Hoy, con este día tan soleado, he logrado descongelarme de todo. Claro, que Misombra continua hibernada en la nevera “esperando tiempos mejores” dice.
He tratado de convencerla con dimes y diretes, con cine y poesía, pero ni este nuevo invento de la poesía asistida por ordenador lo ha logrado. Sin embargo, mis días han pasado veloces gracias a esta nueva “ciberinspiración”. Pones un verso, lo sacudes y ¡zas! otro verso. Si hay suerte tiene su punto de gracia pero la más de las veces disparata.

El terror de los pasos persigue mis sueños. Un agitar y...

El terror de los avances persigue mis sueños
(qué soso!)

Probemos con un toque de Machado:
“de tu soñar gitano”. Sacudimos y...

De tu imaginar iconoclasta
(¿?, si suena a tratado de Menéndez Pidal)

Veremos que dice la cibermáquina de este verso de la gran Marina Tsvietáieva:

“Malos presagios: herrumbre y hojalata”. El gran sacudón y...

Los presagios atroces: cima de oxidación y taponazo
(¡jua, jua!, tiene su gracia, cáustica...)

Y ahora probemos con un clásico amoroso nerudiano:

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche". Sacudimos de nuevo, y...

Puedo mano los versos más en estancamiento esta oscuridad

(¡jesús, qué ruina, qué destrozo! Esto empieza a cabrearme. Les dejo que se entretengan un rato. Y me dejen las muestras de los versos del sacudón.)