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Emma B. El diario de una chica de provincias

en provincias

miliko

miliko

Son las cinco y diez, me asomo a la ventana, vuelve a llover. Un cielo gris cerrado no deja ni un rastro de dudas en la sombra que nos echa encima esta tarde invernal con un aire cercado por agujas que castañean entre la ventolera. En la ventana de enfrente, con la persiana a media asta y casi a oscuras entre mórbidos reflejos del monitor, el vecino de casta militar digiere otro domingo más ante la pantalla del ordenador.

En la ventana contigua una mujer menuda, de labios nerviosos y brazos dispuestos teje pegada a la pantalla del televisor. La mujer arquea las cejas con gesto de sorpresa contenida y de olvido recordado en un ¡zas! Abre la ventana para recoger las dos bragas tendidas en volandas y aprieta los labios con pesadez tratando de no perder de vista el cigarrillo al que se aferra entre toses.

Son las once y veinte, el miliko continúa concentrado como si apuntase a ese enemigo oculto entre los vericuetos nocturnos de los miles píxeles alineados en escuadrón, parece que busca atinar el disparo del cañón al enclave más alejado. En la habitación contigua la mujer fuma sin bizquear, en un ajado sillón pasado de moda; horas y horas frente al rabioso colorido de la pantalla parlanchina y azucarada.

En las noches de verano, el miliko abre la ventana y respira; los mosquitos aspados se pegan cerriles al monitor, sin embargo no huye, ahí sigue sentado inmóvil. Sólo con la luz mañanera iza la bandera y cierra las esclusas.

Son las cuatro y diez, la noche es larga y fría, con cautela aparto una pizca las cortinas y sin encender la luz observo al miliko inmóvil, otra madrugada más. Tal vez, siente mi presencia porque su mirada traspasa mis costillas y rebota en el lomo del Casares. Vuelve al reflejo azulado del monitor y teclea con ritmo lento de habanera melancólica. Al lado, la habitación oscura y vacía a estas horas; cerca la mujer duerme lejana un sueño inquieto de galanes celosos y perros guardianes.

museo mausoleo

La verdad, ni sabía dónde estaba Morille. Es más, cuando recibí la invitación de Domingo para la inauguración del "Museo Mausoleo", el sábado 17 diciembre, descarté, de un parpadeo, asistir al nuevo sarao pensando que quedaba lejos, por la sierra de Béjar —sí, lo sé, un cero en geografía de Charry Land y un latigazo—. Pero mi amigo, el charro-casado, me aclaró que estaba a quince minutos, aquí al lado. El sábado entre sábanas y ensoñaciones del despertar, ante una mañana de compras a codazos y éste no sabía muy bien qué "Museo Mausoleo" a inaugurar, me pudo mi curiosidad femenina, lo reconozco.

Después de memorizar el plano de carreteras provinciales para no perderme por el campo charro y acabar en la presa de Urueña, me planté en Morille en un periquete, hecha una afrancesada chica casquivana, justito para oír los reclamos de Fernando Castro y participar en la comitiva fúnebre integrada por la banda de música de Villamayor, los paisanos del pueblo, periodistas, algún político, guardias civiles, artistas y otros varios sin clasificar, todos muy bien dirigidos por un precioso carruaje fúnebre de madera vetusta, algo reseca, tirado por un caballo percherón bien renegrido que aguantó como todo un estoico los discursos de los creadores del acto: Fernando Castro, Domingo Sánchez Blanco y Javier Utray. Las referencias al significado de los enterramientos en urnas tan bien relatados por Sir Thomas Browne, a las diferencias con los enterramientos de coches de Vostell, y con el cementerio de coches de Arrabal, a anteriores proyectos de Domingo como el viaje a Paris para conocer al filósofo, a la obra de arte como producto un acto de amor e irritación —esto último de Utray me ha gustado mucho—, nos situaron un poco a los profanos en cuestiones artísticas y a los que, como reconoció el Alcalde de Morille en su discurso, "no entendemos el arte moderno, pero intentamos comprenderlo".

