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Emma B. El diario de una chica de provincias

en provincias

SA confidential

Hay días que esto parece Los Ángeles y que en cualquier tugurio de esquina podríamos tener por compañero de barra al mismísimo Philip Marlowe que taciturno ojea el Salamanca Chronicle, entre sorbo y sorbo de whisky, mientras repasa mentalmente los detalles del cadáver de Dolores S.M., la mujer que a las 4,30 de la madrugada fue encontrada muerta en la acera de la calle Valencia, frente a su domicilio, con los brazos rotos, dos puñaladas en el cuello y otra en el muslo.
Marlowe cierra el periódico, enciende un cigarro, pide otro whisky con soda a la rubia de labios cereza.Un poco flojo para seguir leyendo el Chronicle, muñeca. Veremos que se puede hacer… Abre de nuevo el periódico mientras sonríe por enésima vez a la rubia camarera. 

El tipo caucásico –tal vez ruso- era fuerte, no presentaba signos de violencia: de cúbito supino, sin cortes, ni magulladuras, al lado de las vías del tren, en las afueras de Buenos Aires, tal vez simple mala suerte, o tal vez..., ese barrio..., nunca se sabe. Revuelve el whisky con el dedo anular, despacio como recién levantado, se vuelve hacia la puerta reclamado por un olor dulzarrón y femenino de la morena que acaba de entrar y camina de perfil hacia el fondo de la barra. Vuelve la hoja del periódico al mismo tiempo que su mirada cruza veloz toda la barra para clavarse en el escote de la morena. Mala suerte, otra buena chica gastando taburete a solas. Claro, que para mala suerte la del viejo: acabar sus días ahogado en un río apestoso, al lado del desagüe del colector del Zurguén.

Marlowe apura el vaso de un trago, echa una última visual a la morena y saluda ceñudo a los de la bofia que juegan al mus en la mesa de la entrada. Ella sonríe perezosamente con ganas pero sin salero, es lo que tienen las buenas chicas no saben sonreír a desconocidos. Quizás a ustedes no les importen tres fiambres en un mismo día, pero son demasiados para ciudad con dos catedrales. No hay nada que no pueda arreglar un buen whisky con soda. 

 

 

"No es gracioso que le asesinen por tan poca cosa, y que su muerte sea la moneda de lo que llamamos civilización." Raymond Chandler, El simple arte de matar

 


grafiteros en campaña

grafiteros en campaña

Nueva valla electoral del PP en las afueras de charricity (¡ji, ji, ji!)
¡A por la siguiente niños!

primavera

primavera


Salamanca, calle Miranda y Oquendo esquina General Castaños.

"Prohibido prohibir..."

el correo del zar

Todas las tardes sentado en el alféizar del escaparate de Caja Laboral, un hombre rubio, alto y fuerte, de hombros anchos, con ojos azules de cielo de estepa y bigote poblado, extiende su brazo y abre su mano firme a los transeúntes que circulan por Álvaro Gil. Los días de invierno cubre su calvicie con un gorro de piel marrón con orejeras, el frío agarrota sus dedos gruesos y rugosos. En los días de sol tuesta la piel de su cabeza; muestra el pelo cortado al uno y su busto de cosaco. Su mirada ausente traspasa el quiosco del chaflán, los muros del edificio de Torres Villarroel, más allá del parque de la Alamedilla remonta hacia la llanura de trigo verde. Callado y tímido no mendiga unas monedas, tan sólo exhibe su miseria con pudor ante las miradas ajetreadas de los paseantes, y tal vez recuerde su aldea en Ucrania, a sus parientes y amigos, la nieve de Rostov o las cúpulas doradas de San Petesburgo.

