Emma B.El diario de una chica de provincias
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema emma. me acuerdo![]() Me acuerdo de las tardes de domingo comiendo pipas en la plaza de los camelios. Me acuerdo de los domingos en la playa, el agua siempre estaba fría y la tortilla siempre ríquisima. Me acuerdo de los interminables domingos lluviosos. Me acuerdo del pequeño supermercado de madera con su toldo de rayas blancas y azules. carta a los reyes magosQueridos Reyes Magos: Después de tantos años de fe callada, de plegarias ronroneantes, de listas insensatas, de creencias sin grietas, siento que la ingenuidad se ha ido a criar malvas. La culpa no es mía, pero a la vista está, los resultados cantan: nada de amores piadores, ni la felicidad a mordiscos –en tragos cortos y por puntos-, los picaflores carceleros acechan con sus pistolas de láseres paralizantes, y, por si fuera poco, los cuervos cenizos han tomado las riendas del planeta con sus augurios de crisis épicas. Este año se acabó. Nada de chupitos, nada de dulces, ni agua para los camellos —quien se cree que, ahora, viajen en avión, bobadas—, nada de limpiar los zapatos nuevos, ni dejar los calcetines en el árbol. Voy a cerrar a cal y canto la casa, tapiar la chimenea, poner rejas en las ventanas. Dejaré sonar el teléfono, desconectaré el router. Y pondré una nota que diga: “Estoy harta de timadores”. ¡Huy! Me olvidaba, tengo que limpiar los botines negros y ponerlos afuera. emma b carta a los reyes magosYa he limpiado mis zapatos. Me ha costado toda la tarde que queden lustrosos, como nuevos. He colocado unos chupitos de scotch, unas sobras de torta para los golosos de oriente y un balde de agua para los camellos. Es mi táctica de camelo para conseguir sus favores. El año pasado, ni caso, no me dejaron ni carbones. Así que un año más repito mi cartita, queridos Reyes Magos, aunque creo que necesita ciertos retoques. Para este año en ocho, rebosante de curvas sinuosas, más que “amores piadores” me inclino por los amores con garras de lobo y piel de cordero, algo así como apasionados corderitos mimosos, en plan ovejita lucera con alma de tigre. Añadiría a la lista una piedra filosofal para cultivar esta cabecita despistada y una colonia que ahuyente a los cenizos, ¡ah! y un angelito aparcacoches que me libre de dar vueltas como una peonza por charricity. bienvenidaA medianoche como la cenicienta pero sin carroza y sin zapatitos de cristal, más bien arrastrada por mis maletas, arribo al dulce hogar quince horas después de salir de la bulliciosa Sousse. El buzón “a rebosá” como los forladys de la canción de Martirio, ¡qué alegría! ¿Alguna postal desde el Tibet de estos novios que bajan a por tabaco y no vuelven? En la primera ojeada en el ascensor la desilusión se implanta en la pata de gallo del ojo derecho, mucha publicidad y ninguna postal, ni el viajante se ha dignado a escribir. —¿Qué me has traído? —Será egoísta tanto tiempo sin verme, campando a sus anchas, y ni un hola de bienvenida. —¿Y a mí, a mí qué...? —Me chilla al oído la araña que se ha descolgado veloz desde su telita del rincón. Suelto la maleta, me quedo muda con cara de Stalin momificado observando como misombra abre nerviosa la bolsa de los regalos, la araña palmotea feliz mientras sube y baja por el hilo plateado y a dúo me cantan: "¡Qué será, será...!" Misombra está tan encantada con la chilaba roja que carga con todos mis bártulos hasta la habitación, y la araña se ha subido al dátil dispuesta a tragárselo de una sentada. Hogar, dulce hogar. y mordiscos¡Estoy que muerdo! La tengo todo el día pegada a mi trasero, sin tregua ni para comer. Cansina y gritona a más no poder: perezosa, dejada, vaga..., y lo último: atorrante –¿habrá ido al concierto del dúo Sabina/Serrat?