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Emma B. El diario de una chica de provincias

el silencio

el silencio

 

Hay un silencio blanco que duerme bajo mi almohada.

Un silencio verde que llena mi boca, la adormece y aleja las palabras.

Un silencio que extraña la sed, que quisiera besar tus labios sin dejar huella.

Un silencio que estremece el corazón, irrita mis pesares y despierta la ira escondida.

Esta ira sin dueño desperdigada por las esquinas del querer.

 

venecia

Se respira una brisa de tarjeta postal.

¡Terrazas! Góndolas con ritmos de cadera. Fachadas  que reintegran tapices persas en el agua. Remos que no terminan nunca de llorar.

El silencio hace gárgaras en los umbrales, arpeiga un "pizzicato" en las amarras, roe el misterio de las casas cerradas.

Al pasar debajo de los puentes, uno aprovecha para ponerse colorado.

Bogan en la Laguna, "dandys" que usan un lacrimatorio en el bolsillo con todas las iridiscencias del canal, mujeres que han traído sus labios de Viena y  de Berlín para saborear una carne de color aceituna, y mujeres que sólo se alimentan de pétalos de rosa, tiene las manos incrustadas de ojos de serpiente, y la quijada fatal de las heroínas d’Annunzianas.

 ¡Cuando el sol incendia la ciudad, es obligatorio ponerse un alma de Nerón!

En los "piccoli canali"  los gondoleros fornican con la noche, anunciando su espasmo con un triste cantar, mientras la luna engorda, como en cualquier parte, su mofletudo visaje de portera.

Yo dudo que aún en esta ciudad de sensualismo, existan falos más llamativos, y de una erección más precipitada, que la de los badajos del "campanile"  de San Marcos.

 En  Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922). Oliverio Girondo.

 

Al fin he encontrado mi alma gemela. Lástima que lleve muerta 44 años.

 

milena

milena

Todos los jueves, con el último mordisco en la boca y el yogur esperando sobre la mesa, suena un timbrazo cauto y escueto en la puerta de mi casa. No hace falta que mire el reloj, son las cuatro. Milena llama a mi puerta, y espera paciente con la bolsa repleta de sus herramientas: guantes, zapatillas, un viejo vestido de franela con flores marrones y verdes.

Milena abandonó a sus enfermos del viejo hospital de Cracovia, las noches en blanco cargadas cloroformo y lamentos; guardó sus vestidos demasiado abrigadores para el caluroso verano del Sur; regaló el gato a su mejor amiga; devolvió el violín a su padre y, tras varias vueltas de tuerca, decidió acompañar a Tomasz en la nueva aventura.

Sin mediar palabra, comienza sus tareas con orden y quehacer minucioso: pone la lavadora, recoge los restos de mi desorden, limpia las habitaciones, sacude la alfombra de bolitas de colores –es su favorita, lo noto-, y coloca de nuevo los libros, los recortes de periódicos y los discos en el mismo desorden para que no me pierda. Con precisión programada, a mitad de faena se permite un respiro: se sienta en la cocina, fuma un cigarrillo y come un plátano: “En Polonia, erran muy, muy carrisimos”, me aclaró con ojos azul opaco, la primera vez que la vi con el plátano en la mano. Después de su dosis, cargaría con el mundo a sus espaldas. Termina la cocina; busca un extra en la lista de tareas domésticas más tediosas –los cristales, sin ir más lejos- y se pone a ello con tal ahínco como si la capa de polvo nos impidiera ver la ciudad. Por último, plancha los trapitos sin una arruga, con tal rapidez y tino que me tiene sobrecogida. Milena nunca tiende la ropa interior en el tendedero del patio de luces, prefiere el radiador de mi habitación para las bragas y sostenes.

venecia

venecia

 

 

Que profunda emoción recordar el ayer
cuando todo en Venecia me hablaba de amor
ante mi soledad, en el atardecer
tu lejano recuerdo me viene a buscar
que callada quietud, que tristeza sin fin
que distinta es Venecia si me faltas tu

Venecita sin ti. Charles Aznavour

 

terrazas

 

Teníamos los brazos fríos, el viento ojeaba los manteles azules de las mesas. El atardecer aupaba el brillo de la noche hasta las paredes de piedra. La luz de las farolas tamborileaba sobre las espaldas de los transeúntes, sus pasos borraban las  huellas sobre las losas de la calle Meléndez. El hombre sombra fuma y espera a la puerta de la joyería.

 

 

lunes, aguas y lobos

lunes, aguas y lobos

 

Como buena caperucita dormiré feliz: han matado al lobo feroz y lo han enterrado en el fondo del mar.