MG - DC Warner

Aquí al lado, apenas dos kilómetros más allá de la horripilante escultura del obrero, un poco desviado del monumento al toro, en su estudio de Cabrerizos, Manuel García, dibuja las historietas de los grandes personajes del comic yanquee: Superman, Batman —su preferido—, La Masa o Spiderman. Este chicuelo de mofletes satisfechos, labios finos y quesito juguetón, crea diario para las grandes editoriales americanas las tiras de estos personajes y de alguno más que me queda en el tintero. Hará dos semanas el niño ha pasado de Marvel para fichar por DC-Warner. ¿Cuál es su sueño?

ya la campaña

A paso de marcha ligera, acompasado, como de reglamento de infatería, lord Amilivia, acompañado del presi de la Diputación, realizó el paseíllo hasta el escenario de un hotel de León dispuesto a deleitar al respetable cantando, con voz templada, de vicetiple, la “Canción de campaña y acompañamiento a Mario Amilivia”, el pasodoble compuesto por los amigos de su peña -que le han montado un blog y todo-, y que será el himno de su campaña para la reelección como Alcalde de León. Chaquetilla ajustada, de plata y azabache para un pasodoble con título de postín y letra de poca gracia y escasa enjundia:

Vaya equipo que tenemos
Qué futuros concejales
Con esto no hay nadie quien nos gane
No habrá nadie que te iguale

Amilivia, Amilivia tu serás
De nuevo alcalde
Por lo bien que te has portado
Con esta ciudad tan grande.

En fin, poco salero para un pavisoso, una oda al leonesismo chauvinista y al amilivianismo. Ahora sólo espero que mi Lanzarote siga los pasos de mi lord —por dios que no me defraude y que su jefe de comunicación se ponga a ello—, y se arranque con otro pasodoble más torero, arrollador, con más embestida de naturales y volapiés, pitos y broncas, con música a lo “Paquito el Chocolatero”, y letrilla de salero, más en la onda de La Parrala –a tono con la hondura de nuestro ínclito Alcalde—:

Que sí, que sí, que sí, que sí,
que a la Parrala le gusta el vino.
Que no, que no, que no, que no,
ni el aguardiante ni el marrasquino.
Que sí, que sí, que sí, que sí,
que si no bebe no pué cantar.
Que no, que no, que no, que no,
que sólo bebe para olvidar.

Aunque, ahora que se ha puesto el centro por montera, tal vez, nos sorprenda con algo más políticamente correcto y castizo, de nuestra idiosincrasia más profunda en plan:

El beso, el beso,
el beso en España
lo lleva la hembra
muy dentro del alma.
Le puede usted besar en la mano,
le puede dar un beso de hermano.
Y así, lo besará cuanto quiera,
pero un beso de amor
no se lo da a cualquiera.

Claro que no es fácil encontrar un Quiroga y un León a estas alturas del XXI.

estos días

Un hombre tranquilo, buen ciudadano, muere degollado en su pisito del extrarradio. Las uñas de la cigüeña se clavan en la torre de la iglesia mientras su pico acerado teje un nido primavera. Otro hombre ofuscado recorre los campos de la tierra de Alba, escopeta en ristre sacude disparos sin mediar palabra. El viento del oeste arremolina las gotas de lluvia entre los pesares de los hombres tranquilos.

muñeca!

Este año ha tocado el calendario de los bomberos de Salamanca —hombres de gesto valeroso con pose gallarda y un aire áspero en la mirada—: Melchor que tenía el año juguetón; pero ya estoy temiendo los próximos Reyes Magos. Sí, ya lo esto viendo..., a Melchor que se descuelga con una “Boneca faladora” en un arranque de empatía nacionalista, y recuperando sus orígenes chiitas, sijs, kurdos, suníes..., o de cualquier otra tribu de la zona entre las que tanto predicamento goza el etnocentrismo, decide recordarle sus raíces a una gallega en la diáspora, e intenta una normalización lingüística siguiendo el ejemplo del señor Bieito Lobeira, diputado del BNG, que ha presentado una iniciativa parlamentaria en la que anima al Gobierno gallego a impulsar la fabricación de una muñeca repollo que hable gallego, al estilo de la Nines que pide que la peinen, que le den de comer o de beber en catalán hasta acabar con las pilas.

