-Toma, esta carpeta me la ha dado tu padre -dice mi hermana con voz pedir un café-, me parece que es tuya.
-¿Qué es? -le pregunto curiosa al tiempo que recojo la carpeta azul, vieja y blandengue después de años de humedad en un desván lluvioso-. ¡Vaya!, retorno a Brishead en Navidad...
En su interior perfectamente organizados: una carpetilla blanca con un autorretrato de mi viejo amigo S., datado el 27-4-79, un dibujo de lápiz, surrealista y anónimo, bastante desagradable, con venas cosidas y un pequeño barquito de papel que navega por la raya de un ojo reventón, y otros dibujos con muchos colorines y bastante "pasteles", producto de aquellas noches santiaguesas repletas de lluvia; dos vetustos ejemplares del "Mundo Gráfico" de 1916 y 1920; y otra carpetilla negra con reseñas y anotaciones de variados libros y autores: Goytisolo, Pasolini, Gramsci, Alvaro Caeiro, García Lorca, Noam Chomsky, Bertold Brecht o Leonard Cohen, entre otros. Y recupero mi poema favorito de Kavafis, ya olvidado:

"Nada me retuvo. Me liberé y me fui
hacia placeres que estaban
tanto en la realidad como en mi ser,
a través de la noche iluminada.
Y bebí un vino fuerte, como
sólo los audaces beben el placer."

Lo que no reconozco, y me resulta totalmente extraño es el cuadernillo mecanografiado, con apenas cinco hojas de papel cebolla, y el siguiente título en la portada:

"PALABRAS DE POETA"
Poemas escritos por: Antonio Rodelas Montes
PROVO

Y un pequeño recorte en su interior que dice:

"Estos poemas son intercambiables por:
Unas palabras totalmente necesarias para el alma.
Un puesto de trabajo para mantenerme como persona.
Unas monedas para ir tirando.
Un beso para seguir soñando.
Cualquier cosa para continuar amando."

No recuerdo a su autor. No tienen fecha -imagino que serán de esa misma época-, ni anotación alguna. No consigo recordar cómo esas cinco hojas llegaron a mis manos. Tal vez unas palabras, un beso o quién sabe qué..., me las dejaron entre los dedos.