La casita de los enanitos en la zona de La Garganta (Cacéres)
La casita de los enanitos en la zona de La Garganta (Cacéres)
Los angelitos rubios del Staastsschauspiel Dresden consiguieron inquietarnos con sus palabras lanzadas desde los mataderos del Chicago de los años treinta (sí, tras la gran crisis del 29). Su obra basada en el Die Heilige Johanna der Schalachthofe (este alemán me mata) de Bertolt Brecht parecía recién escrita, humeante, recién salida del horno. Las noticias de los últimos meses se declamaban a gritos en el escenario: crisis en los mercados, las acciones se hunden, los sueldos bajan (les suena?), los bonos carecen de valor, las empresas cierran, crisis financiera, miles de trabajadores en las calles.
Ante nuestros ojos y oídos más de tres horas de un inframundo asfixiado por la miseria, a sus habitantes tan sólo les queda luchar por la supervivencia; más de tres horas de una sociedad convulsa, cuyos principios morales se tambalean, dual: los buenos y malos, los de arriba y los de abajo.
Todo nos sonaba y mucho. Todo lo comprendíamos a la primera y eso era lo peor. Que ya no eran los mataderos de Chicago, los años 30, no era una ficción más de Brecht. Todo está aquí, aquí mismo. Así, tan crudo, tan al lado, que esa miseria y esa violencia enrollada al día a día parece cuestión de meses. ¿Seguro?
Hoy mismo, otra vez, la prensa alemana vuelve a insistir -citando fuentes gubernamentales- que la UE prepara un plan de rescate para España: el sistema financiero español ha empeorado considerablemente, Trichet alerta sobre el peligro de una crisis de la deuda en España.
Cuesta abajo en mi rodada... (canto, por no llorar).
Puedes detener a tiempo la mano que va a golpearte.
Pero la lengua que te acusa, ¿cómo detenerla?
Cuentos de los sabios taoistas. Pascal Fauliot.
Mi frutero visto por Seara
El aguacero tormentoso del domingo volvió a inundar el Paseo de la Estación. Otra vez la vaguada anegada. Los goterones salpicaban el asfalto quemado y la ilusión agazapada bajo el sofá surgió al ritmo de los goterones relucientes. "Tal vez vuelva. Si no la misma otra nueva". Paseos al baño, cada cinco minutos pero la bañera, vacía y reseca. "Quizá es pronto... Todavía no son las diez. No le ha dado tiempo. Sí, es pronto." A las once comencé a morderme las uñas. Paseos al balcón. Las macetas habían digerido todo el chaparrón. Poco a poco la calle se secaba. El viento y chillido de las sirenas se habían callado. "Tiene que venir, siempre aparece con las tormentas de mayo. Sí, volverá aunque sólo sea de paso." Eran las doce menos cuarto el correr de la ducha del vecino del sexto mordió mi corazón. Volé hacia la bañera. Nada, seca. Seguimos sin noticias. Ella no llegaba. Decidí cenar y tomarlo con calma. Con una copita de más y un cigarrillo en la boca tenía toda la noche por delante. Alternaba los paseos al baño con los carreras al fregadero. A la una cuarenta seguíamos sin noticias. "Ya va siendo hora... Puede que con tanto levantar alcantarillas, tanta obra y tanto achique se perdiese por los sótanos". El vecino apagó la televisión y el silencio nos volvió la espalda. La tres en punto, la botella de Perucchi va llegando a su fin y ella no ha vuelto. Siento que podría cantar como la gran Chavela aquello de:
"Nada me han enseñado los años
siempre caigo en los mismos errores
otra vez a brindar con extraños
y a llorar por los mismos dolores.
Tómate esta botella conmigo,
en el último trago nos vamos"
O colgar un aviso en el buzón: "Ella ya no vive aquí". Es lo que tienen las ciudades con río, las sirenitas se escapan por cualquier alcantarilla.
A la sombra de una cortina blanca tengo sueños deshilvanados, prendidos con alfileres. Tienen varios remiendos mal rematados que se deshilan. Necesito varias horas de la mañana y dos cafés para repasarlos y cogerles el dobladillo. Aún así, a pesar de mis dotes de zurcidora no consigo un trapito ni tan siquiera corriente.
Si duermo bajo los tilos en flor del paseo ¿cómo serán los sueños?
Me llamo emma y soy adicta a los cuadros del señor Passy.
Desde hace años sigo su trabajo en internet. De vez en cuando, me doy una vuelta y veo lo nuevo que ha colgado.
Me gustan sus paisajes urbanos, desolados, sin caminantes, sin abuelos, sin parejas. Luminosos y nostálgicos.Ciudades bulliciosas vacías de humanos, sin verborrea ni gritos.
Mañana viernes, el señor Passy (MIGUEL LEACHE) inaugura su exposición en el Museo Gustavo de Maeztu de Estella, Navarra.
No podré verla, pero me gustaría tanto ver sus cuadros en vivo, fuera de esta pantalla. Y no digamos tener alguno bien cerquita, a mi lado. Mais... cest la vie.
A las 11 el móvil empezó a sonar.