El señor Lobeira cree que los juguetes y regalos que reciben los pequeños pueden convertirse también en instrumentos para la normalización lingüística, tan necesarios en las urbes gallegas donde “o galego se encontra prácticamente excluido”. Así que nada mejor que unas muñecas interactivas (bonecas faladoras) que hablen gallego puesto que las existentes en el mercado “non falan unha soa palabra en galego” limitándose a reproducir un “esquema lingüistico imposto”. El problema del nacionalismo es que siempre anda un trecho atrás: muñecas parlanchinas cuando el futuro son los videojuegos, y ¿para los nenes? ¿bomberos normalizados?
¡Y yo que soñaba con la Barbie Sirenita!

bambú

bambú

Un puente, un punto, una ráfaga y una mueca. Eso es emma en japonés, o, bueno, eso me ha pintado una preciosa japonesita de ojos menudos, pelo esquelético y silueta renegrida.

El montaje de la Japan Week en el Palacio de Congresos es como “para peques”: escasa información, pinturas de colegiales, quimonos de sepu y lo del manga..., ni podían leerse las explicaciones de raquíticas. Eso sí, los calígrafos exhaustos de tanto “su nombre en...“; el chef repostero tenía parroquia perenne ante unos preciosistas pastelillos crisantemos multicolores que poco excitaban mi gula; y en la rama de bambú los paseantes habían colgado sus deseos escritos en papelinas de colores, una avanzadilla de la carta a los Reyes Magos en discretito —muy pocos papeles tenían más de un deseo—: “Que gane siempre el madriz. Un ordenador. Un perro y una muñeca. Que el Valencia gane la liga y la copa. Que se acabe el terrorismo. Que nos queramos siempre. Entendimiento entre las culturas. Tener hijos siempre sanos. Que apruebe las oposiciones. Friendship with jsp... Que gane el Valencia.” Qué poco romanticismo, por dios!

el crisantemo, el abanico y la espada

el crisantemo, el abanico y la espada

Esta semana toca en charricity un desembarco japonés de lo más variopinto: música, ceremonia del té, ikebana, exposición de grabados en la Torre de los Anaya, marionetas, danza, caligrafía, manga, cocina, artesanía, pintura, y la exótica foto de mi Lanzarote, con cara de susto, del ganchete de varias japonesas en kimono —ver El Adelanto de ayer—.

Entre toda esta explosión de exotismo oriental, hecho de menos algún montaje sobre su moda sobria pero sobrada de imaginación —me fascinan los trapitos de Yamamoto—; una muestra de su cine lento y denso, muchas veces impactante. A mis diecinueve años me dejó temblando El imperio de los sentidos, no es fácil digerir tal catarsis de sexo y muerte en la tierna juventud, y más recientemente Nadie sabe o el trágico romanticismo de Dolls, de mi querido Kitano, con un espléndido vestuario de Yamamoto: el colmo de la sofisticación nostálgica. Y ya puesta a pedir, una pizca de acto literario no habría estado mal para indagar y descifrar a los afamados Kawabata o Mishima, o descubrir a esos desconocidos del crisantemo para un momento de felicidad.

señas de identidad

Durante mis callejeos veraniegos, sin mirarme los pies, he descubierto esos balcones rebosantes de CD’s brillantes de variado colorido: granates, negros y blancos, verdes y amarillos, que mecen sus surcos entre la brisa y el viento. Algunos penden de barrotes negros amarrados en fila india como un escuadrón de espantapájaros perfectamente alienados, otros contentan el alma de poeta del inquilino artista colgados de la barandilla y suspendidos del techo como serpientes engalanadas de brillos iridiscentes, que recuerdan los móviles de Calder. Calle arriba, en un balcón de barrio otro pinga solitario prendido de una pinza de madera en la cuerda ruin del ¿me quiere? ¿no me quiere? En las esquina de los cines Van Dyck una fila multicolor balancea sus ruedas de platino desde los barrotes de hierro negros, sin prisa, esperando que la noche lance sus destellos nacarados a los ojos de noctámbulos cansinos. Cuatro calles más allá, el más ladino columpia perezoso su trasero nacarado entre las macetas de alhelíes blancos a la sombra de las adelfas del vergel que florece en el balcón del cuarto.

