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Emma B. El diario de una chica de provincias

bambú

bambú

Un puente, un punto, una ráfaga y una mueca. Eso es emma en japonés, o, bueno, eso me ha pintado una preciosa japonesita de ojos menudos, pelo esquelético y silueta renegrida.

El montaje de la Japan Week en el Palacio de Congresos es como “para peques”: escasa información, pinturas de colegiales, quimonos de sepu y lo del manga..., ni podían leerse las explicaciones de raquíticas. Eso sí, los calígrafos exhaustos de tanto “su nombre en...“; el chef repostero tenía parroquia perenne ante unos preciosistas pastelillos crisantemos multicolores que poco excitaban mi gula; y en la rama de bambú los paseantes habían colgado sus deseos escritos en papelinas de colores, una avanzadilla de la carta a los Reyes Magos en discretito —muy pocos papeles tenían más de un deseo—: “Que gane siempre el madriz. Un ordenador. Un perro y una muñeca. Que el Valencia gane la liga y la copa. Que se acabe el terrorismo. Que nos queramos siempre. Entendimiento entre las culturas. Tener hijos siempre sanos. Que apruebe las oposiciones. Friendship with jsp... Que gane el Valencia.” Qué poco romanticismo, por dios!

el crisantemo, el abanico y la espada

el crisantemo, el abanico y la espada

Esta semana toca en charricity un desembarco japonés de lo más variopinto: música, ceremonia del té, ikebana, exposición de grabados en la Torre de los Anaya, marionetas, danza, caligrafía, manga, cocina, artesanía, pintura, y la exótica foto de mi Lanzarote, con cara de susto, del ganchete de varias japonesas en kimono —ver El Adelanto de ayer—.

Entre toda esta explosión de exotismo oriental, hecho de menos algún montaje sobre su moda sobria pero sobrada de imaginación —me fascinan los trapitos de Yamamoto—; una muestra de su cine lento y denso, muchas veces impactante. A mis diecinueve años me dejó temblando El imperio de los sentidos, no es fácil digerir tal catarsis de sexo y muerte en la tierna juventud, y más recientemente Nadie sabe o el trágico romanticismo de Dolls, de mi querido Kitano, con un espléndido vestuario de Yamamoto: el colmo de la sofisticación nostálgica. Y ya puesta a pedir, una pizca de acto literario no habría estado mal para indagar y descifrar a los afamados Kawabata o Mishima, o descubrir a esos desconocidos del crisantemo para un momento de felicidad.

pulsaciones

Ayer he tenido un sueño que no sé muy bien por dónde cogerlo. Sueño que estoy escribiendo en el ordenador. Pulso las teclas de Ctrl y el número 7, de inmediato aparece el símbolo € en la pantalla. ¡Qué raro!, pienso, el símbolo del euro, si para éste hay una tecla. ¿Por qué sale esto? Repito, marco Ctrl + 7, otra vez escribe la €. De nuevo, tecleo Ctrl, pero cambio de número, pruebo el 3. Nada, lo mismo, otra € más, y van tres. Una mezcla de sorpresa y curiosidad, me lleva a intentarlo con todos los números. Siempre igual, la dichosa € no deja de asomar a cada nuevo intento. Pues, nada, será que lo escribe de las dos maneras, concluyo tan ancha.

Al levantarme, he comenzado a dudar. ¿Será que mi teclado no tiene la €? Tal vez se puede hacer de las dos maneras. Sin dudarlo, antes del desayuno, he revisado el teclado; efectivamente, en la esquina inferior derecha de la tecla E descubro a €, algo más pequeña, eso sí, pero es ella. ¿Por qué, en el sueño, no atino a buscarla en el teclado? Encendí el ordenador para comprobar si funcionaba —no vaya a ser—. Presioné despacito la tecla E + AltGr, al instante mi € apareció en pantalla. Lo he intentado con Ctrl y todos los números, pero nada, el cursor sin moverse, ni rastro de €. Mi sueño no funciona.

chascarrillo en red


Rápido, rápido, queridos niños, que en cualquier momento se termina.