En la estepa devastada, de lejanos horizontes, en un alto con vistas y con encinas al costado quedaron enterradas las cenizas del filósofo Pierre Klossowski mientras los acordes del pasodoble torero calentaban los oídos en una mañana luminosa de azul frío. Y en la profunda fosa de hormigón reposa el pontiac de Javier Utray, con una enorme losa de hormigón encima y este epitafio: “P.I.P. on TIAK. La grand prix. En escribir una lápida se le va media vida a uno. Duro marmolillo.“ Aunque, tal vez no repose y simplemente descanse, ya me lo dijo el paisano mentón afilado y nariz apocada, al ver las gotas de agua condensadas en el interior del cristal de la losa: “Mire, señorita, que pronto las gotas en el cristal, a lo mejor aún respira.” Este golpe de humor británico en pleno Morille, francamente, no me lo esperaba. Y no pude menos que dedicarle la mejor de mis sonrisas y una cómplice respuesta: "Seguro, aún está vivo, no le quepa duda".

vísperas

Se está bien en provincias, lo reconozco, a pesar de mis pataleos y despertares melancólicos. Los días trascurren sin sobresaltos y previsibles: los plátanos de Indias sin hojas y con las ramas de lunares blancos; mi querido Lanzarote ha limpiado, una vez más, el medallón del Caudillo —esto ya tranquiliza, nos reconcilia con el devenir navideño—; este año toca arbolito en la plaza Mayor con grandes bolas rojas y unos lazos “palabra de honor” que quitan el hipo. Los Villancicos son la única actividad cultural que programa la señora Labrador —alias la moños—. Ya me lo dijo el moreno rapado a la salida del concierto Joachim Kühn: “¡Ala!, a partir de ahora villancicos”. ¡Qué razón tenía el angelito!

Sí, se está bien, lo repito. Sin embargo, de vez en cuando necesito largarme, perderla de vista, alejarme de todas las piedras y volver de noche, más bien tarde, entrar por la carretera de Madrid, y descubrir entre el vacío de la noche la catedral, luminosa y fría, aislada y nítida. Observar desde la otra orilla el perfil de Salamanca. Observar: sí, todo está bien... El Tormes transcurre, todo fluye y el “arte sucede”.

20 noviembre

¿Desde cuándo le ha dado al PP charro por los asuntos exteriores? ¿A qué viene esta desmedida afición de los gerifaltes provinciales del  PP por los viajes a Argentina? Financiación partidista, ¿tal vez, donativos anónimos? No hace  un mes  la señora Presidenta de la Diputación con séquito y viandas disfrutó de un   viajecillo por  la tierra de los “ches”, y ayer mismo mi Lanzarote ha regresado de su viaje hecho de un “porteño” de pro, experto en  tango  y bandoneón. Cualquier día de estos contesta en el pleno las preguntas del sosín de Fernando Pablos  con aquello de “Tomo y obligo...”, y  si no al tiempo.

Claro que las vueltas a la realidad son duras, y recién llega mi Lanzarote  se encuentra con que le han vuelto a ilustrar en rojo el medallón  que el Caudillo tiene en la  plaza Mayor.  Él que tan limpito y lustroso lo  había dejado para la Cumbre Iberoamericana  y ¡zas! ,  una vez más,  botecito de pintura al canto. Si es que son unos vándalos...., precisamente ahora que se cumplen  los treinta años de su muerte, se lo tienen que embadurnar con saña.  Con lo adecuado del medallón  en esta plaza Mayor, testigo de las arengas del de Ferrol a los capitalinos una vez instalado su cuartel general en el Palacio del Obispo frente a la Catedral nueva –siempre con tutela de los cielos, el general-,  y muy cerca del paraninfo de la Universidad donde el  general Millán Astray  —un bohemio del patriotismo— interrumpió el discurso del rector Unamuno con su agraciado grito de guerra: “¡Muera la inteligencia!

cristina

cristina

Desde mi camita he visto caer la nieve temprana hecha migas desmenuzadas, y he pensado: “¡Oh, esto es el paraíso!”, hasta que el nubarrón negro de la memoria ha colado su recuerdo entre mis ensoñaciones y me ha mantenido en vilo el resto del domingo.