—. Hoy se la he jugado: no he comido en casa y luego sesión de cine en un intento de que “La suerte de Emma” me roce, aunque sea de refilón y me pase una pizquita de buena estrella. Pero no..., no es mi día. La suerte de mi tocaya es como el destino: paradójica, sí el azar le proporciona el amor pero... . Ya se sabe: Dura poco la alegría en casa del pobre, y mi Emma acaba triste cuidando sus cerditos en la granja de Pin y Pon, pero contenta –otra vez la paradoja—, lo siento no quiero desvelar el final. Es una estupenda película alemana, dramática pero sin sensiblerías —me gustan los dramones alemanes de esta última época—, con la muerte en los talones, la soledad en el blanco de los ojos y el humor en el sillín de la motocicleta. Cuando abro la puerta Misombra se abalanza y me sacude rabiosa con el palo de la fregona. “¿Dónde has estado todo el día zángana?”. Escurro el bulto y me encierro en el baño. Apago la luz hasta mañana. estupor![]() Esta madrugada un temblor de ráfaga sacude mi cama. Me despierto y el móvil tiembla excitado a los pies de mi cama, las pequeñas garitas de escayola blanca me saludan con titubeos. Cuatro pardales resguardados en el alfeizar de la ventana piaban desconsolados temerosos de la noche cerrada. “Otro terremoto, esta vez más cerca. La tierra se agita”, pienso sin mucho interés, con las legañas pegadas a los ojos. Media vuelta, estiro el camisón, y me agarró al osito dormilón. Tres segundos más tarde una nueva sacudida más fuerte estremece mis hombros y una voz afilada me grita al oído: —Buenos días perezosa. Que estás hecha un gandul. Pero que te crees... ¡Zángana!..., más de quince días sin pegar palo al agua, sin escribir ni una frase, ni una cita en la agenda. ¿Pero qué te has creído, niña! Misombra ha saltado del altillo del armario y me arrea capirotazos sin compasión. “Por favor déjame dormir, todavía es noche. Es muy temprano, ni tan siquiera tengo los dedos puestos”. Balbuceo con desidia. —¡Pendón! Todo el día entre parientes, novios, tumbona, amigos, comidas, libros... Menuda vaga. Hasta aquí hemos llegado. ¡Qué hace otra vez aquí! Por dios que se marche no soporto su olor a cerrado y ese griterío de loca desenjaulada. ella duerme![]() Tengo un silencio blanco que duerme bajo mi almohada, un arrumaco picante entre las plumas del edredón, un abrazo especiado en el bolsillo del pijama, una caricia muda debajo del colchón, un sueño que deja cenizas en los labios. eternamente niña 9/2/07![]() Aire en el estómago, piedras en las manos, chispas en el corazón. lunes juguetón¡brrr! El frío rugoso de la mañana. carta a los reyes magosQueridos Reyes Magos: Soy una chica de provincias, vivaracha y algo ingenua. Sí, ya sé que esto es un imposible, pero de todos modos vuelvo a insistir un año más: quiero pediros un año de amores piadores, la felicidad a mordiscos, los amigos a bandadas y una cabeza a pájaros. También, quiero que me libréis de los picaflores que me quieren en una jaula, y de los buitres carroñeros siempre al acecho. ¡Ah!... y, por supuesto, los cuervos cenizos: nunca más. ¡Huy! me olvidaba, también quiero alpiste a mazo. Un beso con alas. emma b la venganza de madame butterfly![]() El sábado eran dos lindas mariposas, que correteaban revoltosas por el pasillo, con las alas color parduzco salpicadas de manchas negras y dos ligeros toques naranjas en la cola –o lo que sea-; eso, sí, estaban lejos de los radiantes ejemplares de aterciopelas alas blancas o vivaces colores. Pero, aún en su sosería eran una novedad. No molestaban. Ahí andaban jugueteando por el pasillo, de la cocina al baño, revoloteando entre los pliegues de las cortinas. Me observaban con gesto paciente desde la tapa del giradiscos, sin perder detalle de mis conferencias telefónicas a larga distancia. La más atrevida enfiló las antenas desde el espejo del baño para clavarme una templada mirada de compasión, mientras me lavaba los dientes. El domingo por la tarde, parecía que habían convocado al resto de la parentela y que el clan noctua pronuba al completo acudía a la llamada, dispuesto a pasarse una temporada vacacional en este resort