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Emma B. El diario de una chica de provincias

andando cada vez más rápido

Ya estamos en la jornada de reflexión, y apenas me he enterado de la campaña electoral, salvo por los carteles de Miguel Duran desperdigados por las aceras charris y otras menudencias. He visto la coronilla de Rubalcaba a los lejos, ronroneando por Fonseca. He escuchado algo de un Falcon volador y de unos trajes cortados al "curita". He visto un anuncio de una mujer sola y apesadumbrada en un autobús que parecía Carmen Maura en Que he hecho yo para merecer esto o en Volver.
La semana ha estado cargada de los "men in black" que pululan por el Festival de las Artes, de los aplausos rabiosos al maravilloso-violento montaje de Jan Fabre, y las palmas temblorosas y emocionadas a la danza de los Última Vez, lo mejor de la semana, que consiguieron seducirnos con sus cuerpos y movimientos sin echar mano de los nuevos zapatos mejicanos. Sí queridas niñas con los nuevos zapatitos, que no son de cristal, podréis tener al príncipe a vuestros pies con tan solo caminar, nada de madrastras y cenicientas. Los nuevos zapatos estimulan la producción de las tan deseadas feromonas que dejan tumbados a incautos fetichistas. Una camina como si nada por la calle Toro y acaba tal flautista de Hamelín con una grey de caballeros a sus pies. Los veo ideales para políticos en campaña, unos paseítos y la ciudadanía arrastrándose por el fango. ¡Las ciencias adelantan avanzan que es una barbaridad!

menú de verano

menú de verano


Gracias a Seara por su dibujo refrescante.


barquitos de papel


Hay días en que debería sacar el látigo -eso sí de terciopelo- y atizarme un rato porque me lo busco. Ya veis... con lo poco que me gusta madrugar y no desconecto el despertador, así que a las ocho menos diez no sé que individuo largaba no sé que cuentos en radio 5. He seguido amodorrada un rato por tentar a los sueños y estas cosas, pero al final ya no he podido volver a dormir. He desistido y aquí me encuentro contando mi madrugón y la noche de noctilucas nadadoras.

Ayer comenzó el 5º Festival de las Artes de Castilla y León. El evento más interesante de la noche se anunciaba así: "El viaje inmóvil. Pequeños barcos de cartón fabricados artesanalmente por los salmantinos navegarán a través del Tormes en un viaje inmóvil e iniciático, símbolo de unión colectiva."

Estas cosas del agua siempre me atraen. Yo también quería hacer mi barquito y que navegase por el Tormes. Después de la consabida búsqueda en google conseguí hacer dos barquitos de papel, uno rojo y otro marrón que quedaron muy lindos. Allá nos fuimos a la terraza del casino -enclave privilegiado a la ribera del Tormes- para cenar algo y ver en primera línea ricamente instaladas el evento.

Efectivamente, luceros que caminan sobre las aguas, barcazas con ruedas de fuego, sonido de tambores, campanas, fuegos artificiales, música con aire dodecafónico, que resonaban entre los juncos y los mosquitos y un montón de lucecitas como luciérnagas sobre el río, pero todo lejos, muy lejos de nuestra balconada. El meollo de la instalación se desarrollaba más allá del puente de hierro. Cuando todo terminó pudimos botar nuestras naves río abajo desde el pequeño embarcadero colgante, después de bautizarlas con nuestro nombre y pedir dos deseos. Ya sabéis, en estas noches de brujas, fuego y agua siempre hay que terminar pidiendo un deseo.

