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Emma B. El diario de una chica de provincias

delicias con escarcha

palabrasss


Es tradición en La Armada Española que “las borbones” amadrinen portaviones y corbetas; yo como no soy Borbón y, además, vivo en provincias, he de contentarme con algo más discretito, como las lindas palabritas en riesgo de extinción. Sin dudarlo, me he anotado a la convocatoria de escuela de escritores.com y me he hecho madrina de varios palabras juguetonas y evocadoras:

Monería: me lo decía mi abuelita, me lo decía mi mamá.

Trapisonda: porque me recuerda a los tebeos que leía de las hermanas Gilda, de Mortadelo y Filemón o de Rompetechos.

Repulgo: palabreja incluida en el refrán favorito de mi jefe: “no se va la manta por el repulgo”.

Creo que con tres ahijadas ya tengo bastante, como diría mi amigo Isi ¡niña no seas avariciosa! No sé... como no tengo padrinos, ni “afillados” a los que dar la pascua, puedo permitirme otras dos más, tal vez.... uhmm! Ya sé, éstas dos pobres que la RAE ha propuesto para suprimir del diccionario por franco desuso:

Alfonsearse: burlarse de alguien en tono de chanza.

Atraquina: atracón.


¡Niño!, no te alfonsees de mis retortijones que estoy a punto de reventar después de la atraquina de percebes.

el postre

Después de una semanita de pasión, con más fresquito del deseable, atascos de viacrucis, sin torrijas ni capirotes, con un mochuelo oteando desde la cerca de Doñana, flamencos a miles, y el olor de azahar en las plazas y recodos; la vuelta mis lides diarias me ha deparado una sorpresa tan golosa que voy camino de atracarme sin mover los carrillos. Si es que... ¡los tiempos avanza que es una barbaridad! y quién lo diría, clavadita a mi TFT puedo ojear un sin fin de semanarios, periodicuchos, revistillas, editadas en España desde el año 1772 hasta 1933 que la Biblioteca Nacional ha colgado en su hemeroteca digital. Uno de mis favoritos es El Tirabeque. Periódico semanal, satírico–político–burlesco, y algo más, publicado allá por 1870 en plena vorágine del sexenio revolucionario —cuando Prim andaba a la caza de un príncipe que gustase en reinar en un país dominado por la inestabilidad política—, que no se cortaba en repartir a diestro y siniestro.


"—¿Sabe su mercé que el ministro de la Desgracia y la Injusticia está tan delicadillo que le han mandado los facultativos guardar cama por algunos días?
—Esas son las consecuencias de la excomunión
—¡Quiá! Lo que le pasa á ese caballero ministro, es que debia de purgarse muy a menudo, pues todavía no he visto á un progresista que no padezca del estómago.
[...]
—Y Prim, ¿qué hacia?
—Ese se me figura que estaba viendo la Manifestación entre bastidores, ó examinando una ametralladora ó dos, que ha tenido el capricho de comprarse con nuestro dinero para mas tarde convertirnos esa plata en plomo, y metérsela en el cuerpo al lucero del alba que le diga buenos ojos ojos tienes...
—Tirabeque, esas armas serán para los carlistas.
—Si ya no queda más que media docena de curas que se van á enviar como regalo al emperador de Guinea, metidos en una jaula de hierro, y con collar de cascabeles y campanillas al pescuezo para que piensen en la Resurrección y en Pascua Florida..."

El Tirabeque. Año I. Capillada IV. 11 de septiembre de 1870.

marianne faithfull


Antes de la guerra, bajo las doradas molduras románticas y la araña de cristal del salón de baile del Círculo de Bellas Artes, las jóvenes aristocráticas madrileñas seducían con sus bailes entre un fru-fru de sedas y tules; el sábado pasado la hija de la baronesa von Sacher-Masoch, Marianne Faithfull, sedujo a la concurrencia con su voz cruda y profunda y sus intensos ojos azules, a pesar de la blusa cursi de señora inglesa de vacaciones en Benidorm.

Con un cuarto de hora de retraso, sin probar sonido y con un "focking cold", MF comenzó su primer concierto en Madrid, después muchos años, como una auténtica my lady: "Thank you ladys and gentelmans...". Un concierto intimista, cercano —más de sentados que de pies y con el cuello al límite de la distensión— en el que cantó dieciséis temas de su larga carrera: desde As tears go by —la primera canción escrita por Jagger y Richards— con una voz cargada de autodestrucción y noches al relente en las calles del Soho, nada que ver con la inocente y modosita de los años 60; Vagabond ways; Love & Money, Something Good de su album Kissin Time; a Crazy love del señor Nick Cave, de su último disco Before the Poison. Solo faltaron algunos de sus temas de Bertolt Brecht y Kut Weill, una pena!

