carlito marrón
El multiusos S. Paraíso, hecho un infierno ardente e quente con la calorina del día cruelmente bochornoso, retumbó con los tambores, los vientos y los sones de Carlinhos Brown. Pude pasar lista a la colonia brasileira en charrilandia y sí, tranquilos os parentes de Brasil todos están bien y en perfecto estado de revista. Carlito Marrón levantó a charris y guirilandia people de las gradas convertidos en bailarines danzantes, en fin un despilfarro good vibrations. No soy fan de Carlito, me temo, es más que creo que se gasta un aire de guru-padre-predicador que no..., no... pero reconozco que transmite buena energía.
Y hoy arrastro los cansancios y las nostalgias de tanto danzar nocturno. Menos mal que Misombra prendida de toda esa buena energía -¡lo nunca visto!-, me recita aquello de:
La mano es la que recuerda.
Viaja a través de los años,
desemboca en el presente
siempre recordando
Apunta nerviosamente,
lo que vivía olvidado,
la mano de la memoria,
siempre rescatándolo.
Las fantasmales imágenes
se irán solidificando,
irán diciendo quién eran,
por qué regresaron.
Por qué eran carne de sueño,
puro material nostálgico.
La mano va rescatándolas
de su limbo mágico.
José Hierro.
Y hoy arrastro los cansancios y las nostalgias de tanto danzar nocturno. Menos mal que Misombra prendida de toda esa buena energía -¡lo nunca visto!-, me recita aquello de:
La mano es la que recuerda.
Viaja a través de los años,
desemboca en el presente
siempre recordando
Apunta nerviosamente,
lo que vivía olvidado,
la mano de la memoria,
siempre rescatándolo.
Las fantasmales imágenes
se irán solidificando,
irán diciendo quién eran,
por qué regresaron.
Por qué eran carne de sueño,
puro material nostálgico.
La mano va rescatándolas
de su limbo mágico.
José Hierro.
Ayer cuando ponía fecha a no sé qué papel me di cuenta de que era 1º de abril: Anda el aniversario de la Victoria, pensé y seguí escribiendo de 19..., me faltó el 39, ¡¿tan mal ando de cabeza?!, tuve que tachar, centrarme nena que estás en el 200... ya cinco y acabar estampando la firma. Tantas vueltas que nos traemos con ese rifirafe por la estatua del Generalísimo y, sin embargo, no recordamos aquel último parte de guerra: desarmado y vencido el ejercito rojo, la guerra ha terminado.
Las meigas se confabularon para fastidiarle el finde a mi querido Lanzarote, y en plena tarde de asueto sabadil se le incendia el cascarón del barco amarrado en las dársenas del Tormes, se le inunda la Plaza Mayor y le queda a oscuras una buena parte del centro. Al brujerío solo le faltó arrojar más pintura a su querido medallón del Caudillo.
Mi querido