El primer día pensé que una nueva moda que se imponía por el orbe occidental y ahora tocaba el reino de los CD’s en balcones y terrazas, al igual que los quads o el tunning, pero ante la plaga de pajaritos de la última temporada deduje –sí, cavilo mientras camino, aunque no debería-: ¡Anda!... son espantapájaros para que no se coman las plantitas. Y comencé a fijarme si la plaga había llegado a otras ciudades, pero ni en Madrid, Pontevedra, Santiago, Varsovia, Zamora o Cracovia he visto la fiebre de colgar los CD’s en los balcones. ¿De soporte de datos a útil de ferretería? Una nueva seña de identidad se fragua en el orbe charro.
¿Espantapájaros o pieza de arte povera?

charri ferias/2

En la rueda de prensa post-ferium mi Lanzarote estaba exultante de gozo, aunque lo veo más grueso, va a tener que cuidarse o lo presiento envejecer aún peor: las calles abarrotadas, participación de público a manadas contra las que no pudo ni Eolo, ni el fresco reinante, los espectáculos de calle: un éxito. Claro que no me preguntó.

Querido Darco: fue el año que menos fiestas me he tragado. Por haches o bes, más bien por los último —estaba en pleno descubrimiento de casetas en la plaza de Colón— y luego por haches, no vi ni un espectáculo de Etnohelmántica, tan solo dos canciones de Eliades Ochoa que me supo a poco para echarme un bailesito. Las casetas, la verdad, acabaron empachándome con tanta sobredosis de olor a carne requemada con aceite perrero por todas las esquinas.

Y lo que más me interesaba, la Crakow Klezmer Band, que figuraba en los avances de la programación, al final no ha tocado para mi desconsuelo. Un polski me los había recomendado con pasión, augurando un buen concierto de magníficos y jóvenes músicos. Así que me he quedado escuchar su homenaje a Bruno Schultz, con canciones de John Zorn.

Lo más desternillante de las ferias, la cena en Tormento con mi amigo el rubio, que desayuna en Plutón, rodeados de chicas que despedían su soltería —había cuatro futuras ex dispuestas a calzarse el velo ya mismo—, y de una travesti de madrileña con un desparpajo castizo tan grande como la barriga, que no paraba de meterse con las novias y todas las demás, y ellas tan contentas... ¿¡?, que cantaba –en play back, se entiende- aquello de "Será maravilloso, viajar hasta Mallorca..." con unos leggins de leopardo y un plataformón dignos de las drag neoyorquinas de los 70. En fin, espectáculo de boda sin hombres apenas en las mesas.

Eso por la noche, y a la mañana siguiente me cruzo con una fornida avanzadilla de la Scottish Army con falda de franela y sombrero de piel de mamut, la British Airways Pipe Band, que me provocan tal sofoco que no paro de abanicarme y estoy tentada de llamar a los bomberos para que los refresquen. Seis rúas más abajo me topo con los campestres y jóvenes mozos de la Fanfare Celeste, Les Enjoliveurs, más fresquitos y musicales con aires de jazz y menos raciales, o folk en políticamente correcto, que hicieron temblequear los pies a una afrancesada como yo.

