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Emma B. El diario de una chica de provincias

me acuerdo

me acuerdo

Me acuerdo de las tardes de domingo comiendo pipas en la plaza de los camelios.

Me acuerdo de los domingos en la playa, el agua siempre estaba fría y la tortilla siempre ríquisima.

Me acuerdo de los interminables domingos lluviosos.

Me acuerdo del pequeño supermercado de madera con su toldo de rayas blancas y azules.


déjà vu

En el TRD a Madrid me entretuve en releer unos relatos de Pitol, y ni tan siquiera me di cuenta que ella se había sentado frente a mí, al otro lado de la mesa. El olor a caniche mimado y madurita madrecanes logró distraerme de los vaivenes temporales de Nocturno de Bujara. Subió en Ávila con su bolsa porta-canes y un bolsazo. La mujer era menuda, de pelo corto, blanco y encrespado, y pantalones de cuero marrones. Con disimulo, mirando hacía mí a través del parpado, como si fuese a liarse un porro, rebuscó varios minutos en aquel pozo de los deseos -como para encontrar nada en ese pozo- hasta encontrar una toallita de manos que con primor extiende sobre su regazo. Entreabrió la bolsa y como si de un mago se tratase sacó un yorkshire terrier -yorkie para los amigos- con abriguito verde pistacho, y lo acomodó en la toallita con las patas traseras dobladas y las delanteras estiradas, en pose de otear el horizonte.

No podía dar crédito ¿estamos en el mes del perro? ¿son señales del destino? En apenas dos días los canes y sus dueñas me persiguen. ¿Tiene algún sentido oculto? En el viejo tren de Varsovia a Cracovia, al estilo de nuestro tradicional tren expreso nocturno Madrid-Galicia, una mujer mas ruda, más matrona y mal encarada me sorprendió con la misma operación, otro yorkie en el regazo sobre una toallita más raída y descolorida. El perro de la polaca -kalish o algo así, no era precisamente el tipo adecuado para aquella sargento-, la toalla y la miss desparramaban un hedor pises que amenazaba mi integridad durante las próximas tres horas ruta en aquel departamento cargado de olores y viajeros, con ventana y puertas cerradas. No me quedé quieta, en mi inglés más fino y académico pregunté si podía abrir la ventana, ante el silencio abrí antes que el mareo me trincase. Miss Polski ordenó al viajero taciturno y éste la cerró sin rechistar . Al rato entró el revisor, ni se inmuto ante la presencia del perrito. Mi última esperanza esfumada. Ya sólo me queda el bar o el pasillo. El perfume canino y a rancia pudiero con mis normas de viajera prevenida, abandoné la maleta a su suerte y pasé el resto del viaje en el bar-restaurante al abrigo de los aromas de la comida que se engullían dos japoneses.

El yorkie ladeaba la cabeza, rebullía pizpireto atento a las palabritas de la seño. Me escondí entre las callejuelas de Bujara temiendo respirar. Media hora más tarde apareció el revisor. “Señora no puede llevar el perro aquí, tiene que meterlo en la bolsa“. La mujer se hacía la remolona. “Mira lo que dice el señor, jeje”. Mi querido revisor no se movía. No tuvo más remedio que guardar a yorkie en la bolsa. “Le decíamos, por ejemplo, que al anochecer el aleteo y el graznido de los cuervos lograba enloquecer a los viajeros…”


Las walkirias en bikini toman el sol a las orillas del Tormes. Los chopos apenas han brotado. Los juncos todavía secos y los árboles de invierno. Necesito una sombra!

la rubia del viernes 13

 

 

 

 

 

 

 

 


Es viernes 13. Una mañana de cielo azuleño y aire primaveral. Es la hora del vermouth, me acomodo en la terraza del Novelty con la nariz al sol, los ojos bajo las gafas, y en las manos El Adelanto, suspirando por el último titular de MiLanzarote, y suspirando por un cigarro al vuelo.

