Cualquier día de éstos podré sentarme a comer en El Río de la Plata, más chula que un ocho, y pedir una merluza del Tormes a la gallega con el mismo aire de entendida que cuando pido una merluza del pincho. Más de uno pensará que después de una semana de infarto entre el trabajo y los vaivenes bursátiles, he perdido el tino y confundo la ría de Muros con el Tormes, o persigo un imposible como el amigo Fontcuberta. Pero, no, queridos, nada de desvaríos. Los noruegos van a montar en Ledesma, a la ribera del Tormes —al parecer sus aguas son ideales— , un criadero de rodaballos, lubinas y merluzas. Siempre había pensado que mis pescados favoritos era carne de mar salada, pero no, ya hemos llegado al punto de “sociedad avanzada” en el que los pescados de mar se puede criar en agua dulce; o en el que perros, ratones y gatos tienen la piel y los órganos fluorescentes, de color rojo brillante. La solución del perro lámpara que ilumine mis paseos nocturnos me vuelve loca de contento. Lo podré colocar en el pasillo para no pegarme de bruces con misombra en sus paseos insomnes por toda la casa.
Y por si esto fuera poco, el Instituto Craig Venter en Rockville, Estados Unidos ha logrado crear a partir de elementos químicos el mayor genoma artificial completo de un ser vivo, el de una bacteria, el Mycoplasma genitalium, la bacteria con vida independiente con el genoma más simple. ¡Dios ha muerto! , como bien profetizó el señor Nietzsche un siglo atrás: "El próximo paso va a ser crear las células vivas de una bacteria viva basada en este cromosoma sintético".