My lady con sus 61 años, sus kilos, su cáncer a cuestas y su tatuaje de mano, vibraba feliz en el escenario, parloteaba, agradecía los piropos, se acercaba al atril y con elegancia se ponía las gafas de ver entre canción y canción, bebía té y sorbos de agua que rodaban mentón abajo, rebosaba energía, generosa, como sólo los supervivientes saben hacerlo. Un único bis, el maravilloso Don't forget me de Harry Nilsson.

calle compañía

calle compañía

La calle Compañía es mi calle favorita: solitaria y mojada en el amanecer de un domingo de Agosto, oscura y fría en las noches de Enero. Uno día de éstos, sobre la puerta metálica de un pequeño armario empotrado en uno de sus muros de piedra, un grafitero anónimo ha pintado la silueta de El Principito y esta cita de uno de mis libros favoritos:
“Lo esencial es invisible a los ojos”


"—Adieu, dit le renard. Voici mon secret. Il est très simple: on ne voit bien qu’avec le coeur. L’essentiel es invisible por les yeux.
—L’essentiel es invisible por les yeux, répéta le petit prince, afin de se souvenir.
—C’est le temps que tu as perdu pour ta rose qui fait ta rose si importante.
—C’est le temps que j’ai perdu pour ma rose... fit le petit prince, afin de se souvenir.
—Les hommes ont oublié cette verité, dit le renard. Mais tu ne dois pas l’oublier. Tu deviens responsable pour toujours de ce que tu as apprivoisé. Tu es responsable de ta rose...
—Je suis responsable de ma rose... répéta le petit prince, a fin de se souvenir."

Le Petit Prince. Antoine de Saint –Exupéry.

piropo

En un país lejano y lluvioso, había una vez un novio bajito de cara afilada y perfil recortado, que siempre usaba una bufanda a rayas y sólo sabía decir un piropo: “Eres como un cronopio”.

No sin trabajo un cronopio llegó a establecer un termómetro de vidas. Algo entre termómetro y topómetro, entre fichero y curriculum vitae.
Por ejemplo, el cronopio en su casa recibía a un fama, una esperanza y un profesor de lenguas. Aplicando sus descubrimientos estableció que el fama era infra-vida, la esperanza para-vida, y el profesor de lenguas inter-vida. En cuanto al cronopio mismo, se consideraba ligeramente super-vida, pero más por poesía que por verdad. A la hora del almuerzo este cronopio gozaba en oír hablar a sus contertulios, porque todos creían estar refiriéndose a las mismas cosas y no era así. La inter-vida manejaba abstracciones tales como espíritu y conciencia, que la para-vida escuchaba como quien oye llover tarea delicada. Por supuesto la infra-vida pedía a cada instante el queso rallado, y la super-vida trinchaba el pollo en cuarenta y dos movimientos, método Stanley-Fitzsmmons. A los postres las vidas se saludaban y se iban a sus ocupaciones, y en la mesa quedaban solamente pedacitos sueltos de la muerte.


Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar,
pero piensa que es una crueldad inútil
y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume, y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz.
La flor piensa: “Es como una flor”.

Historias de cronopios y de famas. Julio Cortázar.

john cale 5/2/07

Con la mayoría de los músicos, sucede que cuando voy a un concierto ya tengo una idea clara de lo que voy a escuchar; pueden tocar un repertorio u otro, tener mejor o peor día, un grupo de lujo o de saldillo, pero hay unos pocos con los que una nunca sabe muy bien qué sucederá, si tendrán la noche romántica o la temporada zen y cenaremos suave, les dará por ponerse estupendos y derrochar experimentación de la que raya al tercer tema, o gozarán de un día soleado y marchoso. A esta calaña de músicos pertenecen los colegas John Cale y Lou Reed.

Ayer Cale nos dejó estupefactos antes de comenzar el concierto cuando el rizos moreno, de labios sonrientes y carnosos, nos avisó que, a pesar de ser tarde de domingo, no esperásemos veladas intimistas, ni sones recogidos, que éste sería un concierto diferente, de rock & roll y, además, sir John Cale nos quería cerca, de pie y bien pegados al escenario, y nada de fotos, al primer flash suspendía el concierto. Los primeros minutos no reaccionamos, seguimos clavados a las butacas, atónitos. El rizos volvió a insistir, que podíamos levantarnos y acercarnos al escenario, que no estaba prohibido. Después de frotarnos los ojos, reaccionamos y rass! en huida hacia delante arrimados a pie de escenario. A dos palmos de narices, he tenido a sir Cale todo de negro, pelo blanco con mechones granate claro, ojos mini, azul cielito casi imperceptibles, y algo barriguitas.