A los diez minutos, sin tiempo para saborear el primer sorbo del Peruchi —recomendación de mi amiga OjosdeGata, una auténtica adicta que contagia—, una morena y una rubia asoman por sotavento. La rubia, muy rubia, ojos azules borrosos entre las capas de rimel, con rayas negras y sombra gris cargada en los párpados como las modelos de mirada siniestra y perturbada de Vivienne Westwood. Sobre unos osados taconazos y con pantalones acampanados bordados desde medio muslo a lo mantón de manila, la rubia arrastra tres!! canes: dos perritos y un chucho color canela. Con horror sospecho que los pasitos de la rubia se encaminan hacia..., aquí. Los perritos tiran hacia la izquierda, el chucho al frente, ella trata de encarrilarlos, cierra el puño con fuerza, levanta la mano izquierda, titubea, agarra las correas también con la izquierda. Las dos manos al timón de aquella reata canina.

Bebo mi primer sorbo de Peruchi temiendo lo peor. “Este néctar divino me traquilizará”. Zas!, garganta abajo. Su dulce amargo vela mi resquemor. El rasputín enano con fundita de tartán se acerca a mi pie derecho. Horror! Un trago de Peruchi desperdiciado. Un mañana tan primaveral, tan de luzdivina. Iba a ser la mañana de la flor del cerezo, en el lado soleado de la plaza, los transeúntes que van y vienen, pequeños sorbos de Peruchi... ¡Dolce far niente! Ahora, el chou-chou olfatea mis zapatos, me tienta, ni lo miro.

Ya está, no hay vuelta atrás. La rubia se sienta en la mesa de al lado, ¡a mi vera! Apenas nos separan treinta centímetros. Me mira, ni sonríe. Vuelve a mirar. Ata en corto a los perros. El chucho canela me observa de lejos con hocico altivo. Necesito otro trago. “Calma, nena, no ha pasado nada. Esta pandilla no te va a chafar el Peruchi.” Respiro lento, miro al cielo, templo la mano, es la una y media en el reloj de la plaza, alzo la copa, brindo al sol y paladeo con delicadeza mi auténtico primer trago de Peruchi.

El chou-chou y el yorkshire juguetean debajo de la mesa de la tentación rubia. El chucho se planta en jarras entre la silla de la rubia y de la morena, guardián entre el centeno. La rubia abandona una cajetilla de Lark encima de la mesa. Se acomoda el pantalón y el jersey azul cielito. Enciende un cigarrillo. Un trago largo a mi Peruchi entre el humo dulzón del Lark. El camarero carameloso trae una tapa de patatas fritas al chucho que se agacha y le deja su puesto entre las hembras. Me arrellano en la silla, ojeo El Adelanto..., nada, de MiLanzarote punto en boca. Trago largo y buena suerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

otra de ellas

La fiscalía "de momento" no ve indicios para remitir la causa de corrupción al Supremo. Cerré El País. Pagué. Salí del café. En la plaza de Los Bandos, hacía frío. Eran casi las diez de la noche. El día terminaba y acababa de enterarme del notición de la jornada. “Si la fiscalía fuese chica, otra más para el clan de momento.” Pensé. “Ella todavía no lo sabe pero su destino está marcado.”

Las chicas del de momento somos expertas en bandazos masculinos, unos vienen y otros van –que dice ¿la canción?, la poesía?, no sé..., ya no me acuerdo-. Cada vez que un nuevo amor llama a nuestros sentidos, nos preguntamos unas a otras, a pesar de nuestros diferentes enclaves planetarios: ¿cómo se llama?, qué hace?, es guapo? y la pregunta del millón, la clave de toda esta trama: ¿y cómo te va? La respuesta siempre la misma: “Bien, de momento, bien”. Claro que más pronto o más tarde todo se complica, su señora lo ata en corto y los hijos pesan, no acaban de romper con la ’mamma’, no aguantan un quítame allá esas pajas, necesitan seguir seduciendo..., todo se balancea y termina rompiendo.

Un tiempo impreciso -eso sí- más tarde volvemos a los maravillosos momentos del comienzo, a la ilusión y las preguntas. Por supuesto vuelve el de momento. Da igual que ellos sean madrileños, alemanes, franceses, brasileños, gallegos, charros, argentinos, extremeños o suecos.

