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Emma B. El diario de una chica de provincias


En charricity se han puesto de moda los coches con cristales tintados. Y todos se creen ministros. Pero no tienen chófer, su naricita coloradota asoma por la ventanilla delantera.

¡Qué aburrimiento de invierno, por dios! Algo así estoy necesitando.

(Tourist en la web valpnow)

de motorizados y peatones


Pasas parte de tus días con las manos al volante practicando el despiste en el mundo peatonal: pasar a toda leche por los pasos de cebra y que se paren ellos, apuras hasta el último centímetro y le pasas rozando al caminante que viene cruzando, o los ves un poco despistados en la acera ¡zas palante!, y en una de éstas de tanto estirar casi te llevas por delante a más de uno que tiene que pararse en seco, acabas frenando gastando neumático y te paras al borde del bolso o del bastón del asustado viandante.

Otra gran parte de tus días transcurren como peatón, y ahí ya cambia la cosa. Paseas más chulo que un ocho por tus pasos de cebra, miras de lejos a los que se acercan con gesto de "anda, atrévete y no pares, ya verás...", cuando los autos frenan a tus pies chirriando te aplicas media sonrisa de complacencia, y si alguno te pasa rozando le enseñas en bolso, le sacudes el paraguas o le increpas con algo como: ¿qué? listo para matar...

Tal vez misombra ha conseguido escaparse del congelador en una de estas idas-venidas alzheimicas que padezco —voy a la cocina o al baño a buscar algo, llego y me he olvidado, esto me pasa varias veces al día, así que vuelta atrás al punto de partida y si hay suerte recupero el hilo y recuerdo—. Pues eso, en uno de estos paseíllos abrí la puerta del congelador, se ha escapado y ahora me tiene presa en este vivir bicéfalo.





Panteón de los teólogos. Convento de San Esteban. Salamanca.


Ahora que estoy leyendo El Manuscrito de Piedra de Luis García Jambrina me gusta volver a mirar las fotos que Losadita hizo en el convento.



martes de carnaval

Al poco de doblar la esquina de María Auxiliadora, subiendo por Van Dyck me encuentro con el desfile del martes de carnaval: un moreno con un bombo, un tamborilero, y tres músicos más amenizan la marcha con musiquilla jaleosa. Más que martes de carnaval parecía el desfile procesional del Corpus, solamente las princesas azules, las cabareteras sesentonas, los gnomos zaínos y las hadas de pelo violeta desafinaban con el pesado caminar, el gesto adusto y frío de los paseantes.

Cuando era pequeña, en los carnavales de mi pueblo, era muy afamado el "baile de fachas" en el que la concurrencia que no iba disfrazada llevaba una larguísima capa negra. Me acuerdo de las capas negras de raso de mi madre y mis tías, con enormes capuchas ribeteadas de azul o violeta; me acuerdo de sus antifaces negros de tela. A escondidas me ponía la capa de mi tía que arrastraba por el pasillo deseando ser mayor para que me dejasen ir al baile.

eternamente niña

Aire en el estómago, piedras en las manos, chispas en el corazón.
Nubes en los ojos y fiebre en la garganta.
Suspiros en los pies y ositos en los labios.

ya lo tengo!







Ese fondo musical al estilo de "La Misión", ese ímpetu de declamativo, ese énfasis nacionalista -sólo le falta mentar a la selección andaluza de fútbol-, esa intensidad de cualidades -"no nos desabrochamos la camisa nos la partimos"-, esa fogosidad de imágenes, esa furia de colores, esa bandera ondeando al viento me ha dejado traspuesta. Cuando dice "y las rubias..." mi modorra cabecita de lunes la terminó con "y las rubias nos las bebemos", ¡cachis! en qué estaría pensando... Me gusta, me gusta el anuncio.

Ahora a ver con qué se descuelgan los de la Damm o Estrella Galicia, ya estoy viendo sus anuncios terminando con la senyera al vent y la blaquiazul embrabecida en lo alto de la Torres de Hércules.


qué lejos queda el verano

<font color=#DF7401>qué lejos queda el verano</font>

la princesa

Es menuda y morena, con el pelo azabache de gitana del sur. Sube despacio y ausente como si el largo abrigo de paño negro fuese una pesada cruz que maltrata sus hombros estrechos. Camina calle arriba con la mirada solitaria, el gesto caído y la mirada escondida entre los pliegues de la falda. Arrastra sus dos perros tintineantes como si de dos tigres mansos se tratase. Ellos abrigados con sus jerseicitos azul marino con dibujos blancos y rojos, tapados hasta las orejas con los gorritos rojos caminan alegres y saltarines ajenos a la tristeza de la mujer de luto.

Bajo por la acera de enfrente con mis pantalones estampados y la boina azulada. Su rostro ajado, su figura enlutada, sus pasos cerrados y el tintín de los cascabeles estrujan mi corazón; querría cruzar la calle, decirle que..., que es sábado y hace sol, que escucho sus cascabeles desde mi balcón, que me recuerda a "La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color", que ellos nunca la abandonarán, que ellos la necesitan, y preguntarle cómo se llaman, si comen bien, cuántos años tienen...

bálsamo





In dreams. Roy Orbison.

sobre viajes

"Hay hombres-bazares. Se embarcan llevando un acopio de ideas bonitas. Tienen al principio una clientela asidua y jovial. Pero, a poco tiempo, quiebran. Han hablado tanto que quedan vacíos, resonándoles el hueco de las frases expedidas.

Y acontece el gran cambio. La jactancia de los primeros halagos se conierre en desasosiego y fastidio. Claro: no pueden reponer el stock amable, por más que se expriman y rebusquen.