Y comenzó la sorpresa de la temporada, hora y media larga de concierto con canciones ariscas y guitarreras de su época en la Velvet Underground o de su larguísima carrera en solitario, o más suaves e ingenuas, incluso con una versión del Heartbreak Hotel de Elvis Presley; but only r&r para bailar queridos.

más cine

más cine

“Luces al atardecer", de Aki Kaurismäki, es la historia de un guardia de seguridad al que seduce una rubia gélida y malísima con el único objetivo de robar una joyería y cargarle el muerto. Emociones contenidas a punto de explotar, paisajes desolados, frío sin nieve, pocas palabras, dos claveles rojos y soledad. Un Helsinki como nunca imaginé. Y los tangos cantados por Gardel; un tango para comenzar: “Volver” y otro tango para terminar: “El día que me quieras”. Un perro escuálido y abandonado. Y un magnífico arranque: el repaso de la historia de la literatura rusa que nos dedican los obreros rusos que salen del trabajo; de lo mejor.
Es lo que tienen los nórdicos, tan jodidamente poéticos en su desierto helado!




de profundis

“Toda obra de arte es una profecía cumplida. Porque toda obra de arte es la conversión de una idea en imagen.”
De profundis. Oscar Wilde.

"El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo solo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo."
Pablo Neruda

un día

“Hoy he colocado cuatro veces los cepillos de dientes bien. He subido la persiana de mi cuarto, había un pétalo rosa en el balconcito y he recolocado los cepillos de dientes. Ahora todos miran al frente, alineados, uno junto al otro, pegados, la pasta en el centro, mirando al frente. Los he colocado y he vuelto a mi cuarto, he bajado la persiana y de nuevo la he vuelto a subir.

Por fin.
Se ha ido el pétalo.”
Alejandra Vanessa.

sesentas

Siempre me encantó esta canción, y el bombón andrógino "little Joe" Dalessandro.

confusión

Uno de mis recursos para no pasarme el invierno encerrada al calorcito de la lumbre es el teatro. Ayer, con mi atrezzo de princesa de la estepa rusa, después de cenarme un abisinio, y con los labios salpicados de azúcar, me acerqué al liceo para ver la “exitosa” obra de José María Pou, de la que sólo sabía que era "muy divertida, aunque con una temática muy seria: la confusa naturaleza del amor" —con lo que seguía confusa, la verdad, menos mal que me queda mi intuición—. La cabra o ¿Quién es Sylvia? es una obrita de teatro convencional, con sus tres actos y sin efectos especiales que, aderezada con unas raspas de teatro del absurdo, baña en comedida un tronquito de tragedia sentimental cruda y disparatada. Es provocadora; palabras ágiles y despiertas, diálogos cínicos y agudos, te atrapan poco a poco; envuelve en carcajadas la crueldad y el veneno que esconde. Es una historia de amor y cuernos, de un amor “fou”, de ese amor ciego que arrasa con todo, es la historia de amor de Martín y Sylvia. De una Sylvia, que sólo alcanzamos a ver en la última escena, maltrecha y dolorida víctima de una venganza doméstica. Muy diferente de la Silvia de “muslos bruñidos, unos muslos livianos y definidos al mismo tiempo como el estilo de Francis Ponge [...] el fuego le desnudaba las piernas y el perfil, adiviné una nariz fina y ansiosa, unos labios de estatua arcaica [...] Sentí que si alguna cosa deseaba saber en ese momento era Silvia, saberla de cerca y sin los prestigios del fuego, devolverla a una probable mediocridad de muchachita tímida o confirmar esa silueta demasiado hermosa y viva como para quedarse en mero espectáculo”, de mi querido Cortázar, que he recordado en esta mañana de sol lejano y flechas de hielo.
Y, por supuesto, me he acordado de la pequeña Silvia de ojos grandes y pies pequeños.

Ahora, el lunes, toca la apoteosis del Carmina Burana que después de ver los carteles me temo un circo o una mascletá con tanta pirotecnia.

crying men

crying men

En Crying Men, Sam Taylor-Wood compone una mascarada de hombres solitarios con sus 27 retratos de actores –retratos hermosos, sin transgresiones, que recuerdan algunos cuadros famosos-, que bien podría llamarse “el llanto de los héroes”.

