Otra vez con la maletilla a cuestas, no con “el maletilla” ¡ojo!, sino otro pelo me luciría, más enamoriscado, al menos. Aparte del pantalón, un miniparaguas, jersey, muda y neceser, no olvidar el libro “Carta abierta a una chica progre”, del señor Umbral, por esto del homenaje póstumo –aunque no pertenezco al club de fans—, porque no he vuelto a leerlo, y porque fue mi favorito en los años de tedio y plateresco.

“Te miro en tu provincia de tedio y plateresco, aquel itinerario entre el colegio de monjas y el cine de los sábados, paseos con el primer novio entre los álamos del río, y el beso que te dio, o su mano en tu pecho, cuando la naturaleza toda, el universo, el puente romano y los ojos del agua miraban tu pecado original”. Francisco Umbral. Carta abierta a una chica progre.