Al final del crucero su bagaje es liviano de simpatía. Y bajan cavilosos, entre la indiferencia general, lo mismo que contrabandistas a quienes hubiesen decomisado el contrabando."

Periplo. Juan Filloy.


"Cuando usted viaje, deje su vida en su casa, en su pueblo, en su ciudad. Es un artefacto inútil. No la exhiba a nadie. Sea un "sibarita del silencio", como dice Benjamín Jarnés. Los seres que hacen su propia apología deben recluirse en el narcisismo. Quien lleva a los pleasure trips preocupaciones de vanidad, agrega la carga más estulta a sus valijas... Vaya, entonces, con liviano equipaje de sí mismo: con muchas, muchas mudas para el cuerpo y pocos trajes para el alma."

Periplo. Juan Filloy.

pero el aire...

pero el aire...

(Playa de Aguieira. Portosín. 27-12-2009)


Son las 5:12 el viento zarandea las persianas, ruge entre las antenas y maltrata los pensamientos enanos aparcados en mi balcón. Más vale seguir encogida bajo el edredón. Otro manotazo del torbellino y las persianas emigran a lo Mary Poppins. El airón ulula entre los cascotes calle arriba, calle abajo. Sin pasos, sin coches. Cinco vueltas más. Las 6:24 voces oscuras planean en sueños. Sube y vuelve a bajar. Recuerdo el sonido de las campanas de los barcos en el muelle de Portosín. El vendaval arreciaba, tañían agitadas y nerviosas. Apenas una hora antes una extraña quietud se había adueñado de la playa, apenas ráfagas de viento, el mar en calma como en los calurosos días de julio, un cielo gris inquietante y la arena luminosa. Las 8:10 comienza a clarear por el este.

cuidado con la nieve

Es una noche oscura y fría, bajo un cielo saciado de estrellas: Perseo, Cruz del Sur, Pegaso, Hércules. Olvidadas. Lejanas. "Tus ojos me recuerdan las noches de verano negras noches sin luna, orilla al mar salado, y el chispear de las estrellas bajo un cielo negro y bajo." Una noche perezosa y solitaria. El viento titubea helado. Villagonzalo de Tormes. Nada parece anunciar la nieve que se avecina. Autovía de Avila. Lucecitas dispersas a los costados. Perdidas. Las once de la noche. En la radio Maria Bethania canta Tua de Adriana Calcanhotto. Tres grados bajo cero. "Me embriagaré una noche de cielo negro y bajo, para cantar contigo, orilla al mar salado, una canción que deje cenizas en los labios." Diminutas a lo lejos, las siluetas de la Catedral y la Clerecía. Andrómeda, Leo, Libra, Orión, Cassiopea. Ha llegado del momento de guardarse de la nieve y esperar.

Los zapatitos listos y en la puerta


Y un recuerdo para la pequeña Lhasa que nos ha dejado un poco más tristes sin sus canciones.
Sit tibi terra levis.


carta a los reyes magos

Queridos Reyes Magos:

Después de años de plegarias ronroneantes, listas insensatas y creencias sin grietas, siento que la ingenuidad se ha ido a criar malvas. La culpa no es mía, pero a la vista está, los resultados cantan: los amores piadores son fugaces, la felicidad en tragos cortos y por puntos, los picaflores carceleros acechan con sus pistolas de láseres paralizantes y, por si fuera poco, los cuervos cenizos han tomado las riendas del planeta.

Pero como soy una provinciana tenaz y me he portado estupendamente vuelvo a la carga una vez más, y os pido un año de amores piadores, la felicidad a mordiscos, los amigos a bandadas y una cabeza a pájaros; que me libréis de los picaflores que me quieren en una jaula, y de los buitres carroñeros siempre al acecho. 

Emma B. 

2009

Hay años que uno comienza mojado, esponjoso, con el agua chorreando por las rendijas y los termina agrietado con el gesto encogido. Pero este año que empezó con la sonrisa congelada, acaba con la cabeza a pájaros y el corazón palpitante, y un sin fin de palabras en la memoria: palabras impresas, crisis, ¿what crisis? - plan E, trajes corruptos, esqueletos que crujen, políticos en línea, canciones para abrigar el corazón, encuentros inesperados, palabras en voz alta, besos en los rincones, sostenibilidad, mentiras a la sombra de las palmeras, cerebros inundados, el azar a borbotones, y el deseo en gotas deslizándose por las hojas del naranjo.

feliz año, queridos

chin, chin...

buenas noches y buena suerte


Y para celebrarlo ...

Passion en el disco Cinema de Rodrigo Leao.





Arbolito navideño frente a la casa de las muertes. Salamanca.

Tropiezo con los dientes de las escaleras mecánicas y vuelo en estampida hacia el rincón del gourmet y casi me estampo con dos jamones Joselito y un cortajamones me extirpa de cuajo el michelín. Varios días de tiendas, y tengo la cantinela de villancicos de cuerpo presente en mis últimos sueños. Ofertas y ventas especiales de Navidad. Nuestros bazares están repletos de wis, juegos imposibles, artilugios electrónicos, alimentos varios para comilonas hasta atragantarse dentro de la cueva, al calorcito de la hoguera. Paseo bajo luminosas alfombras voladoras y recuerdo al viejo Sócrates paseando por el mercado de Atenas que al contemplar los bazares repletos decía: ¡Qué rico soy, cuántas cosas hay que yo no preciso!




Helada mañana de sábado. Las palomas en los tejados al sol.