Este lunes, el asteroide 2009 DD45, de un tamaño estimado entre los 21 y los 47 metros, ha pasado ‘rozando’ el planeta. Su impacto desprendería una energía similar a 1000 bombas atómicas como la de Hiroshima. Este asteroide volverá a pasar cerca de la tierra, pero no se sabe cuándo.
Menos mal!, de momento, sólo ha rozado.

Siempre, de momento?

casi, casi, primavera

La primavera se va acercando. No hay duda: los callos pican, la piel se enrojece en una pantorrilla sí, en la otra no; aparecen eczemas en los sitios más insospechados; la sangre bulle, queridos niños. Esto mismo parece que le acontece a mi MiLanzarote, que se ha despachado con alegría primaveral contra su opositor el señor Fernando Pablos: “Ha pasado de ser el recadero de Melero –al que compraba los chicles ahora que ya no fuma– y ahora se ha convertido en un monosabio”. Hay que ver, después de este frío y soso largo invierno, llegamos a marzo con la jarana festiva de MiLanzarote para animar el cotarro. Si no hay como este hombre...!

El clan socialista está de los nervios ante tamaño insulto. Y Misombra dice que su NandoPablos no lo merece, con esa carita de aplicado que tiene, que ese bestia se lo va a mustiar. "Niña, que todavía no ha florecido.", le aclaro, más que nada porque Nandito no es ni por asomo mi tipo -a mí me van los tipos duros- y por incordiar, claro. "Y además que se espabile. Que le diga a MiLanza que..., no sé..., que él es el recadero de..., de...., Esperanza Aguirre?" A ver si así animamos este final de invierno. Por favor, señores, el vulgo y yo lo necesitamos con toda esta crisis por los rincones.

setenta años ya

Antes de ayer se cumplieron 70 años de la muerte de Antonio Machado.

En el bolsillo de su guardapolvo, su hermano José encontró un papel arrugado, con sus últimos versos de caligrafía temblorosa:

Estos días azules y este sol de infancia.

Y éstos algunos de mis favoritos:

Tus ojos me recuerdan
las noches de verano
negras noches sin luna,
orilla al mar salado,
y el chispear de estrellas
del cielo negro y bajo.

Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.
Y tu morena carne
los trigos requemados,
y el suspirar de fuego
de los maduros campos.
.../...
De tu morena gracia,
de tu soñar gitano
de tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.
Me embriagaré una noche
de cielo negro y bajo,
para cantar contigo,
orilla al mar salado,
una canción que deje
cenizas en los labios.
.../...

Inventario Galante. Antonio Machado

una de san valentín

No hay nada como darse una vueltecita por Galicia estos días de campaña electoral. Te encontrarás seguro con esos enormes cartelones publicitarios en los que el guapiño de Feijoo te traspasa el achacoso corazoncito con sonrisa cautivadora, ojines de terciopelo y labios de Clark Gable —nada que ver con el sosaina de Herrera. Todavía tengo pesadillas con aquellas vallas publicitarias que daban más susto que el lobo a Caperucita—. Nuestro Feijoo es todo un gentleman con sus trajes de corte anglófilo, el consabido paraguas, imprescindible con las que están cayendo, sólo le falta el bombín a lo Mr. Steed de la serie Los Vengadore. Le sentaría divinamente, seguro, hasta soy capaz de jugarme las ruinosas acciones del Santander.

No me extraña que le lluevan admiradoras a lo largo y ancho de todas las galias; incluso verdaderas enamoradas que no tienen pudor en contar los entresijos de su amor en un blog. Ilovefeijoo.blogspot.com es el rincón de una lucense, estudiante de Veterinaria -o eso dice ella, vete tú a saber—, locamente enamorada de Sir Feijoo.

El suyo es un amor platónico “que me anima, que me fai prestarlle atención, que me mobiliza...”. Nuestra namorada lo tiene claro “El quiere mi voto y yo le quiero a él”, aunque lo suyo no es comunión ideológica a lo Soraya, ni arribismo, “a mí esto de la política no me gusta mucho, lo que me gusta es él, su mirada, sus ojos, lo que dice, cómo lo dice...”.

Ella bien podría hacer suya aquel verso de Miguel Ángel:
“¿quién me defenderá de tu belleza?"

