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Emma B. El diario de una chica de provincias

delicias con escarcha

matilde

"Son ahora las cuatro de la tarde. Subo al desván para charlar un rato con la araña que hace un par de días descubrí tejiendo en un rincón.

Sé de antemano que no va a ser una entrevista fácil. Las arañas son criaturas taciturnas y perversas que sólo se preocupan de sus cosas. De todas formas, vale la pena intentarlo. Me servirá de ayuda, con toda seguridad, la media botella de vino que acabo de meterme entre pecho y espalda.

Tomo asiento junto a la araña y le pregunto cómo se llama.

Durante los primeros momentos no quiere decírmelo. Luego se lo piensa mejor y responde que se llama Matilde. Tiene una vocecita de contralto. Le digo que Matilde es un nombre germano que significar la que "lucha con fuerza". La araña me pregunta si estoy seguro de que Matilde significa eso y le contesto que sí, que estoy completamente seguro.

-Las mujeres que se llaman Matilde -le explico- son poco frívolas y profundas. Son también esmeradas en su trabajo, pacientes y virtuosas.

La araña se queda un buen rato sin decir nada, pero no por eso deja de tejer. Le está saliendo una red magnífica.

-Si fuese una mosca, no me importaría quedar atrapado en esa red -le digo, para halagarla.

Pero ella continúa callada, sin agradecerme el cumplido. Está pensando en otra cosa."

El canto de las tortugas. Javier Tomeo.

Para la pequeña Matilde que habla por los codos, y que no consigue zafarse de la escuela a pesar de que todas las mañanas le duele el pelo.


I've got you under my skin

Las cigueñas cruzaban veloces el cielo azul recortado por filigranas de piedra y tejados resecos. Era sábado, anochecía. El viento de verano revolvía los cabellos de los músicos en la plaza al pie de la Torre de las campanas, Summer wind. Los músicos de la Bob Sands Big Band y la voz de Pedro Ruy Blas fueron tomando poco a poco la memoria de Frank Sinatra.

El cielo fue tornándose azul cobalto, negro, sin estrellas a lo lejos, nos fueron cayendo Pennys from heaven, Just in time, The shadow of your smile.

El aleteo de las cigüeñas, las carreras callejeras de los bencejos, Fly me to the moon

Rosas rojas ahogadas en manos de mujeres soñadoras, silencio en las sillas, Strangers in the night: ... something in your eyes was so inviting, something in your smile..., escalofrío en la piel.

Farolas en la plaza, la piedra dorada, cielo negro, cruce de miradas, caricias robadas, Dancing in the dark.

Melodías de Broadway, rumor de ciudad, torres caídas, New York, New York.

Los pasos de los rezagados, los curiosos, los desertores, aplausos de viento, miradas de estrellas,My way.

azul


Espero el verano todo el año
y de repente aquí está.
Ella se ha marchado a la playa
y estoy solo aquí en la ciudad.
Siento un ruido sobre el techo
un avión que se va

(ESTRIBILLO)
Azul,
la tarde está muy azul
y se me hace larga.
Me doy cuenta
de que no tengo remedio
sin ti
Y ahora
cogí el tren por los pelos
para ir, hacia ti,
Pero el tren de mis deseos
en mi pensamiento va al revés.

Se parece a cuando estaba en el seminario
hacía tanto sol, hace muchos años.
Aquellos domingos en soledad
paseando por el campo
Hoy me enfado más que entonces,
pero ni siquiera tengo un cura para charlar.

(ESTRIBILLO)
Busco algo de África en el jardín,
entre el laurel y el baobab,
como hacía cuando era niño,
pero aquí hay gente, y ya no se puede,
están regando tus rosas,
no está el león, quién sabe dónde está.

Azzurro. Paolo Conte.Azzurro

dylan

Era una tarde bochornosa, y para colmo el autobús a las puertas del cielo no tenía aire acondicionado. Las dos horas de camino a la finca Mesegosillo en Gredos con el falso tercipleo pegado al muslamen y el sudor a chorros estuvieron a punto de dejarnos sin fuerzas para llamar a sus puertas. Pero el verdecito del prado, la sombra de los pinos y la cercanía del maestro me dejaron compuesta tan sólo como una mujer.

