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Emma B. El diario de una chica de provincias

el azar

El servidor se fue tras un agujero negro y ha desaparecido en el espacio sideral. Me ha hecho una faena rumbosa del estilo a las que preparan los mariditos, como la que cuenta Sam Spade a la bonita de turno, en El Halcón Maltés: un tipo que sale de su oficina para comer; le cae una viga al lado, sin llegar a tocarle, pero siente como si alguien hubiera levantado la tapa de la vida para mostrarle su mecanismo. Y el tipo que había sido un buen ciudadano, buen marido y buen padre comprendió que los hombres mueren así, por azar, y que viven sólo mientras el ciego azar los respeta. Si una viga al caer accidentalmente podría acabar con su vida, entonces él cambiaría su vida, entregándola al azar, por el sencillo procedimiento de irse a otro lado. Y así sin un “si tú me dices ven...” lo deja todo, sin más, y se larga.

Desesperada, con mi servidor perdido; el azar vino a echarme una manita dejándome la solución a mi problema: un auténtico vidente que lo mismo te busca un novio como San Antonio de la Florida que te arregla el pleito del divorcio con el ex de turno. Aprisionada por el limpiaparabrisas del coche, allí estaba mi salvación en un papelito blanco: Profesor Minte. Auténtico vidente africano. Maestro Chaman Africano, Gran Médium Espiritural... 26 años de experiencia en todos los campos de la Alta Magia... Cualquier problema matrimonial, recuperar la pareja, negocios, amor, impotencia sexual, judiciales, suerte, mal de ojo, limpieza, protecciones. Resultados rápidos y eficaces 100% garantizados. Atención directa y personal, por correspondencia y por desplazamiento. De 9 a 22h. Alta Magia, qué es eso? La deconstrucción de la magia, las espumas de los rituales, la magia helada salada hasta lograr un mil hojas chamánico de hielo a lo Ferrán Adriá? Todavía no lo tengo claro, pero parece que ha funcionado y el servidor ha regresado a casa.

eternamente niña 9/2/07

eternamente niña  9/2/07

Aire en el estómago, piedras en las manos, chispas en el corazón.
Nubes en los ojos y fiebre en la garganta.
Suspiros en los pies y ositos en los labios.
Tiene que llover!

john cale 5/2/07

Con la mayoría de los músicos, sucede que cuando voy a un concierto ya tengo una idea clara de lo que voy a escuchar; pueden tocar un repertorio u otro, tener mejor o peor día, un grupo de lujo o de saldillo, pero hay unos pocos con los que una nunca sabe muy bien qué sucederá, si tendrán la noche romántica o la temporada zen y cenaremos suave, les dará por ponerse estupendos y derrochar experimentación de la que raya al tercer tema, o gozarán de un día soleado y marchoso. A esta calaña de músicos pertenecen los colegas John Cale y Lou Reed.

Ayer Cale nos dejó estupefactos antes de comenzar el concierto cuando el rizos moreno, de labios sonrientes y carnosos, nos avisó que, a pesar de ser tarde de domingo, no esperásemos veladas intimistas, ni sones recogidos, que éste sería un concierto diferente, de rock & roll y, además, sir John Cale nos quería cerca, de pie y bien pegados al escenario, y nada de fotos, al primer flash suspendía el concierto. Los primeros minutos no reaccionamos, seguimos clavados a las butacas, atónitos. El rizos volvió a insistir, que podíamos levantarnos y acercarnos al escenario, que no estaba prohibido. Después de frotarnos los ojos, reaccionamos y rass! en huida hacia delante arrimados a pie de escenario. A dos palmos de narices, he tenido a sir Cale todo de negro, pelo blanco con mechones granate claro, ojos mini, azul cielito casi imperceptibles, y algo barriguitas.