Ahora, ya cerca de desvelar el asfixiante misterio, nerviosa y apresurada cruzo la plaza de España. La banderola patria agita los gualdas al ventarrón del atardecer lluvioso.

—¿Habrá resistido? Tal vez un mal golpe se lo ha llevado por los aires.

Mi curiosidad enciende los pies ágiles, y abre la espita a las dudas torbellino que envueltas y revueltas quiebran mis manos heladas.

—¿Seguirá allí? Las últimas ventiscas lo habrán arrancado, seguro. No creo que haya aguantado las pesadas lluvias, ni la nevada otoñal. Es frágil… —pienso en un ir y venir de voces y pasos acelerados.

Los pensamientos amarillos de la medianera de la avenida de Mirat aúllan con grito de pétalo helado: “No está, no está, ha volado...”. Temerosa y agitada doblo la esquina de Pérez Oliva, camino atropellada calle arriba. Sonrío, busco con la mirada impaciente. Imposible distinguir desde aquí. No puedo ver claro. Acelero. Sí, ahora, puedo verlo, ahí continúa: el cartel pequeño pero firme, bien atado a los férreos barrotes negros del balcón, algo doblado y maltrecho por las lluvias, los vientos y las noches heladas, por las noches sin ella. Ahí sigue, cerca y lejos, a siete metros sobre tierra, en el primer piso del número siete, encima de la whiskería Orquídea y frente al roñoso taller mecánico Auto. Ahí permanece altivo, enhiesto, testigo de las noches perdidas, cutre y maravilloso este cartón de embalar, de un marrón mortecino más adecuado para un panfleto maoísta que para precioso pendón de tan rotunda y transparente declaración de amor: 

  “Cristina te quiero”

—¡Uy, qué alivio! Menos mal… Sí, ahí está todo: las telas descoloridas, marco desteñido a tan tierna confesión, las menudas flores negras y alargadas —más bien cursis—trepando entre las marcadas letras negras, y la cuidada caligrafía de las tres mágicas palabras. Y un delicioso reguero de sensualidad me recorre el espinazo.

Desde luego, estoy hecha una sentimental. Cabizbaja y pensativa, me dejo llevar hacia la plaza de El Charro. Camino torpe con unos cuantos ovillos de preguntas entre las piernas: ¿un amor no correspondido?, ¿anónimo?, ¿lo habrá visto Cristina?, ¿qué clase de tipo cuelga en el balcón su íntima declaración?, ¿desde cuándo?, ¿sucumbirá Cristina ante tal mediática confidencia?

cumbrísima/4

Hasta Charri-City ha llegado la sombra alargada del amigo americano para desteñir el colorido de las conclusiones de la cumbrísima, y los gerifaltes se han plegado sin rémora alguna a los runruneos de pasillos, no vaya ser que: afecte al Plan Colombia, el FMI se enfade...

Lo que no se ha desteñido, a pesar de las lluvias y ventiscas, es el jardín japonés que han plantado en la fuente de la puerta de Zamora. Está desconocido, hecho un primor de diseño de la nueva jardinería. Tan acostumbrada me tiene el jefe de parques y jardines del excelentísimo a la tradicional sosez, horterada, es más, mal gusto de sus jardines que tal derroche de sencillez, elegancia y gracia, con sus pensamientos morados y blancos, la gravilla de cuarzo lechoso y los arbolitos de temporada: abetos enanos y mini-pinos, me tiene embelesada y no dejo de admirarme cada vez que paso por la placita. ¿Será nuevo el jardinero jefe? ¿Lo habrá mandado, mi Lanzarote, a algún cursillito de reciclaje por la pasada Cumbre? Embobada estoy.

cumbrísima/3

cumbrísima/3 He decidido curiosear en el encuentro de escritores en la cumbre, pero ni consigo acercarme. Al llegar a la Clerecía un fornido "especial" se planta en jarras y me desvía hacia la calle Meléndez; rosmando y con gesto de eso se lo dirás a todas, guapo!, le hago caso. Así, por un azar acabo tomando un café en El Corrillo con la mujer-espontánea y el hombre-nazareno que carga con una enorme cruz en su vía crucis personal camino de Fonseca —sede de la cumbrísima—. La cruz de madera maciza lleva grabadas las obsesiones de su calenturienta cabecita: “perdón, bondad, amor, paz. No mentirás. No robarás. No matarás.”

