El fin de semana no prometía grandes filosofías, más bien un par de días turbios, pasados por agua y relax. El viernes decidí comenzar con los deberes pendientes y, antes que nada, ver “Elegy” de Isabel Coixet. Me defraudó –sí, demasiado categórica, lo sé-. Entre Pe, que no acabo de pillarle el punto, y su falta de química con Ben Kingsley —¿alguién se cree tal amorísimo entre ambos?—, y ese hombre que se derrumba entre melodías de Satie, caídas de hojas y demás touches melancoliques sale una con el “no me lo puedo creer” en la punta de la lengua. Me dejó mal cuerpo, con los pelos revueltos y el estómago encogido hasta que me atizé unas dosis de publicidad en la tele que dejaron como nueva; me cargaron las pilas para dos o tres días.

En el primer spot, cientos de niños de diferentes nacionalidades, con acentos distintos que piden un mundo «para los hijos de nuestros hijos». Comienza con una mocosa de unos cinco años que les da el desayuno a los papis: “Mamá, papá, quiero tener un hijo”, y así el resto de la caterva nos cuenta qué mundo quieren para ellos. Está claro, Endesa intenta transmitir continuidad tras la OPA, y además confianza en un futuro mejor, a pesar de la crisis del petróleo y de los alimentos, de las hipotecas basura. Un futuro que nosotros y nuestros hijos imaginan posible, al alcance de la mano. Se trata de inducir confianza frente a este futuro incierto que planea en la calle y en nuestras cabezas, que nos hace tambalear y dudar.

Pero lo curioso es que otra empresa del sector energético pone su granito optimista con otro original anuncio. Con música de piano de fondo repasan los logros de la humanidad: “Inventamos la rueda. Descubrimos el fuego. Llegamos a la luna. Hicimos el pan y sal... Inventamos Manhattan, Macondo... Hicimos catedrales, pirámides, aviones. Inventamos el rock, la penicilina..., los jardines de Babilonia y hasta Peter Pan. Si hemos sido capaces de todo eso, cómo no vamos a ser capaces de proteger lo que más nos importa. Repsol, inventemos el futuro.” Todo un mensaje de optimismo y fe en la humanidad –si antes lo hemos hecho, ahora ¿por qué no?—, creer en el futuro, en el poder del hombre para crear un futuro mejor a pesar de la crisis, de la desazón y falta de confianza. La antítesis del “No hay futuro” del punk. Hay un futuro, está por inventar, nos dicen.

Ahora que el precio del petróleo se ha disparado, los bio-combustibles no son alternativa y provocan crisis de alimentos, el ladrillo va de capa caída, y la economía cuesta abajo en su rodada, los grandes del sector energético se empeñan de infundirnos optimismo, esperanza y fe en el porvenir: Está claro, amigos, saldremos de ésta. Todo está en nuestras manos, y tú puedes conseguirlo.

Creo que Solbes, los ladrilleros, la banca Morgan..., deberían contratar a las agencias de creadoras de estos anuncios para que transmitan con pizco de confianza a los mercados, y a los consumidores a ver si relanzamos la demanda. ¡Y a crecer!

¡Si son las mil! Necesito mi dosis de Repsol.