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Emma B. El diario de una chica de provincias

mercado de otoño

mercado de otoño

 

 

 

La indiferencia de las setas, tan bien acostadas en sus cajitas de madera, la mantenía en vilo. Sólo esperaba una señal para huir.

 

 

arrebato

 

 

 

En este momento reponen Arrebato en la 2. Tanta voz en off, tanto caballo y raya de cocaína me abruman. Y el mito de Will More roto en pedacitos de aburrimiento. ¿Me hago vieja?

 

 

 

 

veranillo de san miguel






Bajo un castaño viejo y retorcido como un lunes de invierno. Una hoja dormida, otra requemada. El libro entre los dedos no cuenta las horas.



 

 

Un hilillo de sudor desciende por mi espalda. El sorbete de mango vira  rumbo a sotavento, encalla en el paladar.

Escoramos.

Nos hundimos.

 



(gracias a S. por su foto)

-Ya es hora de que cambies la portada. 

 

- El sombrero me come y las noches se alargan, el sol

salió a las 8:14 y se pondrá a las 20:14. 

 

 

inquisitivo despertar

inquisitivo despertar

Hay una canción de Laurie Anderson -una de mis favoritas- en la que parodia los concursos televisivos de preguntitas de vasta culturilla general; en esta canción  la  pregunta  top  es: ¿Qué es más macho…?

Esta mañana, todavía con legañas en los ojos, no dejo de preguntarme:

¿Qué es más macho, el traje de armuñesa o el traje de charra?

¡al fin solos!

 

No falta nadie,  ya estamos todos: el fútbol, el egipcio del Bar del barrio, la vuelta ciclista, la crisis bancaria,  el atasco de Álvaro Gil, las niñas buenas,  los corticoles, los amigos,  la semana fantástica, los estudiantes,  la segunda recesión –agazapada entre los pliegues de la falda de Christine Lagarde-, miss piernas y sus escotes palabra de honor, los tertulianos de toda la vida en las radios,   la marabunta de las despedidas de solteritos, las casetas y las ferias, los sobreros en los chiqueros de La Glorieta,  los apocados amarillos en las hojas de los chopos, huelo el otoño cada noche en el balcón.  

 Sólo falta Mañueco vestido de charro... Eso,  mañana niños queridos. ¡Qué nervios!  

 

desafinado

Viernes  26 de agosto. Crepúsculo. Un aire lento y frío resbala por las escaleras de la Clerecía, tropieza con  el extranjero de boina negra que toca el violín en la esquina de la calle Meléndez y rueda a trompicones por la calle Compañía.   Acaba de terminar su pieza desafinada, observa las mesas de la terraza mientras riega con su aliento norteño los dedos regordetes enrojecidos por la artrosis,  sus pies un sombrero de paja, una flor pálida y algunos céntimos. Sopla la brisa y vuelve a soplar su aliento. Hoy la mujer meridional no toca el arpa. El violín solitario desgasta sus notas entre los pies de los viajeros;  rezagadas hacia la madrugada que esperan abrazados en la estrechez de una habitación de cualquier pensión.

¿ya estoy aquí?

 

Misombra dice que padezco el “efecto Google”, que he abandonado mi memoria en el teclado.

 Barra de google, tecleo:   s o m b r a

Primera entrada:  Una sombra es una región de oscuridad donde la luz es obstaculizada.(wikipedia, dixit).

Miro alrededor. Es ciudad de oscuridad.

 

Tecleo: 50.01/1.209

Primera entrada:  50.01 / 1.20900 = 41.3647643

 

¡Dios! Soy de google. Lanzo  la calculadora por el balcón.  ¡Adios calculadora solar!, y  bye, bye memoria.

No es ciudad para olvidos.

 

 

 

Sin internet hasta el 22 de agosto. ¡Vacaciones!

del duero

del duero

 

Gracias a the passenger por la foto.

el duero

el duero

 Régua, 16 de septiembre de 1962

 

Sudor, río, dulzura.

(En el principio era el hombre…)

De cocción en cocción,

El mosto va corriendo

en su lecho de piedra.

