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Emma B. El diario de una chica de provincias

la música del viernes


Lascia ch’io Pianga

Aria de la Opera Rinaldo. Händel. Incluida en la banda sonora de Anticristo, la última peli de Lars Von Trier con Charlotte Gainsbourbg de prota, que está demoledora. El otro día necesité una dosis de terrazas con soda para recuperarme de la locura del amigo Lars. Desde entonces la cancioncilla ronda por mi cabecita. No he parado de buscarla desde esa noche bergmaniana y, por fin, esta tarde he dado con ella. ¡Alabados sean los dioses!

fin de fiestas

"-Sean sinceros. ¿No les parece estúpida esta celebración de fiesta patria? ¿No les parece que hay mucha risa y mucho escote, mucho alcohol y mucha gomina, mucha organza y crema de Chantilly, mucho jazz y tabaco rubio?"

Yo, yo y yo (Monodiálogos paranoicos). Juan Filloy.

Aquí sustituiríamos el jazz por la musiquilla peliaguda, por lo demás igualito, igualito.

ciudades, graffitis y palabras

ciudades, graffitis y palabras


charrycenicienta

la bombilla


Ya tengo la bombilla de Sebastián. Ha tardado, incluso llegué a pensar que lo había soñado como cuando sueño que he perdido a misombra y al salir a la calle ahí está, sin quitarme ojo. Tras tanto esperar ya no sé qué hacer con ella, si buscarme un enchufe para amante de alto cargo que me monte un pisito; ponerla cual peineta estilo Martirio, aprovecharla como pisapapeles emulando al "pisapapeles príapo" de Man Ray pero en castrati, o donársela a Milanzarote ahora que habrá quedado a oscuras tras la última iluminación regulativa de las callecitas.

También tengo del programa de las charrifiestas 2009, y para que no me lo pierda han colocado el desfile procesional-ofrenda floral a las siete de la tarde. Allí estaré en primera fila, cámara al hombro dispuesta a fotografiar a Milanza uniformado de charro. Como no vaya le planto en el altar, y me voy con Pepiño Blanco que últimamente arrasa -siento ponerme dura Toisa, querido, pero si no este hombre me deja compuesta y sin novio-.

Estoy muy preocupada, voy a tener que dejaros desatendidos niños queridos porque con tal programa petado de acontecimientos que ha preparado Milanza: el concurso hípico, el concurso de petanca, los pasodobles toreros, el torneo de fútbol sala, la pelota a mano y el tenis, la concentración de tamborileros, la demostración aérea, Lauren Risueño y el baile de sevillanas, voy a terminar rendidiña. Uy! y aún tendré que buscar un hueco para no perderme a mis queridos Les Enjoliveurs. Tal vez la solución pudiera ser acoplar la bombilla de Sebastián a mi achacoso corazoncito y que me mantenga despierta y lúcida escribiente para contaros los pormenores de todos estos prometedores aconteceres. ¿Será posible, doctor?

ciudades, graffitis y palabras

A las 6:30 suena el despertador en el piso de arriba. Me despierto con esa sensación desasosegante de estar soñando pero no puedo recordar nada. Incluso, tal vez he soñado ese despertador. No, el agua corre en la ducha. Un hilo de luz nocturna me llega a través de las rendijas de las cortinas. Abro la ventana. Hace fresco pero no la cierro. Intento recordar el sueño. Sentir la inquietud del despertar tratando de rescatar las imágenes, las palabras -si las había-. Nada, todos han quedado dormidos. Otro día más que madrugo. No consigo quedarme dormida. A las 7:10 los pájaros durmientes en los tilos del parque comienzan a gorjear desternillados de risa. Amanece por el Este. La arañita se descuelga en picado desde la barra de la cortina. Todo sigue en su sitio.


"2:15 Acabo de tener una de las experiencias más angustiosas de mi relación con el mundo de los sueños: estar convencido de que ya no duermo, pero no poder despertarme... Sé que me despertaría si pudiera moverme y lo intento poniendo toda mi atención, pero no puedo. Estoy seguro de que, si moviese alguno de mis miembros, conseguiría dejar el sueño atrás, pero esa especie de parálisis general me impide cualquier movimiento."
Tres semanas de mal dormir. José Mª Merino.

ciudades, graffitis y palabras

Estoy en un tris de abandonar el club de fans de Milanzarote y pasarme al de Pepiño Blanco. Una infidelidad, lo sé pero tanta actividad frenética vacacional del pequeño mil homes me tiene sobrecogida. Lo mismo aparece en la plaza de toros de Pontevedra, donde es recibido por las peñas al grito de "Pepiño traenos o AVE" con ovación cerrada que deja boquiabierto y molesto al maestro en el ruedo, que se presenta en el concierto de Leonard Cohen con jersey salmón y sonrisa merengue bajo los castaños de Castrelos, que lanza el pregón de fiestas en Vilagarcía trajeado y con bronceado de la Illa de Arousa (Villa PSOE ¿recordáis niños queridos); o sale al paso del apagón veraniego de Barajas, o aclara con voz de señuelo los entresijos de los 400 € para los parados.