charri ferias/ 1

Mi canción favorita de Loquillo era: “Yo para ser feliz quiero un camión, llevar el pecho tatuado..., a las chicas meter mano...“, que tiene un toque canalla-truck que me pone. Y de aquella suspiraba por sus largos, largos huesos, por su gesto de: “Nena, no me toques...”, por sus americanas y sus pantalones pitillo, por sus maneras de fumador con savoir faire, y por aquel modo de agarrar la cebolla del micrófono con fuerza y desgana, con tal ímpetu y que parecía dispuesto a clavársela hasta la garganta —¡que sexy, por dios!—, y todo esto mientras cantaba aquello de “Pégate a mí...”. Toda esa concentración de chulería cantarina, me seducía, no podía evitarlo —de aquella eran mi perdición los tipos distantes, que miraban de soslayo y seguían su camino, eso sí a paso lento para dejarse hacer “En las calles de Madrid”—, y yo quería caer en los brazos de una rock and roll star, mudarme a “Barcelona ciudad”, y enloquecer con “Chanel, cocaína y Don Perignon”.

Aunque no llego al grado de fan suprema de mi Lanzarote que ya nos dejó bien clarito en El Adelanto que él no se perdía el concierto de Loquillo —la verdad, no deja de sorprenderme este hombre—, pero no fue o no lo vi para su desgracia y tranquilidad de su señora; estaba dispuesta a bailar el “Rock suave” pegada a su trasero. El que no faltó fue mi querido estanquero, allí estaba en primera fila con su flequillo ladeado enfundado en su pantalón de cuero ajustado de mediados de los 80, ¡todavía le caben!

Esa noche Loquillo no cantó ni “Quiero un camión”, ni “Madrid”—otra de mis favoritas—, pero sigue tan chulo como siempre, con las americanas en su sitio y el pantalón bien plantado, y unas tablas que dan para todo un concierto. La verdad, todo hay que decirlo, el niño envejece bien... Una pena, ahora que ya no bebo los vientos por los chulangas. C’est la vie.

lume

lume

martes 8/08/06: Cenizas ardientes, troncos a la brasa y en el suelo manzanas asadas. El humo es el aire que exigimos trece veces por minuto para ser y en tanto somos... El cansancio es el aire que respiramos trece veces por minuto.

miércoles 9/08/2006: Llega ahora el estado de emergencia: la ayuda de otras comunidades, el ejército y pronto la ayuda internacional ¿Por qué no se pidió antes? El arrebato de campanas levanta a los vivos contra la demencia infernal.

jueves 10/08/06: Ya van 50.000 hectáreas arrasadas. Zapatero pisa tierra quemada en O Campiño (Pontevedra) –a unos 500 metros del fuego de esta foto, y aniquilado horas antes—, y en diez minutos sale escaldado.

sábado 12/08/2006: Una nube de pavesas negras forra de luto el mar azul en recuerdo de los cuatro muertos carbonizados por el fuego purificador. La “famosa” trama organizada no cuaja, entre los detenidos: locos, miembros de las brigadas contraincendios o negligentes varios.

lunes 14/08/06: Primer mensaje institucional del presidente Touriño a los gallegos. Ya “sólo” quedan 44 incendios sin controlar.

martes 15/08/06: Comienzan las guerras de cifras. Después de todo, ¿qué nos queda? Lluvia y cenizas.


lume

lume

sábado 5/08/06: Ayer comenzó a oler a monte quemado. Señales de humo en el horizonte contienen mensajes cifrados que no he logrado desentrañar.

domingo 6/08/06: Sin pájaros en el cielo, sólo helicópteros cargados de nidos de agua y aviones con la panza recién saciada. El olor a eucalipto quemado ya no es un gustillo entre los sabores del tomate y los pescaditos fritos, todo sabe a eucalipto a la brasa. Un sol rojo se pone oculto por las nubes de humo: anochecer a la brasa y nocturno de sirenas.

lunes 7/08/06: Ya no hay aire, sólo humo. Es difícil respirar. El fuego ya no es una fotografía, ni un paisaje lunar tras la ventanilla del tren, está aquí al lado. Los caballos relinchan hora tras hora, gritan y desesperan. Las chamuscas vuelan azotadas por el nordeste. Arden los robles, más eucaliptos, los helechos, el limonero, los castaños, la hierba del jardín. El fuego está a la puerta y las viñas churruscadas. El agua embriaga las llamas. Los rescoldos aúllan en la madrugada insomne. Los dientes castañean de miedo. Los pasos entre ascuas levantan ampollas en los pies y dejan cenizas en los labios.