fresquito, en primera línea de calle al lado del botánico de mi balcón. Aquel conclave de mariposas ya no era tan gracioso, demasiada gente a mi alrededor: montando guardia en las esquinas, dormitando en el microondas, tres de tertulia en la bañera, y las más viejas a la fresca entre las hojas de la violeta. Movías la almohada y allá saltaba una directa al foco del techo. “Eso sí que no, en mi cama nada, queridas... Lo que faltaba”. Conseguí arrastrarla por los pelos lejos del tálamo, y me enterré en vida durante toda la noche. Ahora tengo el parquet plagado de cadáveres, camino de la cocina al sofá entre crujidos del polvo y esqueletos que se resquebrajan bajo las chinelas. Con lupa analizo los últimos estertores de esta pequeña que me saca la lengua y abre sus ojos azules como platos antes de caer despanzurrada. Y la casa sigue cerrada a cal y canto. la compraHe necesitado todo un domingo para recuperarme de la hora larga de sábado mañanero en Carrefour, y eso que mi lista de la compra era escueta y un modelo de organización temática: fruta, verduras, pescado... Gracias a la nube de música orquestal, los aspavientos de los reclamos megafónicos: “Señor García acuda a información” —¿Tan sólo un García en todo el hiper?—, y el barullo ambiente de toda la tropa de hambrientos con los carros cargados hasta el más allá, empecé a sufrir un aturdimiento general que me recordaba esos ciegos obnubilantes del hachís en los que, como decía el señor Baudelaire, el simple hecho de entrar en la farmacia y pedir un remedio resulta una tarea ingente y penosa. Como no dominaba el mapa del hiper, después de traspasar la barrera metálica, me sentía vagando sin rumbo en megalópolis con tráfico de hora punta. Menos mal, que mi cabeza, que tiene un ojo clínico acelerado, más rápido y acertado que mis ojillos, acabó tomando el control de mis pies y me dejé llevar. Pegué el post-it con mi lista en la barra del carrito y me sentí entrar en el mundo feliz de rellenar el carro sin sobresaltos. Pero..., perdí el turno en la pescadería por atender al mismo tiempo el pesaje de cuatro manzanas y echarle dos tejos al alemán que se debatía entre los tomates cherry o en rama. Después del desliz, milité en la pescadería hasta que llegó mi turno: ”Una dorada, por favor”. “¿Qué le hago?”, me preguntó una recia morena con voz de sargento rusa. En blanco, me quedé en blanco. En un segundo todas mis horas de Ciencias Naturales desfilaron por mis conexiones cerebrales tratando de recordar la anatomía del pez. “Pues... Humm..., las... escamas, le quita las escamas, las agallas, las aletas y la cola, pero NO la cabeza. La cabeza no se la quite”, le remaché —qué manía de descabezar el pescado tienen en esta villa—. Al fin libre, tenía tachado el 99 por 100 de la lista, sólo me faltaba la piña en lata. ¿Dónde estará? Un error, nunca debí de incluirla en la lista. Encontrarla me costó varias tournées de ida y vuelta por los pasillos, echar mano de la lógica –que no funcionó- y preguntarle a dos empleadas, más otro fallido que resultó ser un cliente, y me lanzó una mirada de “Anda, guapa, tú qué te crees”, que me dieron ganas de contestarle: “Perdón, señor ingeniero” y arrearle una palmadita en el bullarengue. Por una vez tuve suerte: no me tocó la cola de los torpes, y mi trasero y el carrito se deslizaron suaves y ligeros como una Harley Davidson. domingo de ramos![]() “el que no estrena, no tiene manos.” No recuerdo haber pasado más frío en vida que en Domingo de Ramos. Ese era mi domingo favorito. Cuando era pequeña, siempre estrenaba algún modelito pero, la mayoría de las ocasiones, el tiempo no acompañaba al atuendo elegido por mi madre, eternamente fantaseando con un bonito y soleado día de abril. El vestido de flores azules, menudas y saltarinas, repleto de nido de abeja, con la chaquetita blanca de algodón, no daba el suficiente abrigo en aquella mañana húmeda y lluviosa, y los zapatos de charol acababan convertidos