Los otros días:
La pequeña Lolita bailaba bachata al fondo del local con su falda de tules de Kiddy’s Class, bajo la atenta mirada del señor Salva-canalla que se la follaría —si se dejase— en el cuarto oscuro del almacén. Rosario pasea sus huesos por el barrio de Gracia. Mi querido Lanzarote dijo que tenemos un Gobierno de “geyperman” y de “barbies”. Una niña de diez años escribió un libro de ayuda para hijos de divorciados. Rosario saborea encendida su última copa de coñá. El señor Zapatero gritó que los dirigentes del PP son “patriotas de hojalata” y el señor Rajoy pataleó que el presi es un “bobo solemne”. Rosario arde viva en un cajero de La Caixa y tres micos aplauden. Carmen Calvo declaró que aún no tiene hora para llevarse los legajos del Archivo. El señor Blanco escribió en La Gaceta que mi Lanzarote parece Groucho Marx; personalmente, creo que ni merece tal piropo. Eso sí..., tenemos al país que parece el camarote de los hermanos Marx. Los tres micos sollozan lágrimas de cocodrilo: “se nos fue la mano”, “no queríamos hacerle tanto daño”. Y nadie reclama el cadáver calcinado de Rosario.