo versátil, o recurrir al siempre dispuesto seductor y cambiar el objeto de sus deseos, o descargarse en una enfermiza atracción fatal.

Una de mis favoritas es Marina Tsvietaieva, cuyas periódicas y obsesivas relaciones amorosas con personas que no podrían o no querían corresponderle no tenían como objetivo a las personas mismas, sino que expresaban su necesidad de estar enamorada, como delatan estas palabras:
“¡Amor! ¡Amor! En los estertores de la muerte y en el ataúd
Estaré alerta – transida – atolondrada – dispuesta a ir a ti.”

“No estoy hecha para la vida. ¡En mí todo es incendio! Puedo tener diez relaciones a la vez (¡qué horror: relaciones!) y a cada uno asegurarle, desde la más profunda profundidad, que es el único. Pero no tolero que me volteen la espalda, ni mínimamente. Me LASTIMA, ¿comprende? Yo soy una persona desollada en vida, mientras que el resto de ustedes lleva armadura. Todos ustedes tienen: el arte, la vida social, las amistades, las diversiones, la familia, el deber, mientras que yo, en el fondo, no tengo NADA. Todo cae como la piel bajo la piel hay carne viva o fuego, yo soy –Psiqué. En ninguna forma hay lugar para mí –ni siquiera en la espaciosísima forma de mis versos—.”

Durante la primavera-verano de 1926 Marina y Rilke, ex de Lou Andreas Salome -otra rusa eterna enamorada: "el amor después del amor"-, mantuvieron una correspondencia repleta de complicidad, un diálogo entre personas que se comprenden casi sin palabras como enteradas de un mismo secreto.

Marina, para quien el contacto físico era esencial porque era el único modo de penetrar en el alma de una persona, propuso a Rilke un encuentro: “Rainer, quiero estar contigo […] –no te enfades, soy siempre yo, yo quiero dormir a tu lado – adormecerme y dormir. […] Sencillamente dormir. Nada más. No, algo más: hundir mi cabeza en tu hombro izquierdo, mi mano en el derecho y nada más. No, algo más: saber, aún en mi sueño más profundo, que tú te encuentras a mi lado. Y algo más: escuchar el sonido de tu corazón. Y... besarlo.”

Sin embargo, el escritor con un muy actual y masculino “sí, pero no” rechazó el encuentro: “Sí, sí, una vez más, sí, Marina, a todo lo que quieras y a todo lo que eres, y todos juntos forman un gran SÍ, dicho por la vida misma... pero en él se encuentran encerrados diez mil imprevisibles NO”.

Nunca llegaron a gozar ese anhelado encuentro, meses más tarde Rilke murió y Marina le dedicó el largo poema, “Por el año nuevo”.