en pateras a punto de hundirse con todo el agua que empapaban los calcetines de perlé. Esos domingos, aterida, agitaba con fogosidad la palma, hoja de lanza –una palma lacia y austera sin trenzas ni colgajos cursis-, quizá esperaba que tales aspavientos me librasen de aquel gélido viento que rechinaba entre las costillas y los pulmones. Otros años teníamos más suerte y el modelito de cazadora y falda tableada en mezclilla de franela gris nos tapaba el corazón inquieto y los ojos asustados de tanta palma y rama de olivo que luchaban por arrearle coces al borriquito, que bajaba presuroso las escaleras de la iglesia de San Francisco. Mi estreno favorito fue aquel pichi de pata de gallo verde en paño de lana con un jersey blanco y medias blancas con pompones. ¡Qué delicia! ¡Cuánto abrigaba y qué poco pesaba! cerezos![]() Soy urbana, una chica de provincias urbanita. ¡Qué le voy a hacer! Cosas de la vida. Para campo, con el de mis macetas me voy arreglando. Si tengo mono planto la sillita roja en el balcón, a la sombra de la adelfa, entre tulipanes y geranios, para recitar por lo bajinis al aire de abril aquello de: "Tus ojos me recuerdan las noches de verano. Y tu morena carne los trigos requemados, y el suspirar de fuego de los maduros campos...". Y lista, ya tengo para un mes. Pero esta temporada, andaba yo inquieta, esa dosis de tierra no me bastaba, y eso que el níspero parece que ha prendido después de todo el invierno bajo palio. ¡Todo un logro! Sin pensármelo dos veces me apunté a la excursión de mi floripandi al valle del Jerte para ver los cerezos en flor. Las montañas lucían de invierno en un gris azulado mate reposado. Cerca de las cumbres los cerezos seguían hibernados pero en las laderas, desde el fondo del valle, de blanco reluciente los cerezos con sus flores níveas y lozanas cercaban al invierno y nos presagiaban el dominio de la primavera. Claro que, en tiempos de movimientos de masas, lo que prometía ser un día de mantel a cuadros y tortilla se convirtió en rebaños de niños por doquier, reatas de autos, atascos y sobredosis de ropa deportiva; con la honrosa excepción del esbelto guardia civil enfundado en su ajustado pantalón verde alfalfa y sus botas negro zaino bien calzadas hasta la rodilla, sólo le faltaba el famoso tres cuartos de cuero marrón. ¡Uhmm...! ¿Quién habrá inventado ese uniforme? Todo un hallazgo. Bueno, que me pierdo. Como nosotros ayer, los japoneses celebran la floración de los cerezos con el festival del Hanami. A la sombra de los sakura –cerezo en japonés-, se reúnen las familias y amigos y comparten los alimentos que todos aportan para celebrar la vida. Para los japoneses, los sakura representan la belleza y delicadeza, lo efímero de la vida humana ya que las flores bellas y sencillas viven muy poco tiempo en el árbol. En la antigua tradición Samurai, la flor del cerezo representa la vida del Samurai, dispuesto a morir por su señor, y antes que ver su nombre deshonrado por incumplir alguna de las normas del bushido. De vuelta a casa, empachada de sakuras y con los grises y blancos abarrotando mi retina, recordé a Yukio Mishima, que utilizó el harakiri –ritual legendario de los samurai- para suicidarse, mientras saboreaba un delicioso bombón relleno de higo, delicatessen de la tierra del Jerte. lunesito cruel
bronquitisEs lo bueno de estar enferma, puedo quedarme en la cama todo el día sin que Misombra me atize con el látigo. Ya se sabe las sombras tienen un punto de sacrificio cristiano que siempre da la lata. Bueno, enferma, enferma..., enferma de mentirijillas. Un poco enferma, claro, pero sin necesidad de zurrarse a opiáceos para esquivar el dolor. Un algo enferma con los bronquios atascados, con este peso de hierro en el pecho a suerte de angustia opresora que te devuelve al vacío existencial en la más pura línea sartriana. Una pizca de enferma: molido el espinazo, afogada la cabeza y estrellados los miembros. Un pellizco de