 

domingo, desayuno y palmas

Pocos domingos de ramos he pasado a veinticinco grados, sol a espuertas  y  un vientecillo cálido en la sien. Cuando era pequeña siempre llovía. Me calaba y terminaba con los calcetines de perlé chorreando, o tenía un frío de castañetear gracias al vestidito ideado para ilusiones de buen tiempo. Un fastidio. En las calles de mi pueblo chocabas con las palmas que terminaban enredadas en las verjas de las ventanas. Por aquí  se ven más ramitas de laurel que palmas, aunque esta mañana he visto unas cuantas, eso sí de tronío,  más bien grandecitas y con lazo, grandiosas, como de pudientes catedralicios.

 Con tanta criatura versada en túnicas de todos los colores sueltas por el centro,  he tenido que huir  -últimamente no soporto los curas y sus circunstancias-  y desayunar en la cafetería del Casino con la balconada sobre el Tormes enterita para mí.  El agua corre a zancadas bajo mis pies, su tintineo ahoga el redoble de los tambores piadosos.  Las hojas de los álamos han crecido, casi puedo tocarlas, su verde naciente se resiste a declinar. El café acelera los sentidos y la prensa me despierta. Titular:  Versace entre las ratas. La letra pequeña:  Los niños de “El Gallinero”  se llaman: Armani,  Napoleón, Aznar, Versace o Irlanda. Casi me caigo al río. Llamarle a un hijo o hija, no sé, Irlanda pase pero Aznar,  así…,  a secas; ¡fíjate!,  me inclinaría más  por Aznar – Gadafi de todos los Santos, suena como más de pila bautismal.  Las ratas del Tormes todavía duermen y las cámaras de fotos arriban por poniente.

  

a vueltas con los vicios

a vueltas con los vicios

Le Bistro. Edward Hopper

 

"Y entonces me puse a acariciar el cabello de una mujer desconocida como si fuéramos íntimas. La mujer se perdió bajo mi mano. Se consumía en aquel amor atado del que no quedaban más que dos hijos, el hedor del humo y una puerta descolgada. Y una mano desconocida en el pelo.

La mujer sollozaba, percibí cómo la bestia del su corazón saltaba de su vientre a mi mano. Correteaba de un lado a otro, como las caricias de mi mano, pero más deprisa."

La bestia del corazón. Herta Muller.

 

compro un verano

Que venga el verano ¡ya!  No aguanto subir los sábados noche por la Gran Vía  y tropezarme con las monadas todas vestiditas igual, con sus pantalones cortos y medias negras cubriendo las zancas.  ¿Quién puso de moda este invento? ¿Imitan a Posh, a Lady Gaga o Carmen Lomana? A fashion victim me lo explique,  mi calenturienta cabecita no da para tanto.

Que los astros se confabulen, el universo se apiade de mí y las hogueras de San Juan se enciendan este sábado y nuestras princesas se quiten las medias ¡ya! Que llegue el verano, por dios.

una del tiempo

Calla no me cuentes nada. No dejas de parlotear. Chitón, que empieza el tiempo.

Son casi las 4 de la tarde o las 10 de la noche da igual. Misombra sale de su letargo y se pega a la televisión. Todo el invierno colgada del parte del tiempo de la Uno. Y seguimos. Indiferente al cesio volante por los tejados de Cáceres, al caso Faisán, o al Bye, bye love de Zapatero.

¿Sabes? Hoy han puesto un mapa híbrido. Han superpuesto uno del meteosat, normal y otro de temperaturas a miles de pies de altura, con manchas rojizas, amarilla, verdes y azules. Cuanto más rojos mas calor y lo azul más frío. Así explicaron por qué el viernes A Coruña tuvo 30 grados, y mañana tendrán 15 o 20 grados menos. Ayer pusieron un mapa de vientos que rolaban a noreste, explicaba la evolución de las altas presiones en giro hacia centroeuropa. Vehemente como si relatase su último romance me bombardeó con detalles del pronóstico para abril. Eso sí, todo en porcentajes, sentenció para terminar.

En definitiva, ¿guardo el abrigo o me someto a la tradición popular y hasta el 40 de mayo no me quito el sayo? 

¡Ah!, no sé. Esta atmósfera cambiante…Yo no soy la mujer del tiempo.

Que vuelva Mariano Medina, por dios,  con su mapa en blanco y negro y sus soles de quitar y poner. Cualquier día me pone a hacer fotos a los cumulonimbos de amanecida para enviar a la Uno. Lo veo en sus ojillos.

 

 

Japón, en alerta máxima tras el vertido de plutonio. Encontrado material radioactivo en el suelo de la centra de Fukushima.

Ante las próximas elecciones comienza el desfile. "Sin ti no soy nada" cantan a babor.

El niño Mañueco dice que lo mejor de su vida son su mujer y sus hijas. ¡Qué bonito es el amor!

¿Tendrá plutonio el amor?