Ed Harris de ojos finos, azul agua, piel bruñida por el sol y barba incipiente padece su pena descuidada sin lágrimas. A su lado, unos centímetros más abajo, Sam Shepard, pensativo y abatido en blanco y negro. Arriba cerca del techo, la imponente presencia de Laurence Fishbore nos mira fijamente, con un llanto rotundo y transparente; un surco de lágrimas baja por sus mejillas hasta el suelo. Daniel Craig, un rubio con camisa negra y anillo de plata busca en su mano el consuelo para sus lágrimas. Paul Newman en blanco negro oculta la mitad de su rostro con su mano de número uno, y con el ojo vivo nos mira de lejos, desde la oscuridad del pesar que se oculta a las miradas ajenas; dolor escondido entre las arrugas de su cara. Gabriel Byrne, apoyado en la ventana, nos oculta en su mirada la pena que delata su boca. Forest Whitaker llora desconsoladamente con ojos lavados y boca temblorosa. Sentado en un rincón, Jude Law se abraza a sus rodillas temeroso de mirarnos con ojos afligidos. Benicio del Toro con los ojos cerrados, con el rostro tenso como el de un cantaor a punto a punto de arrancarse el corazón en un quejío. Al fondo de la sala, el retrato luminoso de Robert Downey jr., desnudo, tendido sobre una cama, con los ojos ausentes y la mirada perdida; su calma y serenidad de cristo yacente nos devuelve la calma después del luto.

volar

Lo bueno de volar es que puedo ver las nubes al revés. Desde la tierra se ven lejanas y planas como una fotografía; pero vistas desde arriba pueden descubrirse recovecos, pasillos, montañas y simas de la densidad inconsistente de las claras a punto de nieve. Lo que más me gusta de viajar en avión es despegar cuando el cielo está nublado y llueve, el avión asciende cortante entre una masa de humo compacto, denso y gris. Minutos más tarde alcanza una zona de niebla brillante, luminosa, cegadora, señal de que nuestra ascensión nebulosa va terminando y pronto estaremos bajo un cielo azul, casi añil, más radiante, más frío y más cercano.

chispas!

chispas!

“La noche está estrellada, tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.

“Hoy siento en el corazón un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son tan blancas como mi pena”.

Lejos, muy lejos, más allá de los confines de Orion, unos días atrás, el encontronazo temerario —o, tal vez, el abrazo desgarrado— de las galaxias Antannae nos ha dejado miles de millones de nuevas estrellas en nuestro cielo de Salamanca. Un ir abriendo boca de lo que sucederá cuando nuestra Vía Láctea choque con la vecina galaxia Andrómeda dentro de unos 6000 millones de años.

“Las estrellas de la noche se volvieron siemprevivas”.

"Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais... atacar naves más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir".

—No quiero perdérmelo. ¡Buahh!

el fin del verano

Después de las lluvias de la semana, cuando ya lo creía todo perdido ha vuelto a hacer calor, y trato de aprovechar los últimos días de verano. Los pies sin esfuerzo, ligeros y menudos, me llevan a la ribera del Tormes, a lado del Casino. Muy cerca del falso muelle sobre el río, tumbada sobre un césped poco esponjoso y con los juncos a modo de biombos entre el agua y yo, apuro uno de los últimos cigarrillos que me quedan. Como se notan los días..., son las ocho y media, casi de noche. Las luces del puente de hierro estrechan las farolas en un último abrazo de despedida. Una rata asoma el hocico entre los juncos, calada hasta los huesos se recuesta a lomos de un bote de coca-cola y observa con curiosidad mis alpargatas rojas. Detrás de una bolsa de cheetos aparece con paso corto y desparpajo de paseo de domingo una rata de pelo negro reteñido colgada del brazo de un murciélago escuchimizado y ojos achispados. Las amigas se acercan y saludan con el rabo en alto.
—¡Anda!..., pero que novio más feo tienes —le larga al primer golpe la rata ociosa.
—Sí, pero es piloto —le responde engatusada la rata enamorada.
Del respingo, la rata ociosa me clava el morro envidioso en el empeine de la alpargata roja de ira.