Tanto ir y venir, tanta fiesta y evento estival, ¿cuándo descansa? ¿Qué busca? ¿Prepara su candidatura a la Xunta?

ciudades, graffitis y palabras

ciudades, graffitis y palabras

Avda. del Che Guevara. Oleiros. A Coruña.





Hemos dejado a miss piernas a merced de los torrentes caudalosos del Paseo de la Estación, y nos hemos venido al sol. Misombra deslumbrada por tanto verde y azul, choca a cada paso con una piedra, un árbol, unha silveira, un macizo de gardenias o un campanario, resbala por la arena o tropieza con las dunas o se pierde en la rotonda del Che. Los arañazos y rasguños no la dejan dormir. Y cuando lo hace sueña con miss piernas convertida en sirena seduce a los bañistas en el Tormes.


lluvia y miss piernas



Me levanto a las siete de la mañana. Me asomo a la terraza, amanece lentamente, entre la maraña de antenas descubro un nubarrón. Vuelvo a la cama pensando que tan sólo será una nube de amanecida.

Tres o cuatro cabezaditas más tarde, a las once, me levanto. El balcón se ha inundado y sigue lloviendo. Ha refrescado y el viento trastea la ventana. No hay tormenta ni perfumes en el aire.

Miss piernas, la vecina del edificio de enfrente, sube la persiana en culotte y camiseta y abre la ventana. Unas manos ávidas la envuelven por la cintura y arrastran al interior.
Dos minutos más tarde, vuelve a asomarse y una mano sobre el hombro la barre una vez más. Busco entre los cd’s y le dedico Le toi du moi de Carla Bruni a todo trapo.

Creo que hoy desayunaré zumo y jamón.

cascabeles y olitas

Todavía no ha comenzado a calentar. Florita no le ha puesto la gorrita de béisbol verde a sus caniches, en pelota picada los lleva sin rebequita, ni abrigo. Con los ojos cargados de rimmel y labios chillones y el palmito azabache y azucena, Florita pasea calle abajo con sus perritos lanitas beiges. Ellos con sus cascabeles cantarines al trote tiran de Florita con brío y alegría: es sábado, han desayunado galletitas y corre una brisa apacible; y ella..., ella en cualquier momento comenzará a cantar: "Corre, corre caballito que a mi casa estoy llegando..." con voz de olitas del mar Muerto.

viernes kitch


"Oh Écoutez-Moi Camarade
Laisse tomber cette fille
Tu m'entends
Elle va te rendre malade
Et tu vas souffrir longtemps

Je sais bien que tu l’aimes
Tu lui as donne ton âme
Je sais bien que tu l’aimes
Tu lui as donne ton âme

Ne compte plus sur ses promesses
Elle t’aimera pas
Meme a cent ans
Elle t’a joue la double face
Elle changera a chaque instant"


Écoute-moi camarade.
Rachid Taha

Un seductor descubrimiento: Las mujeres de Van Dongen en el museo Picasso.


"Se sujetaba leve a su brazo, tan levemente como cuando bailó con él antes. Se sintió orgulloso y feliz entonces: feliz de estar con ella, orgulloso de su gracia y su porte señorial. Pero ahora, después de reavivar tantos recuerdos, el primer contacto con su cuerpo, armonioso y extraño y perfumado, produjo en él una agudo latido de lujuria. Aprovechándose de su silencio, le apretó el brazo de su costado;>>

Los muertos. Dublineses. James Joyce.

la niña del foro


Sin un mar en las ventanas pecamos en nuestras ciudades de tierra adentro. Cierto que entre las callejuelas oscuras y malolientes del Raval, entre las piedras del Borne no vemos el mar al fondo, pero su fragancia está incrustada entre el feldespato y el cuarzo, sus vahos penetran la piel venas adentro. Paseando por el Barrio Gótico, entre las bandadas de walkirias y nens locales, camino del museo Picasso de la exposición de Van Klees, cerca de la plaza de Sant Jaume, en el patio de una casona sede de algo como muy catalán, me encuentro con los restos del templo dedicado al emperador Augusto situado en el foro de Barcino. No hay nadie en el minúsculo recinto. La elegancia y grandeza de las tres columnas que se conservan me sorprende. Me asombra porque nunca había oído hablar de restos romanos en pleno Barrio Gótico, y porque ese patio sin gracia pudiese esconder al fondo a la derecha tal sorpresa.