Contra todo pronóstico el maestro, que ya tiene sus años y sus manías: nada de fotógrafos y nada de pantallas al lado del escenario, no estuvo dispuesto a esperar hasta el final, y a eso de las 21,30 horas, cuando todos esperábamos a la señorita Eva Amaral, aparece en escena cual men in black y se lanza con uno de sus clásicos del 66, Rainy day woman, y continua con otra de finales de los sesenta, Lay Lady Lay. De ahí en adelante bastantes del últimos discos, de Modern Times: una alocada Rollin’ and tumblin', y una estupenda Ain’t Talkin, y de todo un poco, country, rock, y mucho rithm and blues. Algunas que te suenan y no sabes si realmente las conoces pero las ha cambiado tanto que te resultan irreconocibles o son de nueva cosecha. Ese es su encanto, sus versiones de sus clásicos como Highway 61, por ejemplo.

Serio como un palo, al mando de los teclados y armónica —nada de guitarras—, no se permitió una palabra durante la hora y media de concierto. Y cuando ya lo dábamos todo perdido, vuelve para los bises, se sienta a los teclados y comienza a puntear aquello de ¡oé, oé, oé,... oé!. Digerida la broma cómplice del míster, el público le sigue a voces con el ¡oé, oé, oé...oé! Atónitas por semejante gesto del impasible, escuchamos de su viva voz la presentación del grupo, incluso de sí mismo –algo dijo de Robert Zimmerman- y nos deja para terminar una versión candenciosa y nocturna de Like rolling stone –una de mis favoritas- para que nos vayamos contentos a dormir. Era la tercera vez que lo veía, la primera que le escuchaba hablar y que tenía semejante gesto cómplice con el respetable. Ya se sabe la naturaleza amansa a las fieras.


érase una vez

érase una vez


Hay días en que uno se levanta y al cabo de 16 horas vuelve a acostarse, con la sensación de que acaba de despertarse, de que nada ha pasado en ese tiempo circular. Sin embargo, ha conducido decenas de kilómetros, el teléfono no ha dejado de sonar, ha comido y cenado, luchado contra las ganas de fumar, escuchado la radio: Solbes recomienda una siesta de 10 minutos, Yves Saint Laurent ha muerto en París. Y otro día, como una sorpresa de cumpleaños, la tarde se vuelve tibia –un buen presagio- y en el escenario de un pequeño teatro cinco bailarines de Accrorap cuentan pequeñas historias que recuerdan los juegos y travesuras infantiles.

“Quand j’étais enfant, je passais mon temps à observer les papillons et rêvais de pouvoir faire un jour comme eux. Je passais mon temps à les attraper un à un, et récoltais sur mes doigts cette poussière que leurs ailes dégageaient. Je me fabriquais des ailes en carton avec trois bout de ficelle et déposais cette poudre magique qui pour moi était la clef qui m’aiderait à m’envoler.... Mais ce fut jamais le cas.”

Ágiles y diestros, elegantes bailan piezas cortas, intensas, depuradas y con su dosis de sorpresa. Pequeños relatos en los que mezclan músicas muy diferentes desde clásica o de acordeón, hasta un corrido o Tom Waits, y danza contemporánea con rap y hip-hop. Con su escenografía minimalista, su máquina del tiempo, y sus bailes embaucadores nos transmiten alegría de vivir. Y uno llega a cama cansado y satisfecho.

corazón

El gitano vaga por su cueva con las tristezas corriendo por el pasillo. A fuerza de noches, ha logrado seducirlas un poquillo, y que tomen el sol en la terraza. Cuando ya les cante, saltarán por la ventana.

Una noche de luna llena, el gitano encontró la tristeza azul tirada en el suelo. Su cabeza había rodado pasillo abajo. Lágrimas de sangre señalaban el rumbo de aquel naufragio. La tomó en brazos. Secó sus lágrimas y la sentó sobre sus rodillas. Ella cerró los ojos y se acurrucó en su regazo. Sin corazón, le cantó todos aquellos deseos que él mantenía amaestrados.

El gitano envolvió la cabeza azul y plantó su tristeza en la maceta blanca. Ahora, sueña despierto un corazón, que haga crecer su amor bajo un cielo gris de lluvia perezosa.

"No. Es mejor comerse el corazón primero. Así no se siente tanto el frío, ni el dolor.

Cuando no se tiene corazón, no hay por qué contenerse. Se puede mirar a la muerte sin temblor. Es el corazón el que nos traiciona, el que nos hace llorar, el que nos hace enterrar a nuestros amigos cuando deberíamos seguir adelante.
Es el corazón el que nos pone enfermos por la noche y nos hace odiarnos a nosotros mismos. Es el corazón el que canta viejas canciones, el que nos trae recuerdos de días cálidos, el que nos hace vacilar ante otra milla que hay que recorrer, ante otro pueblo humeante.

