La semana de la rentreé arrastra un bochinche fuera de lo normal. Los estudiantes ya han llegado a Charri City. El bullicio del comienzo del curso y este veranillo de San Miguel estiran este “fin de l’été”. Sin embargo, el trabajo se clava a las lumbares sin remedio. Hoy, particularmente, lo siento atornillado en acero.

Misombra sigue instalada en su mutismo. Es tal su enfado desde que la dejamos sin ir a Tenerife que ahí sigue arrinconada entre los cactus forrada de pinchos sin atender a razones.

—Pero niña, si sólo fuimos a la playa! A ti no te gusta. Te quema. Con lo mal te sienta el sol. Te pones más negra que un conguito, y luego dices que no quieres estar tan morena en invierno.

Nada, no hay manera. Silencio. Nos mira desde lejos con un odio que da miedo. ¡Qué, invierno me espera! A mí, claro. Lapetarda en su habitual ir a lo suyo ni se entera. Si ni tiempo tiene. Horas y horas enganchada al meetic, que si el anuncio, la foto, el perfil: “¿Aquí, qué digo?”, “¿Me pongo o me quito años?”, “Y éste que me cuenta...”. Aviso a navegantes cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Eso sí, todo son ventajas: “no machaco el hígado en los bares, me bajan las transaminasas, conozco gente y practico idiomas” ¿?

Y menos mal que ha subido la bolsa, aunque no me fío ni un pelo, el brent sigue por las nubes. Tengo la impresión de que todo esta “cogido por alfileres”, incluida la cumbrísima que nos espera.

-—¡Huy!, las 8, ¡qué horas!. Ya llego tarde a la fiesta de la mujer alboroto. Adiós...