—Es la primera estación —nos aclara, apurando el último sorbo del zumo de piña.

Recién se marcha el crucificado de la Cumbre, y una brisa de carreras, un vientecillo de polis en motos, un airón de sirenas, un vendaval de especiales y guardaespaldas, y, al fin, la tormenta de autobuses “grand class” repletos de señoras. Incapaces de resistirnos salimos a la calle, muy bien cortejadas por el guardaespaldas que se acaba de plantar en la puerta del bar.

—¡Anda, qué todo esto!, porque se lo consentimos... —comenta maldiciendo la mujer-espontánea.

—Sí..., se lo consentimos y, además, pagamos la fiesta —le respondo con sorna lapidaria y sonrisa de 9 milímetros parabellum.

—¡Quita, quita!, que me pongo mala —gruñe entre dientes y escapa para la barra. Siento los ojos del poli en la nuca y olor a pólvora en la boca.
El sarao de escritores ni olerlo, claro.

cumbrísima/3

cumbrísima/3 He decidido curiosear en el encuentro de escritores en la cumbre, pero ni consigo acercarme. Al llegar a la Clerecía un fornido "especial" se planta en jarras y me desvía hacia la calle Meléndez; rosmando y con gesto de eso se lo dirás a todas, guapo!, le hago caso. Así, por un azar acabo tomando un café en El Corrillo con la mujer-espontánea y el hombre-nazareno que carga con una enorme cruz en su vía crucis personal camino de Fonseca —sede de la cumbrísima—. La cruz de madera maciza lleva grabadas las obsesiones de su calenturienta cabecita: “perdón, bondad, amor, paz. No mentirás. No robarás. No matarás.”

—Es la primera estación —nos aclara, apurando el último sorbo del zumo de piña.

Recién se marcha el crucificado de la Cumbre, y una brisa de carreras, un vientecillo de polis en motos, un airón de sirenas, un vendaval de especiales y guardaespaldas, y, al fin, la tormenta de autobuses “grand class” repletos de señoras. Incapaces de resistirnos salimos a la calle, muy bien cortejadas por el guardaespaldas que se acaba de plantar en la puerta del bar.

—¡Anda, qué todo esto!, porque se lo consentimos... —comenta maldiciendo la mujer-espontánea.

—Sí..., se lo consentimos y, además, pagamos la fiesta —le respondo con sorna lapidaria y sonrisa de 9 milímetros parabellum.

—¡Quita, quita!, que me pongo mala —gruñe entre dientes y escapa para la barra. Siento los ojos del poli en la nuca y olor a pólvora en la boca.
El sarao de escritores ni olerlo, claro.

cumbrísima/3

cumbrísima/3 He decidido curiosear en el encuentro de escritores en la cumbre, pero ni consigo acercarme. Al llegar a la Clerecía un fornido "especial" se planta en jarras y me desvía hacia la calle Meléndez; rosmando y con gesto de eso se lo dirás a todas, guapo!, le hago caso. Así, por un azar acabo tomando un café en El Corrillo con la mujer-espontánea y el hombre-nazareno que carga con una enorme cruz en su vía crucis personal camino de Fonseca —sede de la cumbrísima—. La cruz de madera maciza lleva grabadas las obsesiones de su calenturienta cabecita: “perdón, bondad, amor, paz. No mentirás. No robarás. No matarás.”

—Es la primera estación —nos aclara, apurando el último sorbo del zumo de piña.

Recién se marcha el crucificado de la Cumbre, y una brisa de carreras, un vientecillo de polis en motos, un airón de sirenas, un vendaval de especiales y guardaespaldas, y, al fin, la tormenta de autobuses “grand class” repletos de señoras. Incapaces de resistirnos salimos a la calle, muy bien cortejadas por el guardaespaldas que se acaba de plantar en la puerta del bar.

—¡Anda, qué todo esto!, porque se lo consentimos... —comenta maldiciendo la mujer-espontánea.