Id a www.google.es
Poned “miserable” como argumento de búsqueda
Pinchad en “Voy a tener suerte” y...
¡Sorpresa!
Caperucita feroz

gladnost

Un tipo delgado con manos grandes y musculosas, como de remero del Volga, de pelo gris acerado con corte de ejecutivo, excava un hueco en la arena de la playa de bahía del Duque con la parsimonia y el tesón de quien traza un preciso dibujo matemático.
—Stasi gladnost chejova jlestiakov lossky goncharova —murmura el hombre con voz pausada y caliente como trigo maduro mientras calcula de un vistazo la profundidad que necesita su pequeña rubiecita.
Al otro lado de la sombrilla una mujer rubia de figura siberiana y manos cuidadas, con las uñas pintadas de rojo amapola, aros de oro en los dedos pulgares y anillos de cristal chispeante en sus dedos delgados y severos, esparce la crema solar por su piel pulcramente tostada sin un pliegue mal colocado, ni una mancha despistada.
—Nadia stazhd tolstoi comenci spasiva vasiliev —repite despacio tratando de calmar a la pequeña de pelo amarillo limón que, bajo la sombrilla de triángulos blancos y azules, ha comenzado a patalear con el empeño de quién no tiene palabras.
El hombre de pelo gris platino plancha las paredes del hueco arenoso hasta dejarlas tan bruñidas como los anillos de la mujer, lo cubre con la toalla del ratón mickey tratando de ajustarla a la concha protectora, y con mimo acuesta a la pequeña en esa cuna con sabor marino.
Mientras tanto la rubia de ojos verde esmeralda se coloca la visera blanca de Dior a tono con el estampado de flores azules y blancas de su bañador, retira las asas del bikini, se parapeta tras un gafas azul titanio, y se tiende en la tumbona de lecho blando y crujiente dispuesta a sudar hielo bajo un sol generoso, sin escuchar el rumor de las olas.
—Troika vladimir zhdanov illich nasdriva malevich —musita el hombre de pelo gris a la pequeña de ojos azul boreal.
El hombre de pelo plateado limpia la arena de la cara y el pecho de la pequeña, acaricia sus diminutos pies, centra la sombrilla y se tiende a su lado con su manita entre sus dedos de remero.

les poissons rouges

Otro día más los riscos escarpados de la montaña de Adeje se recortan sobre un cielo azul de verano sureño. En la costa una llanura azul agita sus olas sobre playas de arena gris. Bajo este sol radiante tu ausencia suena machacona como un grifo que gotea. En la calle nadie sigue mis pasos. Las lunas de los escaparates no reflejan sombras fugaces. En este mar no hay algas, ni peces rojos, todo es transparente sin una sombra bajo el agua. Nadie ocupa el otro lado de la toalla. Nadie deja huellas en la arena, huellas menudas y sigilosas tras mis pasos.

Con este sol…, ajena a mis pesares misombra duerme en un armario entre sábanas y abrigos, a miles de kilómetros. ¡Cómo pude olvidarla!

Vuelvo a encontrarme con Marina Tsvietaieva en el libro de Pitol que estoy leyendo: El viaje.

“Soy una sombra de la sombra de alguien”. Marina Tsvietaieva

volar

Lo bueno de volar es que puedo ver las nubes al revés. Desde la tierra se ven lejanas y planas como una fotografía; pero vistas desde arriba pueden descubrirse recovecos, pasillos, montañas y simas de la densidad inconsistente de las claras a punto de nieve. Lo que más me gusta de viajar en avión es despegar cuando el cielo está nublado y llueve, el avión asciende cortante entre una masa de humo compacto, denso y gris. Minutos más tarde alcanza una zona de niebla brillante, luminosa, cegadora, señal de que nuestra ascensión nebulosa va terminando y pronto estaremos bajo un cielo azul, casi añil, más radiante, más frío y más cercano.

listas

Hago la maleta una vez más, y un sin fin de dudas comienza a asaltarme: ¿llevaré el pantalón negro? ¿dos o tres bikinis? Los zapatos blancos, las zapatillas de vichy, alpargatas negras, bolso blanco, lo peor no encuentro las alpargatas blancas, y ¿las rojas? ¿Hum!..., ni con los piratas rosa desteñido ni el short estampado playero me cuajan, un horror... ¿Dónde habré metido las blancas? ¿las habré tirado a la basura? La toalla, la lencería –que milena no expone al vecindario-, una chaqueta..., las camisetas: blanca, negra, naranja, pistacho, ¡ah!..., el modelito pantalón marinero francés con camiseta de listas rojas –¡tan chanel!-, el pijama, los cargadores -porque, ahora, se viaja con mucha tecnología a cuestas-, un par de regalos, la cremas y alrededores.