ovaciones y saludos: humo

La viuda de España. Ortega Cano pasea su dolor por las plazas de toros del solar patrio.

intrépidos

intrépidos

El pasado martes la señora Clemente, acompañada de mi Lanzarote, presentó el II Festival de las Artes que tratará de seducirnos del 2 al 17 de junio: mucho teatro internacional –tal vez demasiado-, dj’s, y precios de no perderse nada, la selección de actuaciones musicales un tanto dispersa: Kiko Veneno, Amparanoia, Asia Dub Fundation…, no llega ni a la suela de los zapatos del año pasado. Dicen que está dedicado a Brasil, pero más allá de Rua de Niteroi, Marcelo D2 o la cantante de Zuco 103 no me percato da presencia do Brasil. Mi Lanzarote tan lanzado como siempre ha afirmado que llegará a la categoría de los festivales de Salzburgo y Edimburgo. Como dicen en mi pueblo: Muchas veces, y que yo lo vea, querido!

Claro que el arrojo de mi Lanzarote todavía no ha llegado a la osadía de mi Lores que, el pasado sábado —víspera de la fiesta de os maios—, se tiró al río Lérez para dejar bien claro a la oposición y criticones que el saneamiento del río estaba terminado y el agua muy limpita. Luciendo bañador de flores, en el más puro estilo Curro en el Caribe, y aletas, el Alcalde de Pontevedra se pegó un chapuzón purificador en las gélidas aguas del Lérez, acompañado por deportistas, políticos y simpatizantes. De “impactante” calificó mi Lores la experiencia que le permitió corroborar, a pesar de las corrientes, la tesis que este esperado evento tenía por bandera: “a auga estaba fría, pero limpa”.

mal innecesario

mal innecesario

Entrar un día de diario en los juzgados de la plaza de Colón resulta una extraña mezcla de colorido racial, idiomas y acentos encontrados, pelos atusados sin reparos de gomina, carteras de piel, y zapatos de chúpame la punta y tacón de aguja por centímetro cuadrado que te despierta de un plumazo, aún a las 9 de la madrugada, ante la perentoriedad de los plazos y de los considerandos expuestos a la vista de la audiencia. Entre el aire sahariano del ambiente, un frufrú de togas y vuelillos de encaje en blanco roto, que voltean los pliegues al aire recordando el orden de los alegatos y el chiste fácil que distraiga al testigo inconsistente, comparten baldosilla con un trío de hermanos de pelo al cepillo y melena grasienta que sin abjurar han depositado a desgana las navajas en la primorosa mesita del guardia jurado tras el consabido vaciado de bolsillos. Una vieja gitana de luto riguroso, pelo negro, arrugas tácitas e inmisericordes y ojos prietos, con un pequeño arrullado entre los restos de una toquilla que fue blanca, espera su turno en el banquillo y aconseja a Marifé por el teléfono móvil con desparpajo y por lo bajinis. El hombre del abrigo de pelo de camello con un toque más in que el rancio Loden, al que tan aficionados son en provincias, masculla entre dientes la irrefutabilidad de las pruebas señaladas en los escritos de su defensa mientras tantea con mirada caduca los gestos fácticos del magistrado que con imprudencia emergente abandona el ascensor de la derecha. Delante del ventanal acorazado que nos presagia el pequeño jardín japonés, una mujer de unos cuarenta y tantos, de formas exuberantes y plácida melena rubio botellín, con jersey de canalé ajustado y pantalón de chándal rojo gira sus muñecas ab initio dentro de las esposas bajo la atenta mirada que con efecto retroactivo le imprime el guardia civil.

