El multiusos S. Paraíso, hecho un infierno “ardente e quente” con la calorina del día cruelmente bochornoso, retumbó con los tambores, los vientos y los sones de Carlinhos Brown. Pude pasar lista a la colonia brasileira en charrilandia y sí, tranquilos “os parentes de Brasil” todos están bien y en perfecto estado de revista. Carlito Marrón levantó a charris y guirilandia people de las gradas convertidos en bailarines danzantes, en fin un despilfarro “good vibrations”. No soy fan de Carlito, me temo, es más que creo que se gasta un aire de guru-padre-predicador que no..., no... pero reconozco que transmite buena energía.
Y hoy arrastro los cansancios y las nostalgias de tanto danzar nocturno. Menos mal que Misombra prendida de toda esa buena energía -¡lo nunca visto!-, me recita aquello de:

“La mano es la que recuerda.
Viaja a través de los años,
desemboca en el presente
siempre recordando

Apunta nerviosamente,
lo que vivía olvidado,
la mano de la memoria,
siempre rescatándolo.

Las fantasmales imágenes
se irán solidificando,
irán diciendo quién eran,
por qué regresaron.

Por qué eran carne de sueño,
puro material nostálgico.
La mano va rescatándolas
de su limbo mágico.”

José Hierro.