enferma para recostarme entre almohadones, sorber los mocos, aspirar con fragor el "sinus" y pasar de un libro a otro toda la mañana recortando en los vahos la chispa de las palabras -única compañía en este día de niebla atascada y cencellada radiante-: "Era una mañana helada de febrero, y a través de la ventana se veían los campos nevados y al fondo la hilera de álamos en el río" Hoy no he ido al cole, pero tampoco he comido pescadilla cocida. carta a los Reyes MagosQueridos Reyes Magos: Soy una chica de provincias, vivaracha y algo ingenua, aunque sólo me las dan con queso cuando me dejo. Sí, ya sé que esto es un imposible nada más; de todos modos quiero pediros un año de amores piadores, la felicidad a mordiscos, los amigos a bandadas y una cabeza a pájaros. Quiero que me libréis de los picaflores que me quieren en una jaula, y de los buitres carroñeros siempre al acecho. ¡Ah!... y, por supuesto, los cuervos cenizos: nunca más. ¡Huy! me olvidaba, también quiero alpiste a mazo. Un beso con alas. Emma B. vuelo al solEs curiosa la fuerza de las supersticiones. Vuelo Barajas - Tenerife Sur, martes 13, asiento en la fila 13, un disparo me recordó: “no te cases, ni te embarques”. No me perdí ni una coma de las explicaciones de seguridad que tan clarito nos emitía una pantalla dos filas más abajo. Lapetarda pide un benjamín y duerme la borrachera. La razón se impone: anochece a 50º bajo cero y la línea del horizonte se ha transformado en una franja de colores encandenados: rojo sangre de toro, azul amanecer, naranja sabiduría, azul china. La mujer batidora nos subió hasta la casa de mi querida LA, por la autopista a mil por hora y sin dejar de hablar del accidente mortal de esa mañana en la salida de Fañabé. Encierro los sueños entre atrapasueños lakotas colgados de las ventanas. Desde que he llegado no tengo más que pesadillas. en casa Cuando volvimos, la casa respiraba a incendio de rastrojos, y cenizas de romeros en brasero. Las hierbas resecas crecían entre los cojines del sofá, y un hongo gris sombrío escalaba la pared de la cocina. Lapetarda lucía un moreno zaíno más del tipo estar colgada al sol en el tendedero –cual sábana al clareo- que de pingo nocturna. Al vernos llegar con las maletas, los paquetes de patatas y pimientos, las cajas de vino y aguardiente, y con nuestra piel de blanquitas al aire de un crucero por los fiordos, clavó sus ojos en Misombra y se justificó atentamente:—Es la operación asfalto de tu querido Alcalde, me tiene negra. Y con tanta “conversation” con los guiris no salgo de las terrazas. —¡Vaya, dominarás el inglés? —No te creas..., algo más sí, pero me ha dado más por el chino y mañana he quedado con Omar para empezar con el urdú, creo que no es tan difícil, y son los idiomas del futuro. —Ya... un verano exótico, el tuyo —le replica burlona Misombra. —Chica, lo que te da de sí el turismo cultural, y sin moverte de casa. galiasAhora Lapetarda dice que no, que no se viene al fresco de las galias, que aquí hay muchos guiris, que aún le quedan por conocer dos contactos del meetic —el último de Ávila, un descubrimiento—, y allí no se le pierde nada. Misombra me guiña un ojo, sacude el martini, y le contesta: —Pues aquí te quedas, guapa, a ver si te pilla de uno de estos reventones y puedes darte unos bañitos playeros. Nosotras sacudimos la pereza, planchamos el bikini y limpiamos el polvo al montecristi dispuestas a comernos 400.000 metros de asfalto en una mañanita soleada de domingo. el regresoEstoy fregando la loza acumulada en el fregadero, oigo el tintineo de las llaves en la cerradura. Ahí está, ¡ella que vuelve! ¡Uff! la temo. Escucho sus pasos cansinos. En el quicio de la puerta la silueta derrotada de mi sombra me mira con ojeras de varias noches, arañazos en los brazos y un par de moratones, y su piel blanca cetrina gastada después del sobeteo nocturno. Nada nuevo. Sin embargo sus ojos brillantes la delatan: sí, ha saboreado con fruición el