Para sobrevivir al invierno bajo cero y aquella guerra, hicimos una pira con nuestros corazones y lo dejamos a un lado para siempre. No hay casas de empeños para el corazón. No se le puede llevar allí, dejarlo envuelto en un trapo limpio y rescatarlo cuando vengan tiempos mejores.

Cuando se está ante la muerte, deja de tener sentido la pasión por la vida; hay que abandonar la pasión. Sólo así se puede sobrevivir."

La Pasión. Jeannette Winterson.


sans adieu 1, 2, 3


216 RENE LALIQUE Four perfume bottles:

"Sans Adieu" for Worth in green glass, c. 1929,


"La Renommee" tester of clear and frosted glass for D’Orsay, 1922,


"Le Temps Des Lilas" for Houbigant of clear and frosted glass, c. 1922, and a small bottle for Coty enclosed in a metal case.

la huida

"Cuando me tumbaba en el cama y trataba de pensar en ella, mi cabeza se quedaba en blanco. No podía verla. Y entonces sacaba sus fotografías y las miraba. Nada, no había nada que hacer. Era como si no la viera. ¿Puedes imaginarlo? (...)

—Pero un pedazo de cristal inesperado en la acera, o una canción de moneda en un gramófono automático, una sombra en una pared por la noche, y recordaba. A veces eso ocurría por la calle y yo me echaba a llorar y me golpeaba la cabeza contra un farol. ¿Me comprendes?

—Un trozo de cristal... —dijo el chico.

—Cualquier cosa. Daba vueltas por ahí y no tenía poder sobre cómo y cuándo recordarla. Uno cree que se puede poner encima una especie de blindaje. Pero el recuerdo no viene al hombre así, de frente, viene por las esquinas, dando rodeos. Estaba a merced de todo lo que oía o veía. De repente, en vez de ser yo el que atravesara el país para encontrarla, empezó a perseguirme en mi propia alma. Ella persiguiéndome a mí, ¡fíjate! Y en mi alma."


Un árbol, una roca, una nube. Carson McCullers.

debate electoral

"Así fue redactado el imperecedero Tao Te Jing, que concluye con estas palabras:


Las palabras verdaderas no son seductoras.
Los bellos discursos no son verídicos.
El sabio no argumenta.
El elocuente es un charlatán.
"

El antro del Dragón. Cuentos de los sabios taoístas.

amor se escribe sin h

“Esto era el amor: en el hombre una presunción ridícula. En la mujer una vanidad sucia. Y en los dos un instinto animal de secreciones y de glándulas.
—¡Qué asco, Dios mío, qué asco!¡Y eso constituye la base del mundo!¡Eso es el eje ideal alrededor del cual gira el plantea desde una aurora remota a una noche ignorada!”
Amor se escribe sin h, Enrique Jardiel Poncela.

"No, no aparta a dos almas amadoras
adverso caso ni cruel porfía:
nunca mengua el amor ni se desvía,
y es uno y sin mudanza a todas horas.

Es fanal que borrascas bramadoras
con inmóviles rayos desafía;
estrella fija que los barcos guía;
mides su altura, mas su esencia ignoras.

Amor no sigue la fugaz corriente
de la edad, que deshace los colores
de los floridos labios y mejillas.

Eres eterno, Amor: si esto desmiente
mi vida, no he sentido tus ardores,
ni supe comprender tus maravillas."

William Shakespeare.

las heladas

Los pensamientos han llegado a mi balcón. Se han instalado en cuatro tiestos descoloridos, han acicalados sus pétalos y estirado las hojas pequeñas. Resisten sin una arruga estas madrugadas de diez bajo cero. Al mediodía, sus flores azules y amarillas giran despacio, muy despacio como girasoles perezosos estrujando el último rayo de sol invernal.

¿qué tiene este día?

Hay días en que amanece soleado, el aire está helado por fuera y adormecido por dentro. En un abrir y cerrar de ojos llega la tarde, y en un rincón del Fonseca un hombre alto, de ojos pequeños y gafas de concha nos trae un soplo de felicidad al recordarnos la ironía de Borges, el humor de escarnio de Quevedo, al Cortázar que no dejaba de crecer, y las palabras de Valle-Inclán: “la risa y las lágrimas son los caminos de Dios. Esa es mi estética, y la de usted”. Alfredo Bryce Echenique:

"Mi literatura nace de un empacho de asombro. El escritor es un ser sorprendido"

la canción del día


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I’ll be seeing you
Text/Musik: Sammy Fain, Irving Kahal

I’ll be seeing you
in all the old familiar places
that this heart of mine embraces
all day through

in the small café
the park across the way
the children’s carousel
the chestnut trees
the wishing well