Ciberinspiración

Hoy, con este día tan soleado, he logrado descongelarme de todo. Claro, que Misombra continua hibernada en la nevera “esperando tiempos mejores” dice.
He tratado de convencerla con dimes y diretes, con cine y poesía, pero ni este nuevo invento de la poesía asistida por ordenador lo ha logrado. Sin embargo, mis días han pasado veloces gracias a esta nueva “ciberinspiración”. Pones un verso, lo sacudes y ¡zas! otro verso. Si hay suerte tiene su punto de gracia pero la más de las veces disparata.

El terror de los pasos persigue mis sueños. Un agitar y...

El terror de los avances persigue mis sueños
(qué soso!)

Probemos con un toque de Machado:
“de tu soñar gitano”. Sacudimos y...

De tu imaginar iconoclasta
(¿?, si suena a tratado de Menéndez Pidal)

Veremos que dice la cibermáquina de este verso de la gran Marina Tsvietáieva:

“Malos presagios: herrumbre y hojalata”. El gran sacudón y...

Los presagios atroces: cima de oxidación y taponazo
(¡jua, jua!, tiene su gracia, cáustica...)

Y ahora probemos con un clásico amoroso nerudiano:

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche". Sacudimos de nuevo, y...

Puedo mano los versos más en estancamiento esta oscuridad

(¡jesús, qué ruina, qué destrozo! Esto empieza a cabrearme. Les dejo que se entretengan un rato. Y me dejen las muestras de los versos del sacudón.)


trabalenguas


—No corras tanto, no puedo con todo, me tienes deslomada.

-Calla, tonta, y apura que se nos van a descongelar el pescado.

-¿A descongelar qué...? Ilusa, con el frío que hace aquí no se descongela nada. Estaríamos más a gusto en la sección de congelados, entre las bolsas de espinacas o las rodajas de atún del Mercadona. Casi vuelvo y me instalo. —Opina Misombra toda llena de razón.

El gélido ambiente invernal acompaña al clima del momento: congelada la economía, congelada la crisis, congelado Zapatero –hasta las cejas han abandonado el tradicional pico por un punto de inflexión-, congelado Rajoy, congelada la banca, congelados todos. Los congelados el producto estrella del momento. Y mi querida Espe: “Mira como tiemblo.”

Caminamos otro trecho más por la Avenida de Los Cipreses, bordeamos la rotonda, cruzamos, seguimos calle abajo, subimos la cuesta y ya estamos congeladas.

El momento está congelado. ¿Quién lo descongelará? El descongelador que lo descongele buen descongelador será.

tres mujeres y un plan

Era una fría madrugada de invierno de mantita y televisión. El señor Sánchez Dragó, en su programa “Las noches blancas”, entrevistaba a Carmen Posadas, una señora con apariencia de señorita pulcra y modales de internado suizo, a propósito de su último libro, La cinta roja, una biografía novelada de Teresa Cabarrús, noble de belleza deslumbrante que ayudó a Napoleón al comienzo de su carrera, en momentos de miseria y escasez; incluso le regaló una casaca, hecho que éste olvidó y no perdonó, según repitió varias veces a lo largo de la entrevista.

La siguiente entrevistada era Reyes Monforte, autora del libro, Amor cruel, que cuenta el caso real la abogada valenciana, Mª José Carrascosa, encarcelada en USA acusada de raptar a su propia hija.

Y para finalizar, la señora Isabel San Sebastián presentó Astur, una novela histórica ambientada en el reino de Asturias, en el siglo VIII, con la que pretende recuperar y defender la España visigótica y cristiana.

Las señoritas Posadas y San Sebastián se han decantado por la novela histórica, muy de moda en los últimos años, cada una en su estilo. La primera, como muy bien imaginan queridos, en una onda más glamurosa, más de savoir faire, y totalmente afrancesada. La segunda en un tono de “sagas irlandesas” o “leyendas germánicas” –en palabras de la autora-, más épico, vaya; reivindicando, of course, la España visigoda como germen de la España actual, y cristiana.

Merece destacar el semblante complaciente, la mirada fisgona y coqueta por encima de los lentes, a mitad de nariz, de nuestro ínclito Fernando. Todo un despliegue de las mejores sonrisas, toqueteos de buenas palabras y demostraciones de inmejorables maneras convirtieron la madrugada en un peloteo empalagoso muy de tarde de domingo. Muy complaciente el señor Sánchez Dragó con las chicas.