deseo... —¡Hola! no aguanto más, me voy a dormir. Te dejo una entrada para Elliot Murphy. No puedo preguntar, ni asentir, ni reñir, esta imagen me paraliza y hace enmudecer. La dejo marchar, no quiero saber nada, no quiero detalles, ni confidencias, ni cotilleos, un silencio opaco entre el fregadero y la puerta. Mi sombra nos dejó plantadas como quién baja a por tabaco y ahora vuelve para cuidarse los golpes, recordar y soñar en la cuna. Aunque la petarda usó su colonia, su precioso abrigo fucsia y sus pendientes pulpo, y yo he devorado su correspondencia amorosa, si se entera nos cuelga. día a díaUn viento helador con ráfagas de un batir de alas, y un cierzo de olvidos que alivia la inquietud, y un cielo gris nieve y gris ceniza de los deseos calcinados en la noche conjurada por los ángeles caídos. Lunes Azul brillante y transparente en la esquina de un cielo doméstico, y gris azulado en el cielo acristalado de una despedida arada con ráfagas de palabras y gestos comedidos esparcidos por el viento helador, que insiste en ofrecernos bucles de cabellos rojizos enroscados en la duda de la mañana. nostalgiaMe acuerdo de aquel tipo de pantalones rojos que, en las galerías Viacambre, me agarró de la mano y me preguntó: ¿Nos vamos? Y me fui con él. Me acuerdo de la envidia que tenía de mis amigos cuando subían a los tejados de la Catedral, y del vértigo que me daba sólo pensar en verme en aquellas alturas. Me acuerdo de aquella conmovedora carta de amor que B me escribió, y que rompí en sus narices después de leerla. Me acuerdo del edredón de flores amarillas y verdes de G, y de un espejo colgado encima de su cama. Me acuerdo de mi amiga M que nos contaba que su novio GT se daba cabezazos contra la pared cuando ella lo sacaba de quicio. Me acuerdo del silencioso enamoramiento de RF. Me acuerdo del baño templado con que B me cuidó aquella mañana, y de que cerré la puerta al salir de su casa, y me dije nunca más. Me acuerdo de R ayer en el concierto de Lali Puna, me gustó verle. No me acuerdo de cómo conocí a R, ni de la mitad del concierto. No me acuerdo del nombre del tipo de los pantalones rojos, bueno me acuerdo del alias, Onofre; además está muerto. congelado Plaza de los Toreros, 9:00 am, -11 ºC, un airón gélido acartona mi carita sonrosada, casi ni respiro no vaya a ser que una astilla de hielo se cuele por las fosas nasales y se clave en mi achacoso corazoncito. La cueva, 7:00 pm, 22º C, no consigo olvidar su silencio, ni sus nopalabras, ni su querer encogido; arrugo su nombre en un papel helado y lo entierro a dormir el sueño del congelador. Alamedilla, 9:45 pm, -2º C, la escarcha de noche, blanca bajo raso negro, chispea como estrella fugaz. La camita, 11:58 pm, 25 º C, ya respiro, ya la memoria borra el silencio y el olvido; los sueños y su querer hibernados como Walt Disney. fotos A veces una imagen, nos deja fríos, no sabemos muy qué nos pasa con ella, si nos gusta o no, si es lo que esperamos o nos defrauda… Y luego, tras agitados sueños nocturnos, esa fotografía cobra vida, se fija en nuestra mente y ya no podemos apartarla. Vuelve una y otra vez como las mareas, con una fuerza inusitada, persistente… Es vívida, luminosa y real. Es aquel cromo que llevamos persiguiendo desde nuestra infancia. (la preciosa foto es de Peter Saville) divorciadoTras la primera sonrisita, me dije: “Nena, esto no es normal”, la curiosidad, el morbo me picaban desde el principio. Qué clase de tipo con 67 añejos tenía la osadía de poner semejante anuncio discreto, algo cursi, sí, pero en un periódico serio, de centro-izquierda, de tirada nacional, y en una página que no es para contactos. Un clásico forrado, no hay duda, me respondí, y algo atrevido –bueno, tanto como esto no sé...