paracuellos

paracuellos

De pequeña fui una fiel lectora de comics y tebeos desde Capitán trueno a TBO, de mayor me pasó la fiebre, ahora con las canas a cuestas me dedico a las viñetas de mi pantalla de ordenador. De mayor uno de mis favoritos era Paracuellos de Carlos Giménez, aquellas historias de los pobrecitos niños atrapados en los horfanatos del Auxilio Social con unos dibujos tan apabullantes que me destrozaban el corazón. Creo que en el fondo me devolvían a la infancia, a la cenicienta y la bruja malvada y estas cosas, ya sabéis. Claro que no he llegado al extremo de mi amigo el banquero que se lo lee a su hija de once años que llora con las desventuras de los "hijos" de Girón. Las caritas de susto, tristeza y hambre de los niños de Paracuellos las he encontrado en un estupendo graffiti en la pared del pabellón Würzbug, en la ctra. de Valladolid. No sé si el amigo graffitero lo conoce si no se lo recomiendo, tal y como pinta le encantará el señor Giménez.

ausencias


En mi viejo catálogo de ausencias
algunas todavía me estremecen
compañeros y compañeras de ansias
de abrazos de peligros compartidos
ya no estarán irremediablemente

es como si su sangre regalada
corriera solidaria por mis venas
en busca de mi búsqueda tenaz
y así vivo muriendo
mientras el tiempo corre como un río

unos quedaron desaparecidos
otros aparecieron en sus huesos
sus palabras siguieron resonando
como si todavía nos nombraran

qué podemos hacer con las ausencias
es imposible defenderse de ellas
están ahí deshilachadamente
cual fantasmas sedientos de vivir
o crepúsculos huérfanos de noche

no hay rescate posible para las ausencias
uno sigue con ellas en la mano

y sabe que no puede abandonarlas
el mundo fue creado con ausencias
y allí estarán hasta que en un descuido
también uno pase a ser ausente


Ausencias. Mario Beneditti.

ausencia






"Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice, y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.

Tu boca que es tuya y mía,
Tu boca no se equivoca;
te quiero por que tu boca
sabe gritar rebeldía."

Te quiero. Mario Benedetti.

egoperfumes

egoperfumes

Esta mañana he pasado un buen rato olfateando en la perfumería. Comencé risueña por unas ligeras gotas de colonias japonesas en las muñecas pero no me convencían..., comprendí que me llevaría más tiempo del pensado, lo ZEN se ha vuelto más empalagoso y oscuro que el barroco francés. No tuve más remedio que repasar varias filas de estantes repletas de todas las publicidades televisivas y más... y aliñar los nudillos y las palmas de las manos con aromas de lo más variopinto; o sea que al quinto perfume tenía una melé de perfumes de mandarinas, rosas y jazmines en las manitas que me aturdía el corazón. Pero había decidido que no me iba sin el nuevo perfume. Muy a mi pesar -me gusta probar los perfumes en la piel-, con un manojo de palitos de papel en la mano retomé mi búsqueda fragante, y al final encontré Un jardin après la mousson, et oui, c’est pour moi. Eso sí me ha costado una indigestión en la pituitaria que me ha tenido a agua todo el día.

Horas más tarde paseando despistada por el cibermundo me encuentro con unos perfumistas franceses -cómo no!- EGOFACTO que después de un test divertido y coquetón te recomiendan el perfume ideal para lucir tu ego y seducir, por supuesto. Tras este análisis tan científico han llegado a la conclusión que Me myself and I es mi perfume
Su divisa: El infierno son los otros.
Su emblema: La flor de la cicuta

¿Me sugieren que aplique cicuta a esos otros infernales que me visitan, o su aroma tendrá efectos cicutarios en los otros? Una pena que no pueda salir de dudas, tendré que conformarme con mi jardín después del monzón repleto de jengibre, especies, vetiver y flores de mariposa.


"dejaban tras de sí un rastro de champú y suéteres de algodón". Guillermo Fadanelli.

poética de los escaparates

Con tanto internet, tanto facebook, tantos twitter y blogs, llevo un retraso con la prensa escrita de tal calado que aún hoy he leído el Babelia del 25 de abril. En él, Muñoz Molina cuenta en Poética de los escaparates que se había pasado "la vida embobado delante de los escaparates", cuestión con la que me sentí muy identificada y me lanzó a una lectura voraz de su artículo.