El libro de Cesar Aria o ¿Pitol?, aunque no sé..., tal vez con el “Vivir para contarla” voy sobrada, y tres me parecen demasiados, ni cabrán; los diskettes, la libreta azul y las notas de la boa que últimamente se traen un ajetreo de casa al trabajo y vuelta, y paseos varios por las provincias, pero ni con ésas avanzo, espero que las alturas gélidas de la atmósfera le sienten bien, y vuelva del paraíso con la boa compuesta y rematada, lista para entregar al susodicho.

Se cierra el telón, ¿cómo se titula la película?

adios ilusión

Lo que más me gustaba de la Navidad era el calvo, Clive Arrindell, del anuncio televisivo del sorteo navideño de la lotería; ese tipo elegante y tierno, de ojos transparentes y figura oscura. Aquella mirada envolvente de dulce ilusión y su silencio seductor me cautivaban. Durante estos últimos ocho años noviembre dejaba de ser noviembre al sentir sus sinceros deseos de suerte unos míseros segundos. Un calvo para un gordo que trampea y se nos resiste. Este año no hay calvo. Adiós al anuncio mágico y juguetón. Ahora el color y la tierna infancia se imponen con un spot en plan “ahora toca jugar a la lotería”. Una memez.

señas de identidad

Durante mis callejeos veraniegos, sin mirarme los pies, he descubierto esos balcones rebosantes de CD’s brillantes de variado colorido: granates, negros y blancos, verdes y amarillos, que mecen sus surcos entre la brisa y el viento. Algunos penden de barrotes negros amarrados en fila india como un escuadrón de espantapájaros perfectamente alienados, otros contentan el alma de poeta del inquilino artista colgados de la barandilla y suspendidos del techo como serpientes engalanadas de brillos iridiscentes, que recuerdan los móviles de Calder. Calle arriba, en un balcón de barrio otro pinga solitario prendido de una pinza de madera en la cuerda ruin del ¿me quiere? ¿no me quiere? En las esquina de los cines Van Dyck una fila multicolor balancea sus ruedas de platino desde los barrotes de hierro negros, sin prisa, esperando que la noche lance sus destellos nacarados a los ojos de noctámbulos cansinos. Cuatro calles más allá, el más ladino columpia perezoso su trasero nacarado entre las macetas de alhelíes blancos a la sombra de las adelfas del vergel que florece en el balcón del cuarto.

El primer día pensé que una nueva moda que se imponía por el orbe occidental y ahora tocaba el reino de los CD’s en balcones y terrazas, al igual que los quads o el tunning, pero ante la plaga de pajaritos de la última temporada deduje –sí, cavilo mientras camino, aunque no debería-: ¡Anda!... son espantapájaros para que no se coman las plantitas. Y comencé a fijarme si la plaga había llegado a otras ciudades, pero ni en Madrid, Pontevedra, Santiago, Varsovia, Zamora o Cracovia he visto la fiebre de colgar los CD’s en los balcones. ¿De soporte de datos a útil de ferretería? Una nueva seña de identidad se fragua en el orbe charro.
¿Espantapájaros o pieza de arte povera?

chispas!

chispas!

“La noche está estrellada, tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.

“Hoy siento en el corazón un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son tan blancas como mi pena”.

Lejos, muy lejos, más allá de los confines de Orion, unos días atrás, el encontronazo temerario —o, tal vez, el abrazo desgarrado— de las galaxias Antannae nos ha dejado miles de millones de nuevas estrellas en nuestro cielo de Salamanca. Un ir abriendo boca de lo que sucederá cuando nuestra Vía Láctea choque con la vecina galaxia Andrómeda dentro de unos 6000 millones de años.

“Las estrellas de la noche se volvieron siemprevivas”.

"Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais... atacar naves más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir".

—No quiero perdérmelo. ¡Buahh!