 

 

El viento estrella los pétalos de los árboles de la plaza de España contra el asfalto. Los neumáticos los aplastan como si de cucarachas revoltosas se tratase. Cien pasos más abajo, un tipo de pelo blanco y abrigo negro con el pelo alborotado observa  cautivo la Torre del aire desde la terraza de Loft37. Me recuerda a John Cale: nariz aguileña y orejas al acecho. Y me acuerdo de su maravilloso concierto en el CAEM cuatro años atrás. ¿Será Sir Cale? No creo, pero gracias mister por recordarme aquella tarde inolvidable y gélida de febrero.

 

 

 

 

nuclear, sí, por supuesto

 

El pánico nuclear hunde la bolsa de Japón.

Japón amanece con un nuevo incendio en el reactor 4 de Fukushima

 Merkel cierra las centrales nucleares anteriores a 1980

 El seísmo desplaza a Japón cuatro metros hacia el Este.

El eje de la tierra se ha desplazado 6,5 pulgadas (16,7 centímetros) y aceleró el movimiento de rotación, acortando la duración del día en 1,8 millonésimas de segundo.

El 10 de marzo fue el día de las auroras boreales en gran parte de América del Norte,  provocadas por  la mayor de tres tormentas solares detectadas dos días antes por los satélites.

Titulares para desayunar después de las aguas de marzo.

 

 

aguas de marzo

 

Las gotas de lluvia resbalan por los cristales, encharcan las macetas donde crecen  las ausencias.

 

 

 

carnaval

 

"Todo morro entendeu quando o Zelão chorou

Ninguém riu, ninguém brincou, e era Carnaval."

Zelao. Sergio Ricardo.

 

reality sol

reality  sol

Sábado soleado en la ribera del Tormes. Una brisa cálida de silencio.  El reflejo del sol en el río. El sabor húmedo de la hierba. Esplendor en la hierba. Paciencia y desazón. Las primeras margaritas al rojo vivo. El árbol de la sabiduría se resiste a perder los frutos del pasado verano. Las caricias apresuradas de las parejas perezosas sobre un colchón amargo.

Después de 10 años de euro, los españoles todavía escondemos 1720 millones de pesetas en el colchón, dice el Banco de España. ¿En el colchón, en  Suiza, en Panamá, o en Vanuatu?

El sol alarga las sombras de los chopos. Bello,  lejano, inofensivo pero como una rubia de  Hitchcock bulle más que nunca, y sus explosiones son temidas por los  nuevos milenaristas de la red. El sol está demasiado cerca y su reflejo nos acerca a la otra orilla. 

 

La ira de los dioses de la informática ha colapsado mi computadora, y esto es todo lo que su misericordia me ha permitido escribir en bastantes días.

"Glen Gould dijo: "El aislamiento es un componente indispensable de la felicidad humana."

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"En un documental, Gould interpreta las Variaciones Goldberg en estudio, acurrucado en su banqueta baja: a la cámara, a veces, le cuesta trabajo localizar su cabeza entre la tapa del piano y la vra que la sostiene levantada. Su madre tocaba el piano con frecuencia durante el embarazo, y él, aquí, viene a ser, casi, una presencia fetal: el feto considerado como genio."

Contrapunto. Don DeLillo 

varsovia

varsovia

 Varsovia.

 

Visité Varsovia a principios de 1963. No conocía a nadie en la ciudad. La primera noche asistí por azar a un teatro cercano a mi hotel. Sin entender una sola palabra quedé deslumbrado. Al volver al hotel me perturbó la semejanza con mi abuela que advertí en una empleada de la recepción, una anciana. No sólo su rostro, sino también sus gestos, su manera de llevarse el cigarrillo a los labios y exhalar el humo me parecieron idénticos. Fue casi una alucionación. Me obligué a creer que era efecto de la excitación teatral y subí a mi cuatro.

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 La escritura, muy a menudo, y todo autor lo sabe aun sin proponérselo, rescata zonas pocos visitadas, limpia los lugares deseados de la conciencia, lleva aire a las zonas sofocadas, revitaliza todo lo que ha empezado a marchitarse, pone en movimiento reflejos que uno creía ya extinguidos.

 El mago de Viena. Sergio Pitol.

pan con poesía

 

Me despierto sola en la vieja buhardilla. S. sube con dos croissants envueltos en una bolsa blanca con dos bandas anchas color naraja descremado y una inscripción: “pan con poesía”. Los deja sobre la mesa. Los coloco sobre el plato de porcelana a lado de las manzanas. En la bolsa este poema de María do Carme Kruckenberg.

Todo o que me doe esta ao pé da escaleira.

Ninguén quere subila.

Tampouco ninguén

quere baixala.

E alí queda inservíbel

como adorno da paisaxe.

A beldade da mazá

morre na herba.”

Me asomo a la ventana. El sol dormilón se arrastra por las escaleras de la plaza de Platerías. Los brazos de S. rodean mi cintura, su pecho escala mi espalda y sus besos bajan por mi cuello. Los pequeños helechos y el musgo sobre las tejas me recuerdan que no he venido para quedarme.

 

Cementerio, Túnez.