Esta historia comienza en Mérida, un sábado con un sol a ráfagas del norte, el fin de semana de los nombramientos ministeriales, que tanto han dado que hablar, y del gran premio de Estoril. El viento envuelve redondo las gradas del teatro de Emerita Augusta. Proserpina, diosa cuya historia es la base de un mito de la primavera, reina del mundo subterráneo, raptada por Plutón —muy cerca de ella entre las columnas del frente de escena— a los infiernos, nos ha devuelto las lilas blancas y las rosas fragantes al peristilo.

En un arrebato de infiernos primaverales, un hombre mata a su madre y se pasea con su cabeza envuelta en una camiseta por las calles de Murcia.

Cíane —náyade compañera de Proserpina— trató de impedir su rapto pero no pudo hacer nada contra Plutón. LLena de dolor, se disolvió en lágrimas.

Una joven se ahorca con su cinturón de cuero en la verja de la plaza de San Román. (Sit Tibi Terra Levis)

Pirítoo, un amigo de Teseo, trató de conquistar a Proserpina, y bajó al Hades con la intención de casarse con ella. Como castigo se sienta para siempre en la Silla del Olvido, a la que fue firmemente atado con anillos de serpientes. Hércules intercedió por él ante Plutón y lo devolvió al Mundo superior ileso.