amanece

Son las 6,38 y el ring-ring-ring del teléfono móvil consigue despertarme de un sueño “a media luz los besos, a media luz los dos..., y todo a media luz, crepúsculo interior”. Suena y suena, y el ring se estampa contra las listas del pijama, casi, casi me zumba en los higadillos antes de pararse. El contestador habrá saltado. ¿Quién será? Sin pestañear y sin curiosidad revuelvo entre las almohadas en busca del sueño a media luz. Ring-ring... otra vez el móvil¿? ¿Habrá pasado algo? Descuelgo y un chorro de ruidos y voces me despierta como de lunes.
—Es van gusdula fen va isfe asdel nisbefam... —El ruido y las voces de fondo apenas me dejan escuchar, pero no entiendo nada.
—¿Diga? ¿Aló? Sí, ¿dígame?
—Feis albel faissa gesdanfe use rafien uvais sulem —Una mujer lejana, entre murmullos de hombres en un bar, habla apresurada y nerviosa, cada vez más nerviosa. Me temo que no esperaba una voz de mujer.
—Mire, lo siento, creo que se ha equivocado. Lo siento, se ha equivocado. —Le digo con calma, intentando que comprenda mis palabras, y que su nervio bastante desbocado no acabe en llantina. Su voz suave, algo seca y pastosa como esos pasteles de miel y hojaldre, suena irritada y confundida.
—Ulem sifed lurdarma sivauel te ludab esband leurba... —Parlotea la mujer desesperada cada vez mas alto.
—Lo siento se ha equivocado, se ha equivocado. —Repito, cansada de su estupor, pesando que nunca me va a comprender y que me voy a perder mi sueño a media luz. Cuelgo el teléfono. Vuelve a sonar. Lo apago.

La mujer desesperada tiene prefijo 78, el sunday morning es frío y soleado, y mi línea adsl vuelve a funcionar.

paris era una fiesta

Una rubia con cara de chihuahua, que está forrada, dice que "toda chica que se precie debería tener al menos tres animales: un tigre en la cama, un jaguar en el garaje y un borrico para que pague las facturas". ¡Horror!... Y yo a vueltas con mi granja de playmobil, si ni tan siquiera existo.

bestiario

bestiario


Anda que llevo una temporada de animalitos..., entre la sirenita, los angelitos, la rata..., y todavía tengo pendiente por ahí una boa que conquista y engulle mujercitas para educarlas –un pigmalión, vaya- que me ronda, me ronda la cabeza pero continua hibernada por el momento, me temo. Sí, ya sé que los angelitos no son animales, más bien onda fauna fantástica, siempre tan ausentes... Todo empezó con la sirenaza de Fontcuberta, desde ahí parece que tengo instalado un bestiario en mi vida, luego la sirenita de julio huésped de mi bañera; me escapo a Varsovia y ¡zas! el mito lugareño es una sirena en pie de guerra con escudo y espada. El pasado sábado, me voy a la Noche blanca y, después de escribir hará un mes un relatillo irreverente sobre un arcángel Gabriel yesista, lo primero que se me ocurre ver es Tombés du ciel del Circo da Madrugada, un espectáculo circense plagado de ángeles que después de 500 años bajan a la tierra para regarnos de plumas blancas y clavarnos las flechas de cupido:
"Toi, le ciel, qui ce soir me fit soufrir
Et toi, la mer, qui blesse le rocher
Souvenez vous, qu'en un temps de délire
Je vous ai dit, ce soir, que je l'aimais."
(livre de Cupidon, acte I)
Tanta fauna empieza a preocuparme, no sé..., si esto tendrá alguna interpretación psicoanalítica profunda, menos mal que por el momento no atacan como el carballo asesino del señor Andrés en su viaje a las Galias.

Por cierto, muy acertado Gallardin con los eventos de la nuit blanche, numerosos, variados y de calidad: la instalación de Canogar, Clandestino, en la Puerta de Alcalá, con todas aquellas figuras que la escalaban, o la de la Casa de America con proyecciones en las ventanas al hilo de la famosa leyenda del palacio de Linares, o el concierto de música de los autómatas en el antiguo salón de baile del Círculo Mercantil.

el fin del verano

Después de las lluvias de la semana, cuando ya lo creía todo perdido ha vuelto a hacer calor, y trato de aprovechar los últimos días de verano. Los pies sin esfuerzo, ligeros y menudos, me llevan a la ribera del Tormes, a lado del Casino. Muy cerca del falso muelle sobre el río, tumbada sobre un césped poco esponjoso y con los juncos a modo de biombos entre el agua y yo, apuro uno de los últimos cigarrillos que me quedan. Como se notan los días..., son las ocho y media, casi de noche. Las luces del puente de hierro estrechan las farolas en un último abrazo de despedida. Una rata asoma el hocico entre los juncos, calada hasta los huesos se recuesta a lomos de un bote de coca-cola y observa con curiosidad mis alpargatas rojas. Detrás de una bolsa de cheetos aparece con paso corto y desparpajo de paseo de domingo una rata de pelo negro reteñido colgada del brazo de un murciélago escuchimizado y ojos achispados. Las amigas se acercan y saludan con el rabo en alto.
—¡Anda!..., pero que novio más feo tienes —le larga al primer golpe la rata ociosa.
—Sí, pero es piloto —le responde engatusada la rata enamorada.
Del respingo, la rata ociosa me clava el morro envidioso en el empeine de la alpargata roja de ira.

charri ferias/2

En la rueda de prensa post-ferium mi Lanzarote estaba exultante de gozo, aunque lo veo más grueso, va a tener que cuidarse o lo presiento envejecer aún peor: las calles abarrotadas, participación de público a manadas contra las que no pudo ni Eolo, ni el fresco reinante, los espectáculos de calle: un éxito. Claro que no me preguntó.