Y comenzó la sorpresa de la temporada, hora y media larga de concierto con canciones ariscas y guitarreras de su época en la Velvet Underground o de su larguísima carrera en solitario, o más suaves e ingenuas, incluso con una versión del Heartbreak Hotel de Elvis Presley; but only r&r para bailar queridos.

sofá 3/2/07

Tengo un sofá nuevo de mucho colorín, a pintas crema y bermellón. Tiene un perfil aguileño, figura robusta más bien escasa de curvas, y posaderas de ama de cría. Me sienta tan bien! Con el ímpetu del sofá por estrenar, llega la renovación: tiro por la ventana las Reflexiones sobre la revolución en Europa de Darhrendorf; me deshago de la modernización y cambio político; largo al reciclaje al señor John Stuart Mill; mando a freír espárragos la teoría política y despido con cajas destempladas los azares combinatorios de análisis estadísticos varios. Pero no puedo con La utopía, se me rebelan Moro, Bacon y demás utópicos visionarios; se han atrincherado en el altillo del armario y no hay quien asome. Me tumbo en el sofá y enciendo la tele; Carmen Sevilla piropea rumbo a río, y los del altillo, exhaustos, van quedando dormidos.

lunes juguetón

¡brrr! El frío rugoso de la mañana.
¡umm! El regusto vibrante del café.
¡uf! El chirrido mustio de la puerta de la oficina.
¡bah! El parlado insípido de mi jefe.
¡oh! La figura frugal de la vecina desteñida.
¡ah! El griterío picante de los escolares.
¡huy! La mirada crujiente de la estanquera.
¡ooh! El manoseo susurrante del edredón.

más cine

más cine

“Luces al atardecer", de Aki Kaurismäki, es la historia de un guardia de seguridad al que seduce una rubia gélida y malísima con el único objetivo de robar una joyería y cargarle el muerto. Emociones contenidas a punto de explotar, paisajes desolados, frío sin nieve, pocas palabras, dos claveles rojos y soledad. Un Helsinki como nunca imaginé. Y los tangos cantados por Gardel; un tango para comenzar: “Volver” y otro tango para terminar: “El día que me quieras”. Un perro escuálido y abandonado. Y un magnífico arranque: el repaso de la historia de la literatura rusa que nos dedican los obreros rusos que salen del trabajo; de lo mejor.
Es lo que tienen los nórdicos, tan jodidamente poéticos en su desierto helado!




de profundis

“Toda obra de arte es una profecía cumplida. Porque toda obra de arte es la conversión de una idea en imagen.”
De profundis. Oscar Wilde.

"El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo solo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo."
Pablo Neruda

gadgets

La diseñadora australiana, Aheda Zanetti, ha ideado un bañador especialmente concebido para que las mujeres musulmanas puedan disfrutar de la playa y el mar sin temor al apedreo de sus señores, y lo ha llamado burkini. Tal trapito –como su nombre indica— es una mezcla del burka y bikini, un dos piezas que te tapa enterita, dejando solo al descubierto la cara, los pies y las manos; ni un pelo al viento, ni un lunar en lontananza. Claro, que también resulta ideal para alérgicas al depilado o al sol. El modelito está confeccionado en un tejido especial, que protege de los rayos UV y seca en un plis-plas, lo que debe ser muy de agradecer para sobrevivir a la irritante sensación de la lycra mojada pegada a la piel de todo el cuerpo durante horas.

Rabieta casi tan picajosa como la que nos provoca perder el móvil en estos tiempos en que lo llevamos con nosotros, más que al amante, hasta en la ducha. Y así, claro, terminamos olvidándolo en cualquier esquina, quizás en un deseo inconsciente de librarnos de su tiranía —Ya lo decía el señor Julio Camba: “El teléfono es nuestro tirano. Es un tirano arbitrario, irritable y neurasténico que nos llama con su voz gangosa en los momentos más solemnes de nuestra vida”—. Los españoles tenemos predilección por dejarlos tirados en los taxis: ¡hala! a recorrer mundo, los italianos suelen perderlo en el trabajo y los ingleses en los partys –esos eventos sociales donde se bebe gin-tonic y no se come—, claro que los alemanes no lo pierden nunca: ya lo han incorporado a su fisiología como otro miembro más, imprevisible e inoportuno las más de las veces. ¿Os suena, queridos?