Soy otra devoradora de escaparates que se ha pasado la vida colgada de los escaparates, primero de las jugueterías, me pegaba al cristal para ver mejor y sentir más cerca todos aquellos juguetes. A los 18 caminaba y al mismo tiempo me miraba de reojo en los escaparates, curiosa y contenta al ver que todo seguía en su sitio, no me faltaba un ojo, no tenía la piel de lagarto...

Siempre me han fascinado por su capacidad para sorprenderme, por ser una especie de bola de cristal dónde tal vez podremos encontrar lo que sin saber estamos buscando. Esta última década he sentido predilección por los escaparates de las agencias de viajes, por el de Prada en Madrid -nos plantábamos pegadas al cristal, como de niñas ante la juguetería, elegíamos lo que más nos gustaba y sumábamos: ¡hala! 8000 € del ala que me llevo puestos-, por los de las floristerías en París, por los de chocolates en Bruselas y por los de las librerías destartaladas con toda clase de libros apiñados, las 1001 recetas de Simone Ortega rozando a la señorita Posadas y a lo más sesudo de Habermans. Mi última debilidad es el escaparate y la pequeña vitrina de la tienda de fotografía de la calle Meléndez, siempre que paso por esa calle no puedo resistirme y me acerco a ver sus viejas cámaras fotográficas y las fotos de Salamanca en blanco y negro; a veces me sorprende y las cambia, esa noche..., esa noche ni ceno.

He llegado al final del libro sin soñar con ratas ni una sola noche -lo que es la edad, hay que ver-. Caminaba por la calle sin hurgar las alcantarillas, sin temor a encontrarme la ratita presumida yacente entre los escombros de cualquier obra parada por la crisis. Esto porque no me he largado a NY que si no tendría que golpear los cubos de la basura en Suffolk Street para espantar a las ratas que pasean a sus anchas por las aceras. He visto pasar los muertos, el sol requemado de Orán y las reflexiones de Tarrou de lejos -será también la edad?-. Para terminar, el cenizo de Camus nos alerta:

"Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la pese no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, en los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir a una ciudad dichosa."

En fin, lo mismito que dijo dña. Rosalía: "Cando unha peste arrebata, homes tras homes, non hai máis que enterrar de presa os mortos, baixala frente, e esperar. Que pasen as correntes apestadas...¡Qué pasen.., que outras virán!


olvidados

Supongo que estos tiempos de mascarillas, aislamientos en hoteles, miradas temerosas cada vez que escuchamos hablar con acento mejicano, me han recordado al libro de Camus, La Peste, de todas aquellas ratas que poco a poco fueron tomando las calles de Orán, de las pesadillas y la mezcla de asco y temor que me produjo a mis quince años.

"La mañana del 16 de abril, el doctor Bernard Rieux, al salir de la habitación, tropezó con una rata muerta en medio del rellano de la escalera. En el primer momento no hizo más que apartar hacia un lado el animal y bajar sin preocuparse."

Rebusqué entre las cajas de libros y allí encontré el viejo libro traducido por Rosa Chacel, nada menos!, con mi nombre en la primera página, las hojas subrayadas y llenas de anotaciones y referencias a las páginas del libro en francés que les correspondían -sí, lo confieso, niños, lo compré para zafarme de las traducciones-. No conservo el original en francés, que era una versión reducida, pero recuerdo perfectamente su portada: un dibujo antiguo de un médico de la peste con sombrero de ala ancha, gafas y máscara con una nariz enorme en forma de pico de pájaro.