—Impresionante! Quien se lo iba a esperar. Aquí en cada rincón... Es lindo! ¿Verdad? — me pregunta con ojos incrédulos el ejecutivo, con pelo alborotado y canoso, y voz sudorosa que acaba de llegar.

-Sí, la verdad. Es lo que menos me esperaba en este el laberinto de callejuelas.

Medio perdida sin plano, ni guía tratando de llegar al museo Picasso y zas esto. ¿Un argentino?, sin acento... pero lo de lindo lo ha delatado.

—Es lo que me gusta de España, de Europa....

Por la puerta del patio acaban de entrar un hombre rubio de unos 55 o 60 años de pasos lentos y expresión doblada como el que soporta un oscuro secreto que no puede revelar, con una pequeña de unos 12 años, de melena negra tiznada, delgaducha y desgarbada. Demasiado mayor para ser su padre pero demasiado joven para ser su abuelo. Una pareja rara. El hombre maravillado por las columnas se detiene para leer el cartel explicativo. La pequeña se sienta cerca de mí, y observa el suelo. Vuelve la cabeza y me mira. Sus ojos verdes acuosos son tristes, de una tristeza lejana y eterna. Su piel blanca y mortecina, como de enferma desahuciada me sobrecoge, los pelos de mis brazos se erizan.

Recuerdo a la niña vampira de Déjame entrar, la película del sueco cuyas huellas pisotean mis sueños desde anteayer. El amor del niño acosado por sus compañeros de colegio y la niña de sexo mutilado que se alimenta de sangre en una Suecia de nieve cegadora es de una poética estremecedora. Esta niña con su vestido de soles y mariposas de colores tiene en sus ojos la misma tristeza inmortal que la niña vampira. Se acerca, me dice algo en no sé qué lengua y señala las columnas. El argentino se ha marchado. La pequeña continua con su manita enclenque señalando las columnas. Le doy mi mano y la acerco a la columna más grande. Su mano helada estremece mi cuerpo sudoroso. Nieve en mis venas.

lazarillo


Salíamos de la estación de Hostafrancs, un rumor de letanía se acercaba desde el vagón contiguo. Dos mujeres con faldas largas, gastadas y sucias caminaban despacio entonando una bella y triste canción en una lengua lejana. La más joven de melena morena, ojos pequeños y tiernos, ejercía de lazarillo de la vieja cantante de tez raída y ojos ciegos, con una pañuelo de flores marchitas en la cabeza. Recorrieron despacio el vagón, sin enmudecer su cántico, sin reclamar tan siquiera unas monedas. Continuaron su camino subterráneo.

Decía Manuel Vicent este domingo en El País que Las mujeres de Matisse dan la sensación de que se lo están pasando siempre muy bien. El pintor las imaginaba dormidas o recostadas en un diván, desperezándose voluptuosamente, en un interior cargado de colores calientes con el mar en la ventana.

Mis mujeres caminaban a tientas en el vagón de miradas abstraídas, sin un mar en las ventanas.



noches de verano

Las fragancias de las noches de verano despiertan los deseos dormidos. Olores del jardín después de la tormenta. Era medianoche, gotas sonoras y brillantes comenzaron a caer, templadas y huecas. Vapores despiertos y deseos húmedos de noche de sábado. La lluvia arrecia. Aromas de pieles hambrientas santifican la noche de piedra dorada. Bautismo de lluvia. Promesas y deseos. Los cuerpos empapados en las escaleras de la Clerecia. Estrellas y conchas. Los sonámbulos caminan con la expresión de los seres olvidados. Olores desde de la tierra, desde los balcones; rosas, geranios, petunias, juncos, trigales, tilos y flores sin nombre ascienden por la calle Compañía. Un aviso de dios. Una promesa cumplida.

domingo silente


Es una mañana extrañamente silenciosa, el cielo cargado de grises. Los coches no suenan en la avenida, ni el taconeo de los fieles por la acera. Desde mi ventana puedo ver los pájaros madrugadores que revolotean entre las antenas. Antes de desayunar apenas eran dos, ahora he contado hasta diez. Una mañana quieta. Aire fresco de plomo tormentoso. Cuento las antenas, veintisiete. Nunca me salen las mismas, ayer eran veinticinco. Suena un teléfono en la calle, y la ducha del vecino. Subo el volumen de la música, Le jazz et le gin.