lunesito mustio

Con el lunes no me atrevo, simplemente lo dejo pasar, eso sí, lo espío escondida en el reposapiés mientras observo con regocijo mis botas nuevas de color chocolate y reflejos charol, con la punta redonda y alzas en el tacón; y escucho mis nuevas adquisiciones musicales: desde Let’s do it de Eartha Kitt, o Just a Gigolo de Louis Prima, a Somehin’ stupid de Nancy y Frank Sinatra, una recopilación muy completita de r&r de los cincuenta, y Le fil de Camille, una francesita de voz melosa y canciones torturadas que me pirra.

viernes

Una mañana igual a todas, en que las cosas tienen el aspecto de siempre, tal vez algo más fría en este invierno inusualmente cálido, y mientras enciendo mi ordenador, el rumor monótono de la oficina va haciéndose un hueco a mi lado, elige el mejor sitio a mi izquierda, lejos de la puerta de entrada, bien calentito. Y espera. A los once y media, ha crecido dos palmos pero apenas tiene grasa. Una hora más tarde, necesito calzador para entrar en mi cubículo: ha ganado cuatro quintales y unas pocas leguas, ¡qué barbaridad! A pesar de varias llamadas y algún desajuste presupuestario, que casi le cuestan unas arrobas, ha ganado la partida. A las tres en punto, me tira del asiento y salgo corriendo.
¡Ya es viernes!

(gracias a mi admirado Juan José Arreola)

muñeca!

Este año ha tocado el calendario de los bomberos de Salamanca —hombres de gesto valeroso con pose gallarda y un aire áspero en la mirada—: Melchor que tenía el año juguetón; pero ya estoy temiendo los próximos Reyes Magos. Sí, ya lo esto viendo..., a Melchor que se descuelga con una “Boneca faladora” en un arranque de empatía nacionalista, y recuperando sus orígenes chiitas, sijs, kurdos, suníes..., o de cualquier otra tribu de la zona entre las que tanto predicamento goza el etnocentrismo, decide recordarle sus raíces a una gallega en la diáspora, e intenta una normalización lingüística siguiendo el ejemplo del señor Bieito Lobeira, diputado del BNG, que ha presentado una iniciativa parlamentaria en la que anima al Gobierno gallego a impulsar la fabricación de una muñeca repollo que hable gallego, al estilo de la Nines que pide que la peinen, que le den de comer o de beber en catalán hasta acabar con las pilas.

El señor Lobeira cree que los juguetes y regalos que reciben los pequeños pueden convertirse también en instrumentos para la normalización lingüística, tan necesarios en las urbes gallegas donde “o galego se encontra prácticamente excluido”. Así que nada mejor que unas muñecas interactivas (bonecas faladoras) que hablen gallego puesto que las existentes en el mercado “non falan unha soa palabra en galego” limitándose a reproducir un “esquema lingüistico imposto”. El problema del nacionalismo es que siempre anda un trecho atrás: muñecas parlanchinas cuando el futuro son los videojuegos, y ¿para los nenes? ¿bomberos normalizados?
¡Y yo que soñaba con la Barbie Sirenita!

carta a los reyes magos

Queridos Reyes Magos:

Soy una chica de provincias, vivaracha y algo ingenua.

Sí, ya sé que esto es un imposible, pero de todos modos vuelvo a insistir un año más: quiero pediros un año de amores piadores, la felicidad a mordiscos, los amigos a bandadas y una cabeza a pájaros. También, quiero que me libréis de los picaflores que me quieren en una jaula, y de los buitres carroñeros siempre al acecho. ¡Ah!... y, por supuesto, los cuervos cenizos: nunca más.

¡Huy! me olvidaba, también quiero alpiste a mazo.

Un beso con alas.

emma b

cuento de navidad

Con las Navidades, una nunca sabe si acabará hundida en un letargo invernal al más puro estilo de melancólica campiña irlandesa; o afinando la zambomba, encajándose el vestidito vintage de lamé dorado y las sandalias de pedrería para terminar cuesta abajo en un cotillón espumoso, sumergida entre burbujas con aromas de colonias dulzonas y cargantes al alimón con sudores y resuellos de gentelmans de tres al cuarto que se pavonean esquivos con sus chaquetas de fibra acartonada y el pelo cortado a lo David Beckham.