-Niña que me bajan el sueldo... -Me llora F. desde Orense-. Y aquí..., aquí que los paniaguados de B. no aparecen ni a fichar
-¿A todos?
-Sí, da igual que curres o te las pases resolviendo asuntos del bufete, preparando artículos para congresos o redactando el próximo libro a publicar. A todos nos sacuden por igual.
-¿Y las que se pintan las uñas? ¿Les llegará para el esmalte perlado?
-A todos, rica. -Será a ti, que las chicas de provincias llevamos las vacas flacas puestas todo el invierno.
A las 2,el móvil grita desesperado que la batería está por los suelos, y siguen las llamadas de lloriqueo. Y la bolsa tímida. ¡Dios! los nervios salen a chispitas, cuanto daría por uno de esos "portables" con melodía relajante, me hubiese aliviado la mañana y ahora estaría tan lozana como rosa, y no como una pasa. Vuelve otra vez el maldito ring estilo de antaño. Necesito uno de esos móviles japoneses con música de relax si quiero llegar a la noche.
Pasan los días, dejas pasar las noches y te plantas en mayo. En la plaza da Ferrería, bajo una lluvia cantarina, suena la musiquilla lenta y machacona de las coplas de Os Maios cantadas por niños agazapados en el interior de los conos forrados con fiunchos y decorados con naranjas, huevos, margaritas, camelias o calas. Sus palabras son irónicas y críticas con el poder: el Alcalde Lores, Feijoó, Zapatero o Rajoy pero han perdido el graciejo y la mordacidad de antaño, pero me gusta este modo de celebrar la primavera con flores, huevos y coplas. Aunque de pequeña era mi fiesta favorita era el domingo de ramos por aquello del trapito nuevo y ponerse hecha un pincel para agarrar bien fuerte la palma y atizarle a la borriquita.
(la foto aparece en la web de la biblioteca fillos)
Ha pasado San Ezequiel, el día de la República y San Calixto, y hemos llegado a San Jorge con un libro y sin una rosa. Todavía no me acostubro a los gritos doloridos de las gaviotas, ni al calor destilado de la habitación 218. En el jardín las flores de los rododendros escurren las últimas gotas de la noche. Esta mañana ha vuelto a llover.
Cementerio judío de Cracovia.
Pienso: tal vez el sufrimiento sea arrojado a las multitudes a puñados y tal vez la mayor parte caiga sobre unos y un poco o nada sobre los demás. No el dolor, no las piernas torpes de manchas negras, no las costillas partidas que se unen entre la sangre pisada, no la cabeza que se rompe en tentáculos como rayos, no la piel de las pasiones agotadas que abren hondas grietas en la carne como latigazos de una impotencia absoluta; sino el sufrimiento, permanente y constante, como todos los huesos expuestos que atraviesan los músculos y la piel.
Nadie nos mira. JOSE LUIS PEIXOTO.
El invierno en que Alfonso se puso el pijama de listas grises y verdes en noviembre y no se le quitó hasta bien entrado marzo con la disculpa de hacerse una culturita, la lluvia resbalaba por la palmera, se filtraba por la tierra negruzca del jardín de la casa de la Choupana y rezumaba a través del viejo terrazo de la planta baja de aquel caserón musgoso y cuarteado.
El minino de Lady Godiva aprovechaba la humareda nocturna para escaparse por el ventanuco de la cocina. Tantas noches de humo y niebla acabaron con él en una cuneta después de atropello madrugador.
Los amantes lanzaban guijarros a deshoras contra los cristales de la ventana del polvarium, para que una rubia noctámbula y ojerosa le abriese los postigos en pijama y con el pelo destrozado.
Το Μετέωρο βήμα του Πελαργού ( The Suspended Step of the Stork). Eleni Karaindrou.
No sé si lo he dicho alguna vez. Da igual. La música de esta señora griega es uno de mis vicios.
Con tantos quereres como le tengo a Misombra, el descubrimiento de este rutilante fragmento de El rayo verde de la señora Poniatowska me ha alegrado este lunes de nuevo frío y oscuro.
"Si antes iba yo a la playa casi desnuda, hoy cargo el bolsón de las precauciones. Encierro mi sombra para que no escape, la doblo en dos y la extiendo como toalla en la arena. A veces va a meterse bajo las sombrillas y tengo que gritarle que aún es mía. No le gusta reflejar mis hombros que se encorvan, mis piernas vencidas. Se alarga queriendo ser garza, mientras yo me asiento como el café en la taza, doblo el cuello. ¡Hasta ella quiere abandonarme como me abandonó la otra después de hablarme del rayo verde!"
El rayo verde. De noche vienes. ELENA PONIATOWSKA.
reloj no marques las horas
Reloj de sol en Urueña (Valladolid)
La pequeña Donnadieu me ha enviado -gracias linda- el precioso libro "El Balneario del Lérez. La aventura termal de Casimiro Gómez" de Xosé Manuel Pereira, repleto de curiosidades, fotografías y crónicas de provincias. Tan sólo lo he ojeado por los pelos, al primer mechón me topo con este artículo publicado en El Diario de Pontevedra, el 30 de noviembre de 1912:
Lérez arriba
Pero yo, que aunque nacido y criado muy cerca del mar y en pueblo a donde llegan los mares y el agua salada, gusto más que de él, de la montaña y el campo, gocé de las horas más gratas internándome rías de Pontevedra arriba donde deja ya de ser ría para ser río, en las aguas que vienen del mar con la marea. Fué río Lérez arriba.