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Otro de mis favoritos del museo, el De Soto Airstream S, 1935.

El coche ideal para escuchar frases como éstas:

-Caput, nena, lo nuestro se acabo. Además, ya sé que has matado a Johnson.

"-Es buena chica -me dije a mí mismo mientras conducía-. A cualquier tipo le conviene una buena chica.
Nadie contestó.
-Pero a mí no -dije.
Nadie, nadie contestó."
Adiós, muñeca. Raymond Chandler.


"-Caramba, caramba, el señor Tío Duro en persona. ¿A qué debemos tal honor?
-Umney me está esperando.
-Señor Umney para usted, compañero.
-Y Umney a secas para usted, hermana.
Montó en cólera inmediatamente.
-¡No me llame “hermana”, detective barato!.
-Pues no me llame “compañero”, secretaria carísima. ¿Qué piensa hacer esta noche? No me diga que sale otra vez con cuatro marineros."
Playback. Raymond Chandler.


(gracias a mh por su foto)

quizás, quizás, quizás

Como era un domingo frío, de viento alocado que revolvía el pelo y levantaba los copos hasta las nubes, me fui a pasear por la orilla del Tormes, a la zona de entrepuentes. Cuando los copos volteaban unos tras otros histéricos, me refugié en el Museo de Automoción. Un edificio feo y desgarbado al lado del antiguo molino de harinas.

En el museo hay coches por un tubo –mi hermano quedaría subyugado- incluso antecedentes remotos de nuestro imprescindible cuatro ruedas: nostálgicos "Topolino" de las películas de neorrealismo italiano o el "1500" del desarrollismo patrio.

Uno de mis favoritos es el precioso Mercedes-Benz 320 descapotable traído a España por el cónsul alemán en Sevilla durante la guerra civil. Ahora en el museo bien cuidado y a salvo de balas, pero tal vez antes había venido a la ciudad. Tal vez Salamanca no es nueva para él. Quizá ya había estado aquí cuando los alemanes tenían su cuartel general en el Palacio de Orellana. Quizá paseó a Carmen Polo por las calles cercanas al Palacio Episcopal o la plaza de los Bandos en busca de algún anticuario o joyero. Quizá trasladó al señor Millán Astray con su parche de pirata al aula magna de la Universidad para pronunciar su airado discurso. Quizá escuchó las palabras de Carmen Polo al tuerto de La Coruña para que no enviase al pelotón de fusilamiento al señor Unamuno. Quizá, incluso, fue testigo de los jadeos lujuriosos del tuerto y la cupletista de moda.

tras los pasos


—Rubia, ¿ese tipo de la mesa, el que lee el periódico no te suena de nada? No te quita el ojo —Susurró Misombra semanas atrás. No lo conocía de nada pero el aviso y su buena planta me sirvieron para echarle un par tejos, una tarde de café sosa e invernal.

—¿Has visto ese Ford Mondeo plateado? Lleva bastante rato detrás de nosotras. —Apuntó nerviosa una tarde que volvíamos de Peñaranda.

—Ese coche blanco lleva más de una semana aparcado en el mismo sitio, ahí enfrente ¿lo ves? —me informó a los pocos días. Será de algún vecino, pensé.

—Este fin de semana, que me has dejado tirada como de costumbre, te han llamado no se cuantas veces pero no han dejado mensaje. Esto no es normal. —Me contó con aire de reproche Misombra.

—Hoy han llamado varias veces al timbre. Primero en el telefonillo y luego en casa. Y yo aquí sola guardándote las espaldas. Niña, esto ya pasa de la raya, demasiadas coincidencias —Se apresuró a anunciarme nada más llegar del trabajo. Empiezo a preocuparme.

Han abierto mi buzón, dentro no queda nada ni un papelillo del Pizza Hut. Se lo cuento a Misombra que corre alterada pasillo arriba, pasillo abajo, gimoteando:

—Te lo dije, te lo dije. ¡Nos vigilan! ¿En qué andas metida? Nunca me haces caso y así te va.