Corriendo y reflejando

el bifronte paisaje

marginal.

Corriendo como corre

un dorado caudal

de sufrimiento.

Corriendo, sin

saber

si avanza o retrocede.

Corriendo sin correr.

La desesperación nunca desagua.

 

Miguel TORGA, Diario IX (1964). Traducción de José Luis Puerto.

más listas

Esta mañana me he despertado con la prima de riesgo clavada en la neurona 4061 HNZ, y ahí el dardo toda la mañanita, con las bolsas arrastradas por los suelos, los correveidiles amargando el viernes a la clase política del orbe occidental,  Trichet deshojando la margarita y los mercados haciendo el agosto. Una servidora también querría hacer su agosto, sacar tajada de esos bonos por las nubes. A ver que alguno de mis visitantes –del blog digo, porque en la casa Misombra y yo hemos cerrado en agosto­ como el Turkish Bar del barrio- me informe dónde puedo comprar esos bonos al 5% porque mi banco no nos paga intereses desde la batalla de Lepanto. Espero respuestas.

Para colmo de males, me escuece el filete de panga que viene cargado de mercurio y plomo, y con aspecto de celacanto., ¿Igual de prehistórico? Este regustillo a viejo me dice que por esos años le anda.  Consigo disolverlo en una copa de rioja y el parte de las tres. Nada como una vuelta al mundo para olvidar las desgracias neuronales. Con la llegada del culebrón postfranquista vuelvo al agosto.

-Voy despertando.

-Ya es hora de que abandones la refrescante alfombra floral de estos días y te indignes..., chata –dice Misombra en un alto dentro de este ajetreo veraniego que se trae.  

-¿Contra algo en concreto?

-La indignación es un estado mental, y el tuyo roza la hibernación. Piensa, piensa… Ahí tirada entre las campanillas azules algo se te ocurrirá. Yo no tengo tiempo.

-Ya sé…Voy a hacer la lista de indignada: los políticos, los lameculos,  los mercados y cia,  los lobbys, las lomanas, los donjuanes,  los salvamedeluxe y los embusteros. ¿Cómo la ves?

-Para empezar no está mal pero falta algo en esa lista, un pizca de sapore di sale –asevera Misombra con cara de filosofía.

Cuando empezamos con la sesión conciencia, mejor dejarla y tirarse a la calle con  Gino Paoli en el ipod.

impresiones

impresiones

 

 

Si la pereza fuese una nube, viviría en el país de las nieblas perpetuas.

He decidido exprimirla y que el diluvio inunde este corazón lleno de polvo.

 

 

 

21 de junio

 

Es una mañana sin tropiezos ni nubes. El atasco de Álvaro Gil se estampa sin remedio sobre los vehículos agitados y las manos impacientes y los pies a la deriva. La sombra de tu casa tiñe de gris la calzada. Una brisa agradecida no ayuda a arrancar.  Los pies han encontrado su hueco, avanzan perezosos. No hay rostros tras los cristales.  El río se cuela sobre el lecho del Tormes, roza los juncos y las barcas resbalan esponjosas. El aroma de la noche llega más lejos en verano.

 

telaraña

telaraña

 

 

 

Tanta expectación con la telaraña sobre la plaza Mayor: que si el Ayuntamiento deja, que si no deja, que si Patrimonio, que si peligro para la Plaza. Tanto peligro, tanto peligro para los balcones, que al final nos ha resultado una telaraña pervertida y poco peligrosa. Tal vez el peligro para los tímidos charrilandes al ver la que se le venía encima.  Ese tejido de hilos pringosos que se pegaban a la naricita, las mejillas, los pantalones, el pompis o el muslamén,  que se deslizaba a cuestas sobre nuestras cabezas gracias a las manitas de los presentes; era incómoda o juguetona según los gustos -algunos continuaron la noche con melenonas hasta la rodilla naranja  Hare Krishna-,  pero nada más. Alguno hubo que huyó despavorido al verse bajo el tejido resinoso que lo amparaba.