Un río para soñar en él lejos de la batalla de la vida. A una piedra que hay en su orilla, en un lugar que con el Terlipse de Tesalia, descrito por Herodoto, comparaba aquel copioso benedictino P. Sarmiento, erudito que no dió paz a la mano, a esa piedra bajaba a descansar el buen fraile. Y allí, encima del Lérez, está el monasterio de benedictinos donde el infatigable Feijóo hizo sus estudios. Lugar de descanso; lugar de estudio por lo mismo.
Bajan los arboles hasta las aguas mismas del Lërez para formarle abrigo de verdes cortinas y enverdecer sus aguas. Y el río, enamorado de la verdura, va enroscándose por ella, formando meandros que llaman allí salones, y fingen pequeños lagos, como en recuerdo de los grandes lagos aparentes de las rías bajas.
Un río virginal
Hace suspirar -con suspiro de liberación al espíritu- al verse uno encerrado en un recinto de follaje sobre las aguas límpidas. ¡Aguas límpidas! He aquí algo que vamos perdiendo en mi Vizcaya, que van perdiendo en Asturias. El Nervión, el río de Bilbao, tan hermoso tierra adentro, antes que empiecen las fábricas y antes sobre todo que los petriles lo aprisionen, se ve sucio del rojo de la vena del hierro, y el Nalón, hermoso río asturiano, llega negro de hulla al mar. Pero este Lérez virginal, no manchado aún por las deyecciones de la industria, convida al idilio, al amor, al recogimiento, al estudio.
Fué cerca de él, a su vista, en un repliegue de las colinas, donde una tarde olí subir de la verdura del campo las notas verdes y quejumbrosas de la gaita.
Miguel de Unamuno.
Salamanca, Noviembre 1912.
"La mujer y el monstruo" (Creature from de Black Lagoon). La criatura se encapricha de bella Julia Adams.
El sol de marzo deslumbra tras los ventanales. Los escasos clientes del café rehúyen mirar afuera, encararse al día. A nuestros ojos adormecidos les cuesta acostumbrarse a la claridad después de este oscuro invierno. En la mesa cercana a la puerta de entrada una nórdica larguirucha de pies grandes, ojos verde esmeralda y manos jabonosas se pone las gafas de sol y clava su mirada en la plaza.
Me gustan los cafés de medio pelo con paredes de color indefinido: un tostado que fue blanco salpicado de manchas de refrescos, café o vermouth, y olores apelmazados, incrustados en las grietas de las paredes. Me gustan los que están en el centro. Además de los habituales de negocios y oficinas cercanas recalan los despistados, turistas y paseantes de la zona. Una curiosa mezcla de lo cotidiano y lo extraño.
La nórdica despliega el periódico, mis ojos de avispa revolotean perezosos por la página, entre sus dedos oblicuos una noticia: "El último barómetro del CIS conocido el jueves hacía sonar todas las alarmas. La clase política se consolida como el tercer problema para los españoles, sólo superado por el paro y la marcha de la economía, pero por delante del terrorismo y la inmigración. Nuestros políticos han pasado en solo dos años de ser la séptima preocupación a ocupar el tercer escalón del podio de las desgracias".
Revuelvo los posos del café. Busco las gafas de sol en el bolsillo del abrigo, las dejo encima de la mesa, estiro una sonrisa de domingo, fijo la mirada en los cipreses y la olvido entre los bancos de la plaza.
En los periódicos, en la tele privada, en la pública hasta que lo han retirado a petición del PP, en las paradas de los autobuses, en la web, en las columnas publicitarias, hasta en el kiosko de la esquina. ¿Por qué siempre nos toca a los mismos arreglar el desaguisado?
Las nubes se tragan las Cuatro Torres Business Area (CTBA). La lluvia reblandece el asfalto de la N-VI y los neumáticos croan como ranas encharcadas. Erika sube en Retiro, oculta sus grandes ojos verdosos bajo la curva de su frente, presume de musgosos labios de fresa, tuesta su piel de tundra pálida mientras mira hacia las luces del vagón. "¿Rusa...? Solamente falta el perrito y Chejov de la mano." Erika baja en Noviciado de la mano de su hermana pequeña. Los Teatros del Canal: cristal, maderas claras, tapizado rojo. Joglars. 2036 OMENA-G: decadencia octogenaria, subsistencia paupérrima, actores=hombres frustrados, un deseo: morir en escena como Moliére, , una certeza: eutanasia, una merced: logran su deseo frustrado. La lluvia resbala torpe sobre las cristaleras del teatro. Boadella viene desde la noche de enfrente con el cabello blanco y el abrigo negro. Las nubes exprimen hasta la última gota.