—Sí..., se lo consentimos y, además, pagamos la fiesta —le respondo con sorna lapidaria y sonrisa de 9 milímetros parabellum.

—¡Quita, quita!, que me pongo mala —gruñe entre dientes y escapa para la barra. Siento los ojos del poli en la nuca y olor a pólvora en la boca.
El sarao de escritores ni olerlo, claro.

charrifiestas

charrifiestas Mi querido Lanzarote, impecable, vestido de charro en el desfile procesional de la patrona da por inauguradas las charrifiestas. Caldera, Mañueco, Isabel Jiménez y Vicepresi de la Junta CyL cortan la cinta arrimaditos en la inauguración de la Feria Agropecuaria, y se achuchan para chupar foto.
Casetas en la calle a tutiplén: sabrosón el pincho de bola de ibérico con rioja en el Momo, el pulpo con alvariño de G. Potemkin y el lacón con ribeiro de la Taberna Celta. Lección de kabuki en el Liceo. Maquillaje muy blanco: mujer joven. Cejas delgadas y con final descendente: mujer joven y amable. Labios negros: hombre fuerte. Labios rojos: chica joven. Llueve, y un frío que pela ahuyenta las moscas. Apache Indian & The Reggae Revolution: bailar sin parar. Y esta noche Rachid Taha. Tiramisú en La Regenta:
“El té carece de la arrogancia del vino, del individualismo consciente del café, de la inocencia sonriente del cacao”. Kakuzo Okakura.

los bandos

los bandos Mi querido Lanzarote persigue imparable su aparcamiento estrella –ya a punto para la licitación- bien cerquita de la plaza Mayor y de la zona de tiendas. Algún charro de genio y figura ha colgado aquestes panfletos en los centenarios árboles de la plaza de los Bandos:

“El Ayuntamiento me podó el día 24 de agosto de 2005. ¿Por qué razón? Aparcamiento en esta plaza.”

“He sido podado por el Ayuntamiento el día 24 de agosto de 2005. ¿Lo entiende usted? Pues yo sí. Quieren que desaparezca.”

“Desde el día 25 de agosto de 2005 doy menos sombra: el Ayuntamiento me ha podado. ¿Por qué? Por intereses privados."

Ahora los árboles se podan en agosto, es la "nouvelle jardinage".

a batallar las estrellas

Casi las diez de una noche calurosa. Por un desliz en el postigo, Misombra logró colarse a la vieja catedral románica con cimborrio de escamas. Entre un frufru de sedas y aromas de velas e inciensos, fue transportada en volandas hasta el confesonario de celosías labradas, viejo guardián de culpas inconfesables. Recogida y apoltronada en el raído escalón de madera, con la mirada perdida entre la dulce piedra dorada y el retablo de voces negras, púrpuras y azules, era todo oídos para las salves, villancicos, lamentaciones y motetes que el grupo "Al Ayre" interpretó en su concierto del sábado. “A batallar las estrellas” reúne, en un único repertorio, una selección de piezas compuestas en el siglo XVII para ser interpretadas en las catedrales hispanas. Un revuelo de sones de laúd, arpa, voces y guitarras —viejos conocidos de estos pilares y tumbas— embelesaron su alma oscura; un ir y venir de melodías, músicas, notas descocharon todos los recuerdos y plegarias enterrados entre bóvedas y capiteles, una lluvia fina helaba la piel y enhechizaba la voluntad de las sombras.