 

JETT LIVE

   

10 de junio, casi las doce de la noche. Más templado que las últimas noches. Los diablillos obscenos del remate de la fachada del Hospital de Estudio aprovechan la algarabía estudiantil para achucharse entre los focos, besarse tras la puerta del Patio de Escuelas, y fornicar bajo el escenario. Renate Jett  los abraza con su voz tornasolada, envolvente, serena como la nieve que cae sin viento; y los jadeos de los músicos excitan su pasión. Algo así necesitabamos después de toda aquella rabia y tanta violencia de Shalala - Erna Ómarsdóttir en el teatro de Caja Duero.

  

bye, bye love

bye, bye love

 

Como bien habrás notado, estos últimos días la pena  y la desolación invaden mis orillas. ¡Qué va a ser de mi sin Él? Camino perdida, estremecida por las orillas del Tormes. Me siento en la plaza del Comercio -su gran obra colosal de emperador romano-, admiro sus columnas y estrecho mi mejilla en la columna faraónica.

En las madrugadas de insomnio, una desolación lunática me conduce a la Plaza y como una yanqui  extraviada paseo delante del Ayuntamiento. Delante, atrás. Atrás, delante. Paso largo, lengua mustia. Un ansia espolea el corazón, esperando una luz en la ventana de su despacho que me consuele y me conduzca de nuevo a casa. Ya quedan pocos días. ¡Cómo añoraré sus exabruptos y palabras por los codos!  El sábado se cambiarán los bastones, sonarán las campanas, voltearán las banderas, Milanzarote dejará la Mariseca a la intemperie y nunca volveremos a verlo en la procesión, con su medalla de Alcalde-milagro. Ya nada será igual.

la señorita Nicotina

Se fueron a almorzar a un restaurante donde les dieron huevos a la Malmaison, pollo con gelatina, crema de guindas, helado y un disgusto espantoso, porque la cuenta subió que más que Napoleón después de la campaña de Italia.

Acabó el almuerzo, ella se dio a conocer. -Me llamo Nicotina -dijo.

-¿Cómo? ¿Eres tú Nicotina, la famosa Nicotina: la que envenena, la que se infiltra en el organismo, la que destroza la garganta y los bronquios, la que llena extraños tatuajes los pulmones, la que hace perder la memoria, la que ensucia el estómago, y arruina la salud y el bolsillo?

-Yo soy -murmuró muy bajito-. Pero, ¡bah!, han exagerado mucho. Se hacen furibundas campañas contra mí... y créeme: no soy tan mala como parezco. Amo hasta la vejez a miles de hombres sin que les ocurra nada malo. Esos mismos médicos que despotrican contra mí, me adoran. Porque soy la mujer más deseada del globo... millones y millones de hombres me rinden culto.

-Pero tú les intoxicas.

La señorita Nicotina sonrió y repuso dulcemente:

-¿Y que amor no intoxica, amigo mío?

Y él sintió la comezón de probar un amor que de tal manera fascinaba a los humanos, y exclamó en un susurro delirante, con el delirio arrollador propio de los adolescentes:

- Nicotina, Nicotina...

Diez minutos después tuvo el primer vómito.

(.../...)

-Pues bien: soy muy desgraciado, Nicotina...

-No sufras, pobrecito mío. Aquí me tienes a mí. Ámame.

En cuando a Natalia, yo la daré un buen cáncer de laringe en castigo a su estupidez.
Es verdad que su amor le hacía siseo por meses y le producía una tos que le facilitaba pintorescamente la expulsión de los bronquios, pero él le perdonaba eso con gusto.
Hasta que un día... ¡Oh! ¡Él no lo habría creído jamás!
Un día la llamó y Nicotina no acudió:
No acudió Nicotina porque él no tenía dinero.
Hasta entonces siempre había creído que la señorita Nicotina era no veneno.
Pero aquel día empezó a sospechar si la señorita Nicotina no sería una tanguista.

Ventanilla de cuentos corrientes. Enrique Jardiel Poncela.


(A la señorita Pajín para su campaña antitabaco)