He vuelto a leerlo, y creo que, ahora, lo que más me impresiona son las descripciones de la ciudad. En el libro confinan a los infectados en campos de futbol: "Todos los que Tarrou observaba tenían miradas errantes, todos parecían sufrir de la separación de aquello que constituye su vida. Y como no podían pensar siempre en la muerte, no pensaban en nada. Estaban vacantes. "Pero lo peor -escribía Tarrou-es que están olvidados y lo saben. Los que los conocen los han olvidado porque piensan en otra cosa y esto es comprensible. Los que los quieren los han olvidado también porque tienen que ocuparse... Y en fin de cuentas, uno ve que nadie es capaz de pensar realmente en nadie, ni siquiera durante la mayor de las desgracias."

sonría, por favor!

Últimamente abunda la gente desagradable o no sé..., parece que todos los bordes se cruzan en mi camino. Ya casi nadie es agradable, bueno, miento quedan algunos restos por ahí sueltos, raros ejemplares de simpatía en tiempos de mascarillas. El ferretero de mi barrio, que todavía usa mandilón azul marino y goza siempre de buen humor, cuando le pides un descuento en la plancha que piensas comprarle te piropea con alguna lindeza del estilo de: ¡Cómo no te lo voy a hacer, si me lo pides con esos ojazos! Me pongo colorada hasta el riñón, y me voy más contenta que unas pascuas, con el ánimo por las nubes, pero con la planchita más cara de toda la ciudad.

Esta mañana el típico enano profesional con cara de ratón —llámese ingeniero, abogado o arquitecto, da igual todos cojean del mismo pie, el de la tontería— con motazo "que cagas" para el verano y autito de marca para el invierno ha cargado el ambiente de despachos y pasillos de pomposidad provinciana, autosuficiencia euclídea y colonia con aroma de "soy tu hombre irresistible" que he necesitado un café de dos horas y un cigarro para calmar la ciática que se había sublevado de cuajo.


lunes afrancesado

lunes afrancesado

25 de abril


"À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade
Jurei ter por companheira
Grândola a tua vontade
Grândola a tua vontade
Jurei ter por companheira
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade"

Grandola Vila Morena. Jose Afonso.

cipreses

Fresas, tostadas con aceite y café, era el comienzo de un largo día de abril. La calle extrañamente silenciosa.

Los soportales de la Plaza una colmena de niños, mujeres, varones y de libros vapuleados por el sol. Un paso a la izquierda, de bruches caen mis pupilas castigadas sobre El niño del pijama de rayas, El extraño caso de Benjamin Button o la reedición de Paracuellos, estupendas historias comiqueras de los niños del Auxilio Social de Carlos Giménez. Niños de cara estrecha, ojos asustados y pelo pincho.

Tres pasos y un traspiés en las canillas, más niños con pijama, más Ken Follet y, ¡oh, sorpresa!, La Historia de España de Vidal y Jiménez Losantos. Intento alcanzar el siguiente puesto librero, un joven con cara lelo y nariz despistada me empuja de lado. Dos pasitos, una parada, medio empujón, cinco transeúntes esquivos, los Cuentos de Aldecoa, ni rastro de las Obras Completas de Shakespeare: "Están agotadas". Lo que me faltaba por oír, Shakespeare agotado... Un niño tira con fuerza del bolso y me confunde con la mama, dos jóvenes ojean el último Menkell, dos pisotones, un otear el puesto de las reliquias usadas, más calor, el sol en los Artículos de Larra, la frialdad en los gestos de los visitantes, el sudor en las manos escarchadas, ansiedad en la boca que bosteza, inquietud en la mirada acorralada. Y allí está enorme, entre los restos de colecciones, con pastas duras, letra menuda, y diez años a cuestas: El libro del desasosiego de Fernando Pessoa. Me regalan un marca páginas de Larra y en estampida atravieso la Plaza hacia los quietos cipreses de la plaza de La Libertad añorando los Cuentos Completos de Poe.

