momix1.JPGEn ocasiones no puedo dejar de pensar que tengo un angelito que me protege –ya me ha salvado de dos embestidas on the road, un ataque armado y otras aflicciones varias- y ayer, sin ir más lejos me llevó de la manita a ver The Best of Momix, el último espectáculo de la afamada compañía de danza contemporánea de Moses Pendlenton MOMIX. Y yo sin enterarme, la verdad ni me sonaban estos danzarines, ya se sabe de la tradicional incultura de una provinciana: no la saques de Jardiel Poncela y poco más.
Moses y sus chicos nos reconcilian con el género humano –a pesar de nuestro desgraciadito y maltrecho armazón— nos muestran lo bello, ágil, elegante, seductor y grácil que puede llegar a ser, eso sí me temo que con paciencia, disciplina y una pasión de tiempo a dedicarle.
La muchacha orbital, los hombres con estilizada pata de palo y música tribal, las tres mujeres con burbuja y desnudez refinada, el bañista de negro nada sin agua entre música heavy, la mujer negra con vestido blanco baila colgada de la cuerda al son de Badalamenti, el hombre ciempiés con cuatro cabezas, la mujer blanca con traje negro, fugitiva y sensual, la diosa en su cuenco y las parejas bajo palo, las sombrillas inquietas con música de Peter Gabriel y las caricaturas de las sombras de tipos picassianos, nos mantuvieron absortos en el aire, y después de noventa minutos nos abandonaron hechizados y arropados por una nube de placidez humeante y plástica.