Querido Darco: fue el año que menos fiestas me he tragado. Por haches o bes, más bien por los último —estaba en pleno descubrimiento de casetas en la plaza de Colón— y luego por haches, no vi ni un espectáculo de Etnohelmántica, tan solo dos canciones de Eliades Ochoa que me supo a poco para echarme un bailesito. Las casetas, la verdad, acabaron empachándome con tanta sobredosis de olor a carne requemada con aceite perrero por todas las esquinas.

Y lo que más me interesaba, la Crakow Klezmer Band, que figuraba en los avances de la programación, al final no ha tocado para mi desconsuelo. Un polski me los había recomendado con pasión, augurando un buen concierto de magníficos y jóvenes músicos. Así que me he quedado escuchar su homenaje a Bruno Schultz, con canciones de John Zorn.

Lo más desternillante de las ferias, la cena en Tormento con mi amigo el rubio, que desayuna en Plutón, rodeados de chicas que despedían su soltería —había cuatro futuras ex dispuestas a calzarse el velo ya mismo—, y de una travesti de madrileña con un desparpajo castizo tan grande como la barriga, que no paraba de meterse con las novias y todas las demás, y ellas tan contentas... ¿¡?, que cantaba –en play back, se entiende- aquello de "Será maravilloso, viajar hasta Mallorca..." con unos leggins de leopardo y un plataformón dignos de las drag neoyorquinas de los 70. En fin, espectáculo de boda sin hombres apenas en las mesas.

Eso por la noche, y a la mañana siguiente me cruzo con una fornida avanzadilla de la Scottish Army con falda de franela y sombrero de piel de mamut, la British Airways Pipe Band, que me provocan tal sofoco que no paro de abanicarme y estoy tentada de llamar a los bomberos para que los refresquen. Seis rúas más abajo me topo con los campestres y jóvenes mozos de la Fanfare Celeste, Les Enjoliveurs, más fresquitos y musicales con aires de jazz y menos raciales, o folk en políticamente correcto, que hicieron temblequear los pies a una afrancesada como yo.

charri ferias/ 1

Mi canción favorita de Loquillo era: “Yo para ser feliz quiero un camión, llevar el pecho tatuado..., a las chicas meter mano...“, que tiene un toque canalla-truck que me pone. Y de aquella suspiraba por sus largos, largos huesos, por su gesto de: “Nena, no me toques...”, por sus americanas y sus pantalones pitillo, por sus maneras de fumador con savoir faire, y por aquel modo de agarrar la cebolla del micrófono con fuerza y desgana, con tal ímpetu y que parecía dispuesto a clavársela hasta la garganta —¡que sexy, por dios!—, y todo esto mientras cantaba aquello de “Pégate a mí...”. Toda esa concentración de chulería cantarina, me seducía, no podía evitarlo —de aquella eran mi perdición los tipos distantes, que miraban de soslayo y seguían su camino, eso sí a paso lento para dejarse hacer “En las calles de Madrid”—, y yo quería caer en los brazos de una rock and roll star, mudarme a “Barcelona ciudad”, y enloquecer con “Chanel, cocaína y Don Perignon”.

Aunque no llego al grado de fan suprema de mi Lanzarote que ya nos dejó bien clarito en El Adelanto que él no se perdía el concierto de Loquillo —la verdad, no deja de sorprenderme este hombre—, pero no fue o no lo vi para su desgracia y tranquilidad de su señora; estaba dispuesta a bailar el “Rock suave” pegada a su trasero. El que no faltó fue mi querido estanquero, allí estaba en primera fila con su flequillo ladeado enfundado en su pantalón de cuero ajustado de mediados de los 80, ¡todavía le caben!