Tengo una pesadilla espantosa. Camino por la Avda de Portugal, otra vez en obras, no hay más que zanjas, barro, tuberías tiradas y vallas por todas partes. El hombre del bar me sigue los pasos. Siento su aliento en la nuca, y sus manos rebuscando entre los papeles de mi cartera. De repente me empuja a la zanja. Una tubería rugosa y caliente se enrosca en mi garganta. Me despierto con un sofocón terrible con las manos en la garganta y la frase de la semana todavía repitiéndose en mi cabeza: "Quién vigila al vigilante".

traqueteos y recuerdos


Era un tren regional lento y sucio.
La mujer tendría unos sesenta años, el pelo color paja reseca en pleno julio, la cara marcada por unas arrugas demasiado profundas para la edad que minutos más tarde acabará confesando.

—¡Qué pesado se hace este viaje! Fíjese yo vengo del AVE. Zaragoza Madrid en una hora y quince minutos. Salí de Zaragoza a las 5, y a las 6 y cuarto en Madrid. En cambio a Salamanca casi tres horas. En el AVE se viaja estupendamente, no hace este ruido. Esto le levanta a uno dolor de cabeza.

—Yo vengo de Sevilla. Sevilla, Madrid en dos horas y media...! —Le contesta su compañero de fila. Suena El Corral de los Mojinos Escozios en su móvil— Dime. No, estoy en el tren. A Salamanca...

(De un tiempo a esta parte, los pasajeros de los trenes se dividen en los que han viajado en AVE y los que no.)

“Era un tren largo en el que lo habían metido aquella tarde. A través de la ventana la vio irse, alejarse, desparecer. Y de nuevo volvió a lo que había tenido antes de encontrarla. Ella ya no estaba allí, ni su cara, ni sus ojos, sólo había silbidos y ruido y un futuro en el que arderían ciudades enteras.” Vida privada. Nina Berberova.

Hace años en un tren expreso París-Madrid con muchos túneles para arrullarse y demasiadas horas para no pensar, M. regresaba casada con Omar, un turco enjuto de pequeños ojos renegridos y asustadizos y pelo rizado al que había conocido un mes antes en un banco de la Place des Vosgues. Siete meses más tarde en otro tren muy largo, él volvía a París sin ella con un reflejo verde en sus pupilas, las manos gastadas y un tufo a aguardiente entre los rizos.

al abrigo de la escarcha


Todavía era de noche cuando Sara salió de casa. Los copos silenciosos se pegaban a su abrigo, y los pasos resonaban en el callejón de Entrerruas. Al llegar a la esquina vio pasar al autobús. Llegaría tarde. Tal vez ese fuese el último. Y tendría caminar hasta el polígono. Nevaba con rabia. En la calle no se veía un alma, sólo la estela de humo gris. Los operarios del servicio de limpieza pasaron con la máquina sembradora de sal. El banco de la parada de la línea del Cementerio era un carámbano. El frío se le incrustó en las nalgas. Los pies ateridos, los ojos abrasados y el paraguas sin cerrar. Un maullido helador y lloroso la sobresaltó. Bajo el banco, un gatito negro le clavó su mirada amenazadora.

El chirrido de los frenos y la voz cantarina del conductor la tranquilizaron. Amanecía pero el cielo no clareaba. Los copos prendidos en los limpiaparabrisas no dejaban de moverse con precisión de metrónomo: un, dos, un, dos... El semáforo de la Puerta del Ángel estaba en rojo. Un, dos, rojo, tres, cuatro, rojo, cinco, seis..., rojo, trece. El semáforo se abrió. “Y..., ya saben señores oyentes: hoy, martes 13, como dice el refrán: no te cases, ni te embarques.” Recordaba en la radio un tertuliano de voz clarividente. Sara echó una última ojeada a la alianza, la arrinconó en el fondo del bolso y pulsó el timbre de parada.

luna llena

"¿Sabes? —prosiguió Gina— tal vez sea el amor a la larga lo que le vuelve a uno así de malo. Las cárceles de oro de los grandes amores. No hay nada que encierre tanto como el amor. Y estar encerrado, a la larga, vuelve malo a cualquiera, aun a los mejores."