vacaciones al norte

En el norte, las vacaciones no son fáciles: empezando por la maleta, hay que llevar de todo: desde la gabardina y el jersey al vestidito palabra de honor, sin olvidar los calcetines. Este año he conseguido empaquetar casi todo en el trolley rojo, y mi sombra se ha apañado con un maletín de congreso, a ella cualquier cosita le tapa –o destapa-. ¿La familia? Bien gracias. Santiago, noche fresca, con mucho exmaoísta convertido al pactismo celebrando la votación parlamentaria. Desde el otero de la terraza del "Suso" veo al señor diputado Xesús Vega –¡lo que avejenta la política, dios!—: la Xunta es suya. El gato de mi amiga Rita está a dieta. A mi rubio no le sienta bien que no me acuerde de María: ¿Quién es María? (tierra trágame, es su hija).Festín de percebes en Ferrol salpimentados con ráfagas de muerte lenta y paseos al borde del finisterrae con el examante del exnovio guapetón de Misombra. “La mitad de las gallegas sólo han tenido una pareja sexual en su vida”.Touriño toma posesión en la plaza del Obradoiro entre sones de música clásica sin gaiteiros y con poemas –fino de la muerte-, y nombra Conselleira de Cultura a una ex- chica ERGA. Las chicas de ERGA eran las que más chillaban en las asambleas, al grito de guerra: ¡Fala galego! Si no que le pregunten al Marqués de Bradomín, uno de sus blancos favoritos. La playa más llena que nunca y el agua más fría que siempre. En Benidorm, “mueren dos hermanas inglesas al quedar atrapadas en una cama plegable”. Mi querido CR me invita a su nuevo estudio-nave-casa, y me dice: “te queremos” (¿él? ¿sus gatos? ¿sus perros? ¿sus patos? ¿as galiñas?), y me regala tomates de su huerta. Y Don Manuel mastica la derrota pescando en el yate Azor; no, ese, no —en qué estaré pensando—, en el yate de un amigo.

lluvia

Llevo aquí cuatro días, pero tengo la sensación de que han pasado meses. El domingo tenía las trazas de final de verano y las nubes cargadas de nostalgia. El lunes llovía y el martes arroyaba: el frío me llevó a la lana y a la humedad del otoño mortecino de los días cortos; pero el miércoles, el miércoles era pleno invierno, el estruendo de la lluvia me despertó de madrugada y el viento me calzó las botas y cerró el abrigo. Y hoy, 28 de julio, es un jueves de un marzo ventoso y traicionero que repleto de “idus” se ha instalado en la ría. ¿Vendrá pronto la primavera? Misombra se ha evaporado entre brumas y nubes ennegrecidas.

Entre chaparrón y chaparrón saqueo la hemeroteca de mi madre, botín a destacar:
- Toda actriz que se precie de finísima y elegantísima viste de Prada.
- Los Borbones contagian todo lo que tocan: Letizia de España cada vez más sosicursi, y Marichalar calza zapatos Luis XIV para la gala del Deporte.
- No me aclaro con la separación de Concha Queasco, ni con los affaires de Carmen Sevilla, ni con el lesbianismo de no sé cuántas folklóricas.

una de romanos

una de romanos Al fin hemos logrado recomponer a Misombra que congelada en su terquedad no salió del “réfrigérateur” ni para ver a Henri Salvador.
Nuestro trabajo nos costó, toda la mañana del domingo a golpes con el cincel destripando los cascotes helados de su corazón. Y menos mal que el amigo S. sacó el piolet de la maleta y con precisión agrietó el cascarón helado de proa para que nuestra bruja asomase la cabeza entre carámbanos y estalactitas. La escurrimos bien y la tendimos al sol en la baca del citröen antes de que la tiritona la matase. Entre el airecillo y los rayitos cuando llegamos a Almenara de Adaja había recuperado el brillo en su mirar de sombra y el colorcito en las mejillas. Devoró y masticó con lentitud todas las explicaciones del Museo de las Villas Romanas, escuchó a Ovidio en el peristilo, se bañó en las termas, cenó cordero con garum y dátiles con miel en el triclinium, y alegró la larga tertulia con canciones para sus amigos y nos enseñó que:
“Los honestiores desarrollaron en sus palacios rurales una vida que tenía en el ocio una de sus claves. Ocio no entendido como inactividad, sino como tranquilo y pausado cultivo de las virtudes personales y los placeres como la literatura, la buena mesa, la amistad o la caza.”

