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Emma B. El diario de una chica de provincias

cumbrísima/3

cumbrísima/3

He decidido curiosear en el encuentro de escritores en la cumbre, pero ni consigo acercarme. Al llegar a la Clerecía un fornido "especial" se planta en jarras y me desvía hacia la calle Meléndez; rosmando y con gesto de eso se lo dirás a todas, guapo!, le hago caso. Así, por un azar acabo tomando un café en El Corrillo con la mujer-espontánea y el hombre-nazareno que carga con una enorme cruz en su vía crucis personal camino de Fonseca —sede de la cumbrísima—. La cruz de madera maciza lleva grabadas las obsesiones de su calenturienta cabecita: “perdón, bondad, amor, paz. No mentirás. No robarás. No matarás.”

—Es la primera estación —nos aclara, apurando el último sorbo del zumo de piña.

Recién se marcha el crucificado de la Cumbre, y una brisa de carreras, un vientecillo de polis en motos, un airón de sirenas, un vendaval de especiales y guardaespaldas, y, al fin, la tormenta de autobuses “grand class” repletos de señoras. Incapaces de resistirnos salimos a la calle, muy bien cortejadas por el guardaespaldas que se acaba de plantar en la puerta del bar.

—¡Anda, qué todo esto!, porque se lo consentimos... —comenta maldiciendo la mujer-espontánea.

—Sí..., se lo consentimos y, además, pagamos la fiesta —le respondo con sorna lapidaria y sonrisa de 9 milímetros parabellum.

—¡Quita, quita!, que me pongo mala —gruñe entre dientes y escapa para la barra. Siento los ojos del poli en la nuca y olor a pólvora en la boca.
El sarao de escritores ni olerlo, claro.

cumbrísima/1

Ayer vino el Borbón a pasar revista a Charri City antes del desembarco iberoamericano. Una mañana helada, de otoño para castañear sin dientes, y con un “fixo a noite en pleno día”. Mi querido Lanzarote, más inflado y risueño que de costumbre, certifica que todo está en perfecto estado de revista. ¿No rascará la pintura roja del medallón del generalísimo? Me asombra este hombre, no lo reconozco desde que ha dejado de azuzar a la Casa Lis. Tan sólo un pequeño detalle le faltó vestirse de charro. Espero que no me falle y lo luzca con la gallardía acostumbrada en la recepción del Ayuntamiento, el día 14. “Pisa morena, pisa con garbo...”

cumbrísima/2

Desde las ocho de la mañana, los helicópteros no han dejado de zumbar como un maldito despertador celeste. Toda la calle es silencio, tan sólo ese ruido de aspas vibrantes que va y viene, que se acerca y aleja como los truenos en la tormenta. Ni coches, ni motos, ni camiones, nada, sólo la chatarra ruidosa que vaga por el cielo de Charri-City.
El perro cateto de la vecina se ha despertado y cada vez que la chatarra voladora se acerca berrea y aúlla en tono de cuasi-lobo. Escondo la cabeza bajo la almohada.

—Joder, si son las ocho de la mañana. ¿Qué maldito gerifalte se mueve a estas horas?
Los ladridos del perro cateto de mi vecina, Orfelia, han despertado a los canes del vecindario y el rottweiler de enfrente saluda desde el balcón al gran pájaro de hélices carnívoras.

—Por Dios, que alguien ponga orden, es fiesta... Ahora que estaba en el mejor de mis sueños: en brazos del hombre maduro.

Otra vuelta, ruedo cama abajo entre los tulipanes rojos del edredón, pensando que tal vez el plumón posea maravillosas cualidades de aislante acústico hasta ahora desconocidas. Cierro los ojos con impulso suplicando que se desplomen y me concentro en el silencio lejano, recordando aquella nube de helicópteros que se desplegaban al son de la cabalgata de las walkirias.

Entre las chispas y ruidos de los helicópteros escucho el crujir de las púas de Misombra entre los cactus; camina sin rumbo entre libros y discos; ella, también, vela en esta mañana de fiesta nacional.

“This is the end, beautiful friend
This is the end, my only friend, the end
.../...
Waiting for the summer rain”

Y la voz de Jim Morrison a todo volumen suena en toda la casa, suena en toda la calle, suena en toda la ciudad, compite con las chatarras rodantes entre unas nubes blancas y el cielo azul.

el método

Me gusta El método. Me gustan sobre todo las imágenes iniciales, la simultaneidad de los créditos y la presentación de los personajes. Son rápidas, trepidantes, intensas, y al mismo tiempo largas, como el día que se avecina. El bullicio de la calle, del bar, de las mesas de desayunos en familia, son los únicos exteriores de todo el film, salvo la escena final. Me gusta esa pantalla dividida en varias partes que nos muestra, por momentos y en cada pieza, la misma acción de algunos personajes desde varios ángulos diferentes. Fernando que entra en el bar-barullo desde perspectivas diferentes. Me gustan estas repeticiones, estas escenas repetidas desde planos diferentes, ¿una referencia buñueliana? -"La repetición me atrae, tiene un efecto hipnótico”-.

“Siempre me he sentido atraído, en la vida como en mis películas, por las cosas que se repiten. No sé por qué, no trato de explicarlo. En El ángel exterminador hay por lo menos una decena de repeticiones.” Luis Buñuel: Mi último suspiro.
-O, simplemente una atracción del amigo Piñeyro-.

Me gustan las escenas de los personajes ante la mesa: debaten, esconden, fingen, pasean, increpan, se enfadan, lloran, se asoman a la ventana, sitian, tontean, se venden, embisten, recuerdan. Y es curiosa la fuerza de la memoria, en uno de esos momentos: la ventana, el hombre, su mirada y un “déjà vu” en mi recuerdo, efectivamente: 12 hombres sin piedad, ¿otra referencia?