"En estas impresiones sin nexo, ni deseo de nexo, narro indiferentemente mi biografía sin hechos, mi historia sin vida. Son mis Confesiones y, si nada digo en ellas, es que no tenga nada que decir.
¿Qué tiene alguien que confesar que valga o que sirva? Lo que nos ha sucedido, o le ha sucedido a todo el mundo o sólo a nosotros; en un caso, no es novedad, y en el otro no es cosa que se comprenda. Si escribo lo que siento es porque así disminuyo la fiebre de sentir. Lo que confieso no tiene importancia, pues nada tiene importancia. Hago paisajes con lo que siento. Hago fiestas de las sensaciones. Comprendo bien a las bordadoras gracias a la amargura, y a las que hacen punto de media porque hay vida. Mi tía vieja hacía solitarios durante lo infinito de la velada. Estas confesiones de sentir son solitarios míos. No los interpreto, como quien usase cartas para saber el destino. No los ausculto, porque en los solitarios las cartas no tienen propiamente valor. Me desenrollo como una madeja multicolor, o hago conmigo figuras de cordel, como las que se tejen entre los dedos estirados y se pasan de unos niños a otros."
El libro del desasosiego. Fernando Pessoa.


un día

Comienzo el día. El día es el cartero que llama en mi casa pero se ha equivocado de piso.

Un par de horas más tarde, el día es un chulo en un coche tortuga que casi nos atropella en un paso de peatones y semáforo verde.

A las dos, el día es el estanquero que no puede venir a tomar el Perucchi porque ha quedado para fornicar.

En el sillón, el día es Milanzarote que se va Cuba! en viaje de trabajo (qué venga moreno, por dios!, ese tono cadáverico no le sienta nada bien)

El día son las palabras ocultas, las canciones y las voces.

Con esta oscuridad ya no hay día. Hay un anuncio en la tele que dice que somos todo lo que hemos visto… Borges decía que “Somos todo el pasado…”. A estas horas soy todo pasado y sueño.

memorias

Llegaba decidida a todo, a abrazar las esquinas, a besar el asfalto, a encontrar hermosas las miradas, las sonrisas, los pasos, los maniquíes de las tiendas, las puertas rotas, los remiendos de las fachadas caducas y vencidas, olfateadas de perros, frotadas de gatos y ausentes de palomas. Había decidido dentro de sí la urgencia de agarrarse con las dos manos a todo lo que había huido desde tiempo remoto, pues todo para ella había consistido en llegar, cambiar, echar a andar, encariñarse e irse. “Las cosas de los mortales todas pasan…”

Memoria de la melancolía. Mª Teresa de León.

14 de abril




Tal vez
si te hubiera besado otra vez
ahora fueran las cosas distintas
tendrías un recuerdo de mí

Pero tal vez
si tú hubieras hablado a mi amor
te tendría aquí a mi lado
y serías feliz

Tal vez
si al despedirte d mí
tus manos tibias
hubieran tocado mis manos
diciéndome adiós

Tal vez
si tú hubieras hablado mi amor
te tendría aquí a mi lado
y sería feliz

Tal vez
si te hubiera besado otra vez
ahora fueran las cosas distintas
tendría un recuerdo de tí

Pero tal vez
si tú hubieras hablado mi amor
te tendría aquí a mi lado
y serías feliz

Tal vez
si al despedirte de mí
tus manos tibias hubieran tocado
mis labios diciéndome adiós

Pero tal vez
si tú hubieras hablado mi amor
te tendría aquí a mi lado
y sería feliz


¡VIVA LA REPUBLICA!

presagios


Paolo Conte - Azzuro
Cargado por midu92

Mi amiga, la Pitonisa, está muy preocupada desde el terremoto de Abruzos. “Otra señal. Y tan cerca la luna llena de primavera, algo va a pasar. Otro aviso. Nos vamos acercando al 2012“, decía sobresaltada. Pasó el jueves sin pena ni gloria. Hemos padecido el tradicional frío de pasión y unos regueros de “chuvia a enchentes“. Esto no es una señal de las estrellas ni del cambio climático, chata, más bien cumplir con la tradición.