Claro que esta Navidad, con tanto Papa Noel rampante por las fachadas, balcones y azoteas del país, los presagios no eran de pandereta, y si no que se lo digan a la criatura que se cayó de un quinto piso al tratar de socorrer a su Papa Noel que jadeante y agotado asomaba por el borde de la ventana. No, los augurios vaticinaban una navidades en reclusión, de aislamiento por las alturas como El barón rampante: una encaramada en las desangeladas copas los árboles entre bombillitas blancas y rojas, hibernando bajo el relente invernal. Y así fue, parece que el cerebro recuperó los mecanismos ancestrales de los reptiles y una fue condenada a una salvaje hibernación navideña, a un total aletargamiento de los sentidos. No es una licencia literaria, no, queridos; cuenta el amigo Punset en El alma está en el cerebro –un regalo de la pequeña Tarquinia- que, ya en el siglo XVII, Thomas Willis sostuvo que “los seres humanos tenemos un cerebro “integrado”, es decir que hemos heredado el cerebro de los reptiles y que, al evolucionar como mamíferos, no descartamos el cerebro de los reptiles, sino que lo mantenemos perfectamente integrado en un cerebro mayor”. Y así, gracias al cachito de cerebro de ofidio, una ha sobrevivido una navidad más a la boa de espumillón y serpentinas, al Papa Noel rampante, a la dorada salvaje y a los cotillones de media etiqueta.

“La locura es una fuerza de la naturaleza, para bien o para mal; mientras que la bobería es una debilidad de la naturaleza sin contrapartida.”
El barón rampante, Italo Calvino.

un día

“Hoy he colocado cuatro veces los cepillos de dientes bien. He subido la persiana de mi cuarto, había un pétalo rosa en el balconcito y he recolocado los cepillos de dientes. Ahora todos miran al frente, alineados, uno junto al otro, pegados, la pasta en el centro, mirando al frente. Los he colocado y he vuelto a mi cuarto, he bajado la persiana y de nuevo la he vuelto a subir.

Por fin.
Se ha ido el pétalo.”
Alejandra Vanessa.

sesentas

Siempre me encantó esta canción, y el bombón andrógino "little Joe" Dalessandro.

confusión

Uno de mis recursos para no pasarme el invierno encerrada al calorcito de la lumbre es el teatro. Ayer, con mi atrezzo de princesa de la estepa rusa, después de cenarme un abisinio, y con los labios salpicados de azúcar, me acerqué al liceo para ver la “exitosa” obra de José María Pou, de la que sólo sabía que era "muy divertida, aunque con una temática muy seria: la confusa naturaleza del amor" —con lo que seguía confusa, la verdad, menos mal que me queda mi intuición—. La cabra o ¿Quién es Sylvia? es una obrita de teatro convencional, con sus tres actos y sin efectos especiales que, aderezada con unas raspas de teatro del absurdo, baña en comedida un tronquito de tragedia sentimental cruda y disparatada. Es provocadora; palabras ágiles y despiertas, diálogos cínicos y agudos, te atrapan poco a poco; envuelve en carcajadas la crueldad y el veneno que esconde. Es una historia de amor y cuernos, de un amor “fou”, de ese amor ciego que arrasa con todo, es la historia de amor de Martín y Sylvia. De una Sylvia, que sólo alcanzamos a ver en la última escena, maltrecha y dolorida víctima de una venganza doméstica. Muy diferente de la Silvia de “muslos bruñidos, unos muslos livianos y definidos al mismo tiempo como el estilo de Francis Ponge [...] el fuego le desnudaba las piernas y el perfil, adiviné una nariz fina y ansiosa, unos labios de estatua arcaica [...] Sentí que si alguna cosa deseaba saber en ese momento era Silvia, saberla de cerca y sin los prestigios del fuego, devolverla a una probable mediocridad de muchachita tímida o confirmar esa silueta demasiado hermosa y viva como para quedarse en mero espectáculo”, de mi querido Cortázar, que he recordado en esta mañana de sol lejano y flechas de hielo.
Y, por supuesto, me he acordado de la pequeña Silvia de ojos grandes y pies pequeños.