Esa noche Loquillo no cantó ni “Quiero un camión”, ni “Madrid”—otra de mis favoritas—, pero sigue tan chulo como siempre, con las americanas en su sitio y el pantalón bien plantado, y unas tablas que dan para todo un concierto. La verdad, todo hay que decirlo, el niño envejece bien... Una pena, ahora que ya no bebo los vientos por los chulangas. C’est la vie.

nostalgia

nostalgia

De vuelta a casa, el aire denso y cálido de la calle Compañía seca la capa de musgo que me ha crecido con las lluvias y aires otoñales de Cracovia. De la energía serena y traslucida del patio del Castillo de Wawel, que penetra por los poros con pinchazos de seda, al bullicio chirriante y grasiento de las casetas de feria. Estoy contenta por recuperar el calor, olvidarme del paraguas y de los charcos en las aceras. Durante estos días polacos me entristecía levantarme y mirar aquel cielo gris, volátil por el viento del norte, oscuro de otoño y con las hojas de los castaños de indias cubriendo las aceras y los jardines. Era agosto y ya no me apeaba del paraguas y el jersey de lana. Un invierno infinito por delante.
En unas horas, de las calles de Varsovia amplias y silenciosas a este jolgorio de patio de vecinas, abigarrado y con olor panceta y carne de verano reseco. De las plazas y las calles repletas de puestos flores, con girasoles, rosas de todos los colores, de tallo largo, corto, en bouquet o por cuentagotas..., a las rúas de piedra tostada, sin flores en los balcones. De los coquetos restaurantes de Cracovia, con sus velas y búcaro con flores en las mesas, a este sistema de barra y tentetieso. De las cuevas de jazz de Varsovia o Cracovia en las que músicos inagotables nos deleitaban tocando horas y horas a nuestros bares vociferantes de música enlatada.
Sentía nostalgia del sol en pleno agosto, de los brazos desnudos y de las noches de luna con poca ropa. Ahora, siento nostalgia de las flores en cualquier esquina, del olor de las manzanas que se pudren sobre la hierba mojada de la plaza de Kazimierz, de los músicos apasionados que calentaban las noches de los clubs.

volando voy

Busco las predicciones meteorológicas para Varsovia y Cracovia en weather.com. Mala suerte: el domingo, sol, pero lluvia y fresco para el resto de la semanita hasta el jueves en Cracovia. ¡Zas!, otro vaquero más colgado del manubrio de la puerta para añadir a la maletilla. Y vuelta a revolver en el armario entre los trapitos otoñales rebuscando algo que no ocupe para sumar a la ristra de camisetas, pares de zapatos, a la gabardina y la chaqueta apilados en la cama. La verdad después de ver el parte tengo la cabeza hecha un revuelto. Que si un cisne para la humedad, algo más ligero para el día de sol, que si algo fashion para la noche, más algo que tape y..., sin olvidar el neceser y el libro de Werfel. Todo esto a meter en 30 x 50 cm. Necesito una mano hierro que los aprisione. ¡Oh dios!, ya no cabe el osito. La verdad creo que con menos me las apañaría, o no, para pasear por las calles Copérnico o Chopin, tumbarme a las orillas del Vístula o meditar en la plaza de la Catedral de Cracovia, uno de los enclaves sagrados para los hindúes que lo consideran uno de los siete centros de energía mística del mundo. ¿Será uno de esos lugares tan especiales como el santuario de Delfos o el teatro de Epidauro? Estoy impaciente por saberlo. Ya os contaré, pequeños.

lume

lume

martes 8/08/06: Cenizas ardientes, troncos a la brasa y en el suelo manzanas asadas. El humo es el aire que exigimos trece veces por minuto para ser y en tanto somos... El cansancio es el aire que respiramos trece veces por minuto.

miércoles 9/08/2006: Llega ahora el estado de emergencia: la ayuda de otras comunidades, el ejército y pronto la ayuda internacional ¿Por qué no se pidió antes? El arrebato de campanas levanta a los vivos contra la demencia infernal.

jueves 10/08/06: Ya van 50.000 hectáreas arrasadas. Zapatero pisa tierra quemada en O Campiño (Pontevedra) –a unos 500 metros del fuego de esta foto, y aniquilado horas antes—, y en diez minutos sale escaldado.

sábado 12/08/2006: Una nube de pavesas negras forra de luto el mar azul en recuerdo de los cuatro muertos carbonizados por el fuego purificador. La “famosa” trama organizada no cuaja, entre los detenidos: locos, miembros de las brigadas contraincendios o negligentes varios.

lunes 14/08/06: Primer mensaje institucional del presidente Touriño a los gallegos. Ya “sólo” quedan 44 incendios sin controlar.

martes 15/08/06: Comienzan las guerras de cifras. Después de todo, ¿qué nos queda? Lluvia y cenizas.