Testigos, reos confesos, leguleyos acicalados y presuntos culpables pasean el palmito en esta trémula mañana de febrero por la flamante nueva sede de los juzgados de Charri City apostada en el antiguo cuartel de la Guardia Civil convenientemente remozado, lustrado y puesto al día con ese toque de funcionalidad, mezcla de diseño zen y ahorro presupuestario en decoración de interiores, tan en boga, últimamente, en los modernos edificios administrativos.

dos cabreos y un pasmo

Afuera aún está oscuro, por la ventana ni un aliento de luz. Entre ondas, interferencias y sombras escucho una voz ágil, sonora, encrespada y con el ánimo de fogata en invierno: “señor Jesús no interrumpa a...” Si es la voz de mi Lanzarote, tan rotunda, tan profesional y alcaldable: “está usted acostumbrado a interrumpir... Primer aviso...” ¡Cómo le ha sentado lo de los papeles! A éste le expulsa: “Segundo aviso... Le doy el tercer aviso y está usted expulsado...”. Se acabó, el señor Jesús, concejal del PSOE, fuera del pleno abrigado por todo su grupito.

Mi Lanzarote está muy enfadado, pero muy cabreado. ¡Huy! ayer cómo estaba... al borde de un ataque de nervios. Mucha tensión en el pleno presupuestario y eso era antes del notición: “La Audiencia levanta la suspensión cautelar..." Fue una pena que la rueda de prensa la diese el señor Fernando Rodríguez, tan comedido, endulzando el comunicado y tragándose el veneno a paladas entre mordiscos de bollo maimón y pan lechuguino. ¡Qué pena!... nos hubiésemos reído un rato con mi Lanzarote envenenado y desatado como está, en plan Carmen Maura a punto de tirarse por la azotea del pisito.

Tal vez podríamos hacernos compañía y apechugar juntos con el vacío neurasténico en el que estoy metida desde este último estudio yankee –siempre hay algún informe de una universidad gringa- que ha comprobado que, en sus enormes empresas, los hombres guapos tienen más facilidades para llegar a puestos ejecutivos y de dirección, lo tienen más fácil para ser promocionados, en cambio si eres feo lo tienes más crudo. En el caso femenino, al revés: si eres mujer y quieres labrarte una carrera profesional de directiva ejecutiva, a lo Ana Patricia Botín sin ir más lejos, lo tienes negro si eres guapa, en este caso se promociona antes a las feas o normalitas con cierto toque masculino. Tal como me pintan el panorama, me veo de quitagrapas sine die y departiendo en el coffee break con feuchos sosainas con la barriguita cuajada de tapitas; toda la sección del “vogue masculino” se ha trasladado al comedor de ejecutivos, y ya se sabe: ellos las prefieren guapas pero tontis. ¡Huy perdón!, rubias, quería decir rubias.

al alba, al alba

Al final nada de helicópteros, ni grúas de alta tecnología, con dos carretillas y dos operarios y ¡hale! a trajinarse las 500 cajas desde el Archivo a los furgones aparcados en la puerta de Aníbal; bien cedo, a las seis de la mañana, y rapidito, rapidito —a las 7.18 horas legajos fuera—, con una rasca de pinganillo y cuatro insomnes de la zona para amenizar el reseco. Así de sencillín, como Carmen Calvo: en dos carretillas, si no hay nada como los útiles artesanos, los de toda la vida. Esto no se lo esperaba mi Lanzarote, él a lo grande: bolardos encendidos, bloques de hormigón en plan mediana de autopista, policía municipal desde ayer tarde... Claro que yo hubiese hecho el "saqueo" en burro, sí con dos preciosas reatas de burros para darle un toquecito a lo Bienvenido Mister Marshall, con el señor Málaga dirigiendo la recua vestido de carretero cañí y mi querido Lanzarote con su espectacular traje de charro tirando del burro por el rabo, con garra y gallardía, en un último afán por detener "el expolio".

Ahora, a mi Lanzarote, ya sólo le queda cantar aquello de: "Al alba, al alba... Quiero que no me abandones, amor mío, al alba... Presiento que tras la noche vendrá la noche más larga..."