Los caballitos de Tarquinia. Marguerite Duras.


¿Sabes? había luna llena, encima de las torres de la Catedral, rendonda, fría, blanca, tan blanca como la nieve de esta mañana.

escritas

escritas

"Tengo miedo de escribir. Es tan peligroso. Quien lo ha intentado lo sabe. Peligro de hurgar en lo que está oculto, pues el mundo no está en la superficie, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que instalarme en el vacío Es en este vacío donde existo intuitivamente. Pero es un vacío terriblemente peligroso: de él extraigo sangre. Soy un escritor que tiene miedo de la celada de las palabras: las palabras que digo esconden otras: ¿cuáles? Tal vez las diga. Escribir es una piedra lanzada a lo hondo del pozo."

Un soplo de vida. Clarice Lispector

carta a los reyes magos

Queridos Reyes Magos:

Después de tantos años de fe callada, de plegarias ronroneantes, de listas insensatas, de creencias sin grietas, siento que la ingenuidad se ha ido a criar malvas. La culpa no es mía, pero a la vista está, los resultados cantan: nada de amores piadores, ni la felicidad a mordiscos –en tragos cortos y por puntos-, los picaflores carceleros acechan con sus pistolas de láseres paralizantes, y, por si fuera poco, los cuervos cenizos han tomado las riendas del planeta con sus augurios de crisis épicas.

Este año se acabó. Nada de chupitos, nada de dulces, ni agua para los camellos —quien se cree que, ahora, viajen en avión, bobadas—, nada de limpiar los zapatos nuevos, ni dejar los calcetines en el árbol. Voy a cerrar a cal y canto la casa, tapiar la chimenea, poner rejas en las ventanas. Dejaré sonar el teléfono, desconectaré el router.

Y pondré una nota que diga: “Estoy harta de timadores”. ¡Huy! Me olvidaba, tengo que limpiar los botines negros y ponerlos afuera.

emma b

2008

Enero: Cartita a los Magos de Oriente y primeras toses de la bolsa. El tándem oro-petróleo escalando.

Los sabios sintetizaron el genoma artificial de la bacteria Mycoplasma genitalium.

Por mi cumple, me regalaron la camiseta de "Soy la niña de Rajoy". Hablar de crisis económica es "puro catastrofismo". ZP gana las elecciones. Savater y Cía. obtienen más votos que el PNV. Comienza el mar de fondo en el PP.

En un arrebato de infiernos primaverales, un hombre mata a su madre y pasea con su cabeza envuelta en una camiseta por las calles de Murcia.

"No. Es mejor comerse el corazón primero. Así no se siente tanto el frío, ni el dolor... Es el corazón el que nos traiciona, el que nos hace llorar, el que nos hace enterrar a nuestros amigos cuando deberíamos seguir adelante.... Para sobrevivir al invierno bajo cero y aquella guerra, hicimos una pira con nuestros corazones y los dejamos a un lado para siempre. No hay casas de empeños para el corazón. No se le puede llevar allí, dejarlo envuelto en un trapo limpio y rescatarlo cuando vengan tiempos mejores.” La Pasión. Jeannette Winterson.

Eclipse de sol siglo XXI, ni los cielos se abrieron, ni los valles temblaron, la web de la Politécnica colapsada.

Todo comenzó más allá de Finisterre, por culpa de unas hipotecas basura muy contagiosas que se propagaron como la peste. El euro subía y subía. El petróleo se disparó hasta 150 dólares el barril —ha vuelto a 39 dólares—. Se desataron los nervios. El Estado, salvador del sistema financiero. Y ZP encandilado con el "savoir faire" de Obama.

Un mileurista necesita 30 años para pagar una hipoteca de un piso de 32 metros cuadrados.

Las luces me recuerdan donde estoy. El temblor del deseo bajo la escarcha a ciento cuarenta por hora. Un camión lituano, otro camión portugués, un zorro plateado. Luces fugaces que ignoran los deseos de los amantes. La llanura negra de tus ojos más allá de las barreras de la autovía.

El gran pufo millonario de Madoff en Wall Street. Afuera, el silencio a siete grados bajo cero y 76 mujeres muertas.

Queridos Reyes Magos...

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