Hay quien dice que fue algo que Misombra cogió dónde los moros de tanto viaje y tanto desacarreo. No sé..., no creo, más bien parece algo de otoño. Desde luego, de tanto aplacar la furia entre escarchas no podía salir nada bueno. Los sueños de frío le atemperaron la cabeza sí; el pelo recuperó formas onduladas, pero su piel conservaba la palidez desnuda de los durmientes y un ambiente blanquecino y destemplado se adueñó de toda la casa.

“La vida discurría en voz baja, se movía con lentitud astuta”, nada interrumpía el diario ir y venir de Misombra —en silencio, siempre en silencio—, ni las controversias informativas de una cumbre transoceánica, ni los males de amores de una infanta borbónica, ni los gritos y soflamas contra la subida de las tasas programada por mi Lanzarote, que nos quiere con telarañas en los bolsillos. “El mundo parecía estar a siglos de distancia”, lejos de las calles mojadas, de los montones de hojas amarillas esparcidas por los jardines, de las gotas de lluvia que daban un lustre hiriente a sus manos. “Había quien decía: Tiene algo dentro, una suerte de infelicidad”.


Los entrecomillados: frases dispersas de Seda, Alessandro Baricco.