Ahora, el lunes, toca la apoteosis del Carmina Burana que después de ver los carteles me temo un circo o una mascletá con tanta pirotecnia.

desayuno

El trigo verde sueña aterido bajo una manta de escarcha. Los pajaritos prendidos en los cables eléctricos desayunan al sol. En Valencia, Alba estrena unas manos delgadas y torpes; levanta con tiento su taza de café y sonríe. No puede dejar de mirarlas: "Son preciosas". Es martes; cuarto menguante.

en la carnicería

La mujer talle de avispa esperaba su turno en la carnicería. Sesenta y cinco, negro, impar, parpadeó titubeante en el marcador electrónico de contornos redondeados. La mujer rubia de jersey verde pistacho y culo apretado detalló con voz sibilante su pedido.

Como un golpe de mar sintió un aliento de brisa veraniega en la nuca. Un olor salobre y penetrante la envolvió. Una marea masculina ascendió como un hilillo frío espalda arriba. Se volvió, un hombre moreno de mirada oscura y torrencial exhibía su número. La mujer talle de avispa dio un paso atrás, su nalga rozó aquella verga resbaladiza bajo el vaquero deslucido. Insistió. El hombre no se resistía. Allí seguía agitando su número: él era el siguiente.

crying men

crying men

En Crying Men, Sam Taylor-Wood compone una mascarada de hombres solitarios con sus 27 retratos de actores –retratos hermosos, sin transgresiones, que recuerdan algunos cuadros famosos-, que bien podría llamarse “el llanto de los héroes”.

Ed Harris de ojos finos, azul agua, piel bruñida por el sol y barba incipiente padece su pena descuidada sin lágrimas. A su lado, unos centímetros más abajo, Sam Shepard, pensativo y abatido en blanco y negro. Arriba cerca del techo, la imponente presencia de Laurence Fishbore nos mira fijamente, con un llanto rotundo y transparente; un surco de lágrimas baja por sus mejillas hasta el suelo. Daniel Craig, un rubio con camisa negra y anillo de plata busca en su mano el consuelo para sus lágrimas. Paul Newman en blanco negro oculta la mitad de su rostro con su mano de número uno, y con el ojo vivo nos mira de lejos, desde la oscuridad del pesar que se oculta a las miradas ajenas; dolor escondido entre las arrugas de su cara. Gabriel Byrne, apoyado en la ventana, nos oculta en su mirada la pena que delata su boca. Forest Whitaker llora desconsoladamente con ojos lavados y boca temblorosa. Sentado en un rincón, Jude Law se abraza a sus rodillas temeroso de mirarnos con ojos afligidos. Benicio del Toro con los ojos cerrados, con el rostro tenso como el de un cantaor a punto a punto de arrancarse el corazón en un quejío. Al fondo de la sala, el retrato luminoso de Robert Downey jr., desnudo, tendido sobre una cama, con los ojos ausentes y la mirada perdida; su calma y serenidad de cristo yacente nos devuelve la calma después del luto.

a euro

La semana pasada, me tuvo confundida aquel sueño de teclados, € y pulsaciones. ¿Qué será, será…? Ahora, ya no tengo dudas, estoy segura de que ese sueño financiero-tecnológico era una premonición de la web del momento, “Un euro para Espe”, que unos cuantos blogueros sin escrúpulos han montando para recoger fondos, y ayudar a doña Espe, alias la Presidenta, a llegar a final de mes.

"No tener pagas extra me tiene mártir, las he tenido toda mi vida y las echo de menos en Navidad y en verano. No es que haga números a final de mes, ¡es que muchas veces no llego!"

El periodista Manuel Rico en su blog, "Periodismo Incendiario", propuso que se realizasen pequeñas donaciones para la presidenta madrileña. Los del ’Comité de Impulso y Agitación’ crearon la web y la colecta no ha hecho más que rodar, rodar y rodar… hasta que ha llegado a la portada de las agencias —Reuters, sin ir más lejos— y de los portales.

Pues nada..., a ver si alguno se anima y me monta una web de “a euro” y consigo llegar a fin de mes, que en esas ando como mi Espe.