Cada año que pasa la Pito temblequea más pensando que nos acercamos a la fecha fatídica en que termina el calendario maya (diciembre de 2012). “Coincide con un momento astronómico en que nuestro sistema solar pasará “cerca de un agujero negro lo que ocasionará graves alteraciones en nuestro planeta: terremotos, etc.” me explica con profusión exaltada. A su cóctel milenarista la Pito le añade de un tiempo a esta parte gotas generosas de crisis económica. Otro ingrediente convulsivo que la mantiene llena de incertidumbre y peores augurios, aparte de no perderse las páginas de economía.

“Niña“, me dice poniendo cara de visionaria experimentada, “la Salgado no solo necesita chubasquero, necesita la bola de cristal de Alaska, y que pasen tres añitos y medio. Ya verás, volveremos al campo como los chinos”. No puedo evitarlo observo mis macetas macilentas, la miro a ella con seriedad estupefacta y remato con esperanza: bueno, parece que el perejil se me va criando…

la partida

la partida


La partida de Max Beckmann.

"El cuerpo atado es parte de uno mismo, es el cadáver de los recuerdos, errores y fracasos, el asesinato que cada uno de nosotros comete en algún momento de su vida. Al no poder el hombre librarse jamás de su pasado tiene que cargar para siempre ese cadáver; en tanto que a su lado la Vida toca un tambor." Así explicó el pintor la tercera parte del cuadro.


"Un novelista es alguien que oye voces a través de las voces. Se mete en la cama y de pronto esas voces lo obligan a levantarse, a buscar una hoja de papel y escribir tres o cuatro líneas, o tan sólo un par de adjetivos o el nombre de una planta. Esas características, y unas cuantas más, hacen que su vida mantenga una notable semejanza con la de los dementes, lo que para nada lo angustia; agradece, por el contrario, a las Musas, el haberle transmitido esas voces sin las cuales se sentiría perdido. Con ellas va trazando el mapa de su vida. Sabe que cuando ya no pueda hacerlo le llegará la muerte, no la definitiva sino la muerte en vida, el silencio, la hibernación, la parálisis, lo que es infinitamente peor."

El oscuro hermano gemelo. Sergio Pitol.

mi lulú


Holly dice que los perritos acaban pareciéndose a sus dueños -nena!, por dios no te compres esa mezcolanza de perro y cerdito, eso no le sienta bien a nadie-, y me he acordado de mis amigas las súper-ejecutivas, que trabajan 24 horas, y de su perrazo de pedigrí que pasa los días en un estrés permanente: ora jugar con el hueso, ora carrera por el pasillo, ora saludos en el balcón, ora lamer las pretty ballerinas de sus amas, ora hincar el diente a los chucho-chuches, ora sesión de peluquería, y tras una jornada maratoniana cae rendido a los pies de mis superchicas, agotado, sin ánimo para carantoñas, juegos y placeres varios, sofronizado con la tele.

Desde entonces, todo estos días en mis paseos de siesta, cada vez que veo un can con su paseante trato de buscar el parecido. Hay mujeres escuetas con perritos de juguete, hippies de pachulí -el perfil de hippie no está completo sin el chucho de marras, lo he verificado- con perros pulgosos, familias de fin de semana con perros guardianes, solitarios paseantes con canes ensimismados, adolescentes a la última con perros de trapo. Pero lo más de lo más son las juveniles fashion que pasean su ardilla, hurón o algo parecido, amarrada a la correa por los jardines de la Avda. de Salamanca. Hoy me toca sacar a mi lulú inexistente (que tiene su avatar, faltaría mas): “Tras ella corría un blanco lulú. Después, varias veces al día, se la encontraba en el parque y en los jardincillos públicos. Paseaba sola, llevaba siempre la misma boina y se acompañaba del blanco lulú. Nadie sabía quién era y todos la llamaban la dama del perrito”.