-. Y desde el primer momento me vi envuelta en la pregunta del millón: ¿Le escribo? yo, una chicuela de provincias, algo seca y ajada por el frío. ¿Estaré a la altura? Porque ahí, ahí se huele pasta. Como sin querer la cosa comencé mi cartita al “Cortina” de turno... Una carta con estilo, funcional y escueta: “Licenciada..." pero no conseguía terminarla, hay algo en ese tono que no me va... Ya el jueves, harta de darle vueltas, me decidí y rebobiné a por una nueva, más yo, mas traviesa...; pero no sé... me desconcierta el anuncio. Qué le puede ir a un tipo que busca una “mujer básicamente buena, sencilla y a ser posible cristiana”, y me topaba de bruces con el vacío existencial. En un arrebato de viernes eufórico acabé mi cartita mezcla de ambas y corta, corta... Y ahora, si me contesta ¿qué me pongo? 6/01/2005Nada, de nada, se ha terminado la campaña navideña, y nada. Mis últimas esperanzas se han consumido este fatídico 6 de enero. Nada, de nada, ni carbones. ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Ni tan siquiera un mísero carbón. Primero colgué mis maravillosos calcetines de rayas del engalanado arbolito. Aquella noche casi no dormí, volvía a sentir aquel nerviosismo infantil olvidado. Por la mañana la tremenda desilusión; el tarado de Santa Claus había pasado de largo, ni asomarse, allí en el arbolillo seguían solitos mis calcetines amarillos. Luego pensé en fin de año. Sí, esa es la fecha. Me pondré una linda "lingerie rouge" y el año nuevo me traerá un regalo apasionado. Amanecí entre las resacas de año viejo. Nada; de nada sirvió la “lingerie”, ni romper la copita de champán contra el suelo –a lo ruso-. Todo en vano. Ni un regalo, ni una sorpresa. Ya solo me quedaban los Magos de Oriente. Bueno, ellos son más nuestros, pensé. Sí, ellos no me defraudarán. Y encontré la foto con el Rey Melchor: yo con cara de asustada y mi hermano tirandole de la barba. Y recordé las noches de reyes –siempre impacientes y excitados, esperando sus regalos—: las apariciones de mis tíos disfrazados de Reyes Magos, la preocupación por dejarles dulces y bebidas a los Reyes, los zapatos relucientes delante de las puertas de las habitaciones, las preguntas sin respuestas a tanto reparto de regalos por un mundo tan enorme. Esta mañana abrí el medio ojo que logré cerrar esa noche de inquieta espera. Nada, ni rastro, ni un caramelo de los miles que tiraron durante la cabalgata. Nada. Allí seguían mis “farrutx” , impecables, esperando... hoyHoy no es un buen día. Los sueños no tienen memoria en este día gris, pero sí recuerdos sin presencia. Los laberintos acechan el día como guardianes insomnes. La lluvia fina estancada en los poros de la piel, como agua sucia desprende olor a muerte y miedo. No hay lágrimas de consuelo sólo lluvia en los charcos. Si tan solo pudiese llorar un segundo, escupir una palabra, deshacer un gesto y echarme a dormir. el deseoMi cuerpo hundido en tu regazo. Perdida en el pozo de tus besos persigo el deseo. Ahora sola en la noche busco los recuerdos, busco tenerte de alguna manera, en un suspiro, en el aire, entre los dedos. bamboleoParece que mi vida se ha vuelto un constante bamboleo, y todo oscila de los fragmentos a las burbujas. De los fragmentos de tozuda realidad a las burbujas de los sentimientos. Así entre burbujas y fragmentos vamos matando el rato. Hay burbujas blancas de cristal transparente que suenan a noche, y burbujas de sol invernal que templan el alma. Hay fragmentos instalados en el cotidiano transcurrir, como parásitos aferrados a la piel de una ballena, que nos someten y se alimentan de nosotros. El norte frío La mañana soleada prometía hacer sentir ese calorcito en la piel. El azote de un norteño viento helador me devolvió a la melancolía dominguera."Ella pensaba que había terminado con todas las traiciones, las bajezas y los innumerables apetitos que la torturaban. Ahora no odiaba a nadie, un crepúsculo confuso se abatía en su pensamiento, y de todos los ruidos de la tierra no oía más que la intermitente lamentación de aquel pobre corazón, suave e indistinta, como el último eco de una sinfonía que se aleja." Gustave Flaubert, Madame Bovary. |