Tan sólo un detalle, le falta una chispa de sorna y un aliento de ironía, y le sobran ciertos momentos en que Piñeyro se pone estupendo o, como diría el hombre exigente, se pone melancólico.

aridez

aridez

La política de inmigración de ZP se resumen en “poner puertas al campo.”

“veinte años en el monte Marao le habían llenado el alma de silencio. En una aridez como aquella, solo las vidas que latían con ruido conseguían salir adelante”. Bichos.

Miguel Torga: delgado como un palo, perfil de contrabandista español, anda que no para, fuma sobre todo cuando está con amigos o cuando escribe, le gusta la soledad y aprecia mucho a quien la respeta, no cree en fantasmas, vive por los nervios que tiene, el arte para él no es una ambición: es un destino, ama a los dioses paganos, a quienes han cantado en sus Odes.

exposición en el Centro Hispano Japonés.

rentrée

La semana de la rentreé arrastra un bochinche fuera de lo normal. Los estudiantes ya han llegado a Charri City. El bullicio del comienzo del curso y este veranillo de San Miguel estiran este “fin de l’été”. Sin embargo, el trabajo se clava a las lumbares sin remedio. Hoy, particularmente, lo siento atornillado en acero.

Misombra sigue instalada en su mutismo. Es tal su enfado desde que la dejamos sin ir a Tenerife que ahí sigue arrinconada entre los cactus forrada de pinchos sin atender a razones.

—Pero niña, si sólo fuimos a la playa! A ti no te gusta. Te quema. Con lo mal te sienta el sol. Te pones más negra que un conguito, y luego dices que no quieres estar tan morena en invierno.

Nada, no hay manera. Silencio. Nos mira desde lejos con un odio que da miedo. ¡Qué, invierno me espera! A mí, claro. Lapetarda en su habitual ir a lo suyo ni se entera. Si ni tiempo tiene. Horas y horas enganchada al meetic, que si el anuncio, la foto, el perfil: “¿Aquí, qué digo?”, “¿Me pongo o me quito años?”, “Y éste que me cuenta...”. Aviso a navegantes cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Eso sí, todo son ventajas: “no machaco el hígado en los bares, me bajan las transaminasas, conozco gente y practico idiomas” ¿?

Y menos mal que ha subido la bolsa, aunque no me fío ni un pelo, el brent sigue por las nubes. Tengo la impresión de que todo esta “cogido por alfileres”, incluida la cumbrísima que nos espera.

-—¡Huy!, las 8, ¡qué horas!. Ya llego tarde a la fiesta de la mujer alboroto. Adiós...

síndrome de sol y sueños

síndrome de sol y sueños

Los primeros días no han resultado fáciles, el síndrome me tomó por los pelos, sacudió con fuerza la atolondrada cabeza y me dejó tirada sobre gotas de grasa maloliente, envuelta entre garras de humedad norteña.
La enamorada lo ha tenido más fácil. Sí, a la sombra, retenida, secuestrada en la cueva, pero tan sólo ha tenido que mudar las endorfinas del sol por las de los polvos salvajes. ¿Ya se sabe la fuerza del amor!
Alejarse del sol, y por encima con paradita en el reino de la lluvia y los delfos, ha sido duro, muy duro: la niebla, el aire casi líquido, la lluvia como el tableteo de las ametralladoras. Con tanto cenagal a la espalda, el síndrome prendió entre mis costillas y un dolor de acero estrechaba el corazón. La abstinencia ha dejado un regusto a vacío envasado y un crepitar de articulaciones que siempre conducen a un rebullir cerebral gran creador de sueños imposibles.

Mi sombra, con la más estricta lógica de la sinrazón, provoca un volcado desde el más allá inconsciente, y desata un huracán de imágenes sin perfil, cuentos vergonzantes, recuerdos imposibles, deseos infelices, remordimientos hambrientos y pasiones sobrecogedoras. Mientras el señor Passy sueña con la guerra en excavadora, el barco y el gorro que le falta; las chicas en provincias, a vueltas con esta obsesión del “el tajo again” -así de rudas nos hemos vuelto-.
Más sueños de negro en noches livianas, que tan sólo dejan un vaho helado en las pestañas y costuras en las legañas. En un minuto todo un recuerdo fulgurante y más allá el olvido, únicamente palabras, un personaje, una sensación, un desasosiego que vaga todo el resto del día entre visillos. Dice Passy que los libros de Jung “son atrapadores de sueños, son redes en las que las imágenes quedan retenidas y salen de mañana: tiras un poco y, como los pañuelos de los prestidigitadores, van una detrás de otra anudadas por las puntas”. Me temo que me convendría leer al amigo Jung, tal vez entre el amigo Carl y mi auténtico atrapador de sueños --regalo de la enamorada-- consiga tirar un poco todas las mañanas, y grabar en mi memoria esos sueños-olvido. Aunque sin tirar demasiado no sea que se vaya la manta por el repulgo.

(Gracias a mi amigo Pedro por su foto del glaciar Grey).

adeje

La mañana de otoño baja transparente, y la Gomera al frente recuerda al último volcán de la Atlántida.
La mujer inglesa que habla español con acento gallego, sacude al pequeño Danny y le susurra con voz de currucú:
--Mira que te estampo como no duermas.
Danny ríe a carcajadas y espera la estampida.
--¡A ver, ni voy, ni vengo! Que te duermas... Mira que te aplasto. --Repite en ese tonillo de mamá joven que enternece. Danny la mira fijamente y parece que va comprendiendo el mensaje después de varios: "¡Oh my God!", y una nana en inglés, con soniquete de Lugo.
La mujer inglesa abre el termo con café que nos sirve bajo la sombrilla. Me cuenta que nació en Londres