nostalgia

nostalgia

De vuelta a casa, el aire denso y cálido de la calle Compañía seca la capa de musgo que me ha crecido con las lluvias y aires otoñales de Cracovia. De la energía serena y traslucida del patio del Castillo de Wawel, que penetra por los poros con pinchazos de seda, al bullicio chirriante y grasiento de las casetas de feria. Estoy contenta por recuperar el calor, olvidarme del paraguas y de los charcos en las aceras. Durante estos días polacos me entristecía levantarme y mirar aquel cielo gris, volátil por el viento del norte, oscuro de otoño y con las hojas de los castaños de indias cubriendo las aceras y los jardines. Era agosto y ya no me apeaba del paraguas y el jersey de lana. Un invierno infinito por delante.
En unas horas, de las calles de Varsovia amplias y silenciosas a este jolgorio de patio de vecinas, abigarrado y con olor panceta y carne de verano reseco. De las plazas y las calles repletas de puestos flores, con girasoles, rosas de todos los colores, de tallo largo, corto, en bouquet o por cuentagotas..., a las rúas de piedra tostada, sin flores en los balcones. De los coquetos restaurantes de Cracovia, con sus velas y búcaro con flores en las mesas, a este sistema de barra y tentetieso. De las cuevas de jazz de Varsovia o Cracovia en las que músicos inagotables nos deleitaban tocando horas y horas a nuestros bares vociferantes de música enlatada.
Sentía nostalgia del sol en pleno agosto, de los brazos desnudos y de las noches de luna con poca ropa. Ahora, siento nostalgia de las flores en cualquier esquina, del olor de las manzanas que se pudren sobre la hierba mojada de la plaza de Kazimierz, de los músicos apasionados que calentaban las noches de los clubs.

la mujer de rojo

la mujer de rojo

De todas variantes de austrias, borbones y resto de mortales retratados en la exposición, El retrato español en el Prado. Del Greco a Goya, he elegido para llevarme a casa el retrato de Mª Luisa de Orleans. Esa cabellera negra de gitana desparramada sobre los hombros desnudos, la nariz grande y labios de petit-suisse, los enormes ojos negros de mirada lánguida, el vello que sombrea la frialdad de su piel lechosa. El fondo oscuro del cuadro y la marcada androginia de sus rasgos en apasionado contraste con el rojo fulgurante de su vestido y los encajes blancos que bordean el escote palabra honor. Y en su mano un trémulo clavel carmesí desvela un corazón que suspira.

un pastiche veraniego: homero – cortázar

un pastiche veraniego:  homero – cortázar

Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. La cólera canta, oh diosa, del Pelida Aquiles, maldita, que causó a los aqueos incontables dolores, precipitó al Hades muchas valientes vidas de héroes y a ellos mismos los hizo presa para los perros desde que por primera vez se separaron tras haber reñido el Atrida, soberano de hombres, y Aquiles de la casta de Zeus.
Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el miedo herrumbra las áncoras.

—Viejo, que no te encuentre yo junto a las cóncavas naves, bien porque ahora te demores o porque vuelvas más tarde, no sea que no te socorran el cetro ni las ínfulas del dios.

Pues aquél, llegó a las veloces naves de los aqueos cargando de inmensos rescates para liberar a su hija, llevando en sus manos las ínfulas del flechador Apolo en lo alto del áureo cetro, y suplicaba a todos los aqueos.

—¿Qué más quiere, que más quiere?

— ¡Oh Atridas y demás aqueos, de buenas grebas! Que los dioses, dueños de las olímpicas moradas, os concedan saquear la ciudad de Príamo y regresar bien a casa; a mi hija, por favor, liberádmela, y aceptad el rescate por piedad del flechador hijo de Zeus, de Apolo.

—No la pienso soltar; antes le va a sobrevenir la vejez en mi casa, en Argos, lejos de la patria, aplicándose al telar y compartiendo mi lecho. Mas vete, no me provoques y así podrás regresar sano y salvo.

Así habló, y el anciano sintió miedo y acató sus palabras. Cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. El tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

el baile

el baile

“Ofaett”

Compañía Erna Omarsdottir y Damien Jalet

Teatro Liceo, 20:30 h.

Dos cuerpos embutidos en un mono casi transparente nos cuentan una historia de seducción entre dos criaturas ingenuas, que se transforman en gigante o araña con cabeza del hombre elefante, en una danza enredada con gracia y poesía.

la sirenita

la sirenita

“La sirenetta”

Compañía Lenz Rifrazioni - Teatro Lenz.

Teatro de Caja Duero, 20: 30 horas

Los acordes del Happy Christmas esparcen sus burbujas en el fondo del mar. Una estrella de mar dormita sobre duna de caramelos con brillantes envoltorios rojos, dorados y azules que acoge en su seno a la pequeña sirenita cruelmente deforme.

Una noche de tormenta, la pequeña se enamora del Príncipe de los comedores de aire, los humanos, después de salvarlo del naufragio. Por amor, la sirenita sin lágrimas renunciará a sus escamas, su mar y una larga vida sin alma para convertirse en una mujer muda, de pasos ligeros, dolor lacerante y muerte segura.

“Nosotras no tenemos lágrimas por eso sufrimos más”.