Miro por la ventana. El suelo está mojado. Una hilera de coches bordea la acera. Azul, blanco, plateado, blanco, negro, granate, blanco, blanco, gris, plateado. Los estorninos levantan el vuelo al escuchar la sirena de una ambulancia. ETA ha vuelto a matar. La hilera de coches da la vuelta a la esquina: azul marino, negro, blanco, gris, gris.

Dos mujeres de pelo negro caminan bajo mi balcón. Hablan despacio en una lengua que no entiendo. Si fuera primavera vería el sol reflejarse en los cristales de los coches rojos que bordean la acera. El aire templaría las voces de las mujeres de pelo negro. El suelo ampararía los pasos de las mujeres que caminan despacio. Una tarde de mayo.