visitas

La pequeña lolita se ha marchado pero ha llegado mi amigo S para el dancing de los Thievery Corporation -mucho ruido y pocas nueces, y moda del sitar como los TGU-, así que hemos pasado del jolgorio coquetón a la jauría gay-marujil. Entre medias, Henri Salvador nos sumergió en un show de los cincuenta con telón de terciopelo, bromas, bailes, gags, simpatía y paroles; los del Teatre Lliure llenaron de tiros un bar kitsch repleto de Eduardos, Ricardos, nobles y Lady Anne.
Conclusiones sobre la actualidad teatral después de estas veladas:
Está de moda cantar "Ne me quitte pas" en el escenario, introducir flashes de absurdo en mayores o menores dosis y numeritos de cante y baile.

big in bombay

Parece la semana de la incertidumbre –ya lo dice Rojas Marcos: Nuestra incierta vida normal—; empezamos con las sacas y el pacto de tras el telón de grelos –por cierto Quintana ha engordado 10 kilos, al menos, en dos días-.
El martes leo que el Sr. Passy me deja la teoría del suceso en boca de Bertrand Rusell que una vez masticada inicia una ruta incierta por mis tripas.
(En física, un suceso –cualquier cosa que tenga atribuidos espacio y tiempo- abarca desde una explosión a la llega de una onda de luz a un cuerpo, sin embargo la onda de luz sería una teoría o serie de sucesos. Mi duda: ¿un suceso es un instante que tenga espacio?... -Me temo que mi "altura" es de provincias-.)

Llega el miércoles y mi querida MC me dice que tengo un alter ego de ficción que se llama “Marisu”, eso sí, que habla gallego y con “pinta de estar sempre abstraida, como si estivese flipada”, no sé si quiero saber más... ¿Por qué a Básico Rodríguez le ha dado por novelar aquel piso después veinticinco años?

El viernes noche me engullo unas dosis teatrales de Constanza Macras-Dorothy Park que no empachaban pero tampoco eran el colmo de la delicatessen, y la obrita más bien parecía el camarote de los hermanos Marx:
- duda inicial a lo profesional-centroeuropea: no sabe si es su gato quien quiere danzar con ella o ella la que quiere danzar con su gato. No he podido ayudar a la chicuela.
-aparecen: Minnie, el lobo, Pocahontas, el marino...
-cantan Ne me quitte pas en alemán y
Olvídame y pega la vuelta de Pimpinela en español.
-resumen acelerado de los últimos 50 años de historia Argentina.
-cantan a Malkit Sighn y bailan muy bien.
-Ah! Después de leer el folleto me entero de que el “espectáculo desmitifica el oropel que ofrecen los grandes templos de la modernidad en los que la fama se adquiere como una mercancía, [...] ¿Por qué el hombre quiere ser famoso?”
¿Cómo se titula la película?

Ayer, en pleno achicharre nocturno y hecha un pincel, me fui al concierto de Transgobal Underground –conciertazo: de la plaza de San Román a un club de Berlin sin parar de bailar-. Yo iba a lo que iba, a revolver bien las dudas que parasitan en mis tripas bailando y echar unos tejos al morenorapado, que solo veo en los conciertos, que recibir los recibe, ahora que, ¿los procesa?

Resumiendo:
Conforme transcurre “la historia” aumentan los sucesos que impregnan nuestra vida, sobre los que ironiza Big in Bombay. Los sucesos establecen relaciones entre sí; a más sucesos, más relaciones, más teorías; en definitiva exceso de información -Sociedad de la Información-, y contradictoria, que no hace más que acrecentar la incertidumbre. (¡Y no salgo de dudas! Quizás me conviene seguir el ejemplo del Sr. Passy: leer a los situacionistas -ya los he olvidado- “under der linden” o en la piscina, que es más de petarda.

noche blanca

Mi querido Lanzarote en un afán de culturalidad –para que no digan los antiarchivo- nos ha montado un festival de “Las Artes”, y ésta es la "noche blanca": noche en blanco, para pasarse en blanco,¡vaya! Yo la estrené con el montaje desolador y cruelmente conmovedor de Charles Gonzales sobre Camille Claudel: su pasión, su genio creador, su locura y su desesperación.

Y ahí se acabó, ya no pude seguir rondando la noche pero Misombra tomó nuevos alientos sentimentales y allá marchó al concierto romántico en el huerto de Calixto y Melibea. Y una, ahora, aquí matando la sofoquina entre dosis de Oporto "gelé" y abanico castizo.