I’ll be seeing you
in every lovely summer’s day
in everything that’s light and gay
I’ll always think of you that way

I’ll find you in the morning sun
and when the night is new
I’ll be looking at the moon
but I’ll be seeing you

I’ll be seeing you
in all the old familiar places
that this heart of mine embraces
all day through

in the small café
the park across the way
the children’s carousel
the chestnut tree
the wishing well

I’ll be seeing you
in every lovely summer’s day
in everything that’s light and gay
I’ll always think of you that way

I’ll find you in the morning sun
and when the night is new
I’ll be looking at the moon
but I’ll be seeing you

in that small café
the park across the way
the children’s carousel
the chestnut tree
the wishing well

I’ll be seeing you
in every lovely summer’s day
in everything that’s light and gay
I’ll always think of you that way

I’ll find you in the morning sun
and when the night is new
I’ll be looking at the moon
but I’ll be seeing you.


Cantan: Francoise Hardy + Iggy Pop

los sueños de Helena

Aquella noche hacían cola los sueños, queriendo ser soñados, pero Helena no podía soñarlos a todos, no había manera. Uno de los sueños, desconocido, se recomendaba:

- Suéñeme, que le conviene. Suéñeme, que le va a gustar.

Hacían la cola unos cuantos sueños nuevos, jamás soñados, pero Helena reconocía el sueño bobo, que siempre volvía, ese pesado, y a otros sueños cómicos o sombríos que eran viejos conocidos de sus noches de mucho volar.

El libro de los abrazos. Eduardo Galeano.

un final inesperado


En Amsterdam uno consigue sobrevivir a duras penas a las bandadas de bicicletas pero es imposible sustraerse a la mirada de Vincent en su museo de la Paulus Potterstraat. Sus variopintos autorretratos: con o sin sombrero, con la barba más corta o larga, rubia o rojiza; siempre esa mirada turbadora, inquieta, voraz y obsesiva. Una mirada que se clava y traspasa, huella de esa obsesión que le consumió durante los diez años que Van Gogh dedicó a la pintura, y que le llevó a pintar miles de cuadros, entre pinturas, dibujos y acuarelas; más de doscientos se conservan en el museo de Amsterdam.

Nunca había visto sus cuadros, tan sólo reproducciones en tarjetas o libros. Su fuerza me ha dejado atontada, golpeada, como si un boxeador me hubiese noqueado después de un largo combate de más de dos horas y trece asaltos. He descubierto sus delicados paisajes de inspiración japonesa. Sus amarillos veloces y radiantes, en su barba, en los girasoles, en la casa amarilla, en el campo de trigo, recuerdan el suspirar de fuego que diría Machado, contrastan con el azul profundo y candente de sus cielos y el negro amenazante de los cuervos en el Campo de trigo con cuervos, que transmite la lejana cercanía de la muerte –tal vez la suya, fue pintado el año de su suicidio: 1890-.

La sorpresa de Ámsterdam no fueron sus canales, ni los coffe shops, ni el mercado de las flores, ni su millones de pilotes ocultos entre el fango que sostienen sus centenarios edificios; mi gran sorpresa fue Los comedores de patatas, ese tenebroso cuadro de Van Gogh, desconocido para mí, que recuerda a las pinturas negras de Goya. Sus gestos sombríos, afilados, sus ojos saltones demasiado abiertos que parecen salirse del cuadro y atraparnos en su vida miserable. Comedores de patatas entre las sombras de la noche, devoradores hambrientos como los topillos que, cual plaga bíblica, roen insaciables los campos de patatas de la vieja Castilla.


¡oh, esto parece el paraíso!

¡oh, esto parece el paraíso!


“Bernarda le abrió entonces sus entrañas para que él se viera dentro a la luz del día”.
Gabriel García Márquez.

¡oh, esto parece el paraíso!

¡oh, esto parece el paraíso!


Hoog Straat. Rotterdam.

"Su modo de ser era tan sigiloso que parecía una criatura invisible".
Gabriel García Márquez.

¡oh, esto parece el paraíso!

¡oh, esto parece el paraíso!

Avenue Victoria Regina. Bruselas.



"Había conocido muchas mujeres cuyas negativas eran transparentes".

John Cheever

el sueño de la razón


El sueño es nuestra cotidiana práctica de locura. En el momento de enloquecer diremos: “Este mundo me es familiar. Lo he visitado en casi todas las noches de mi vida”. Por eso, cuando creemos soñar estamos despiertos, sentimos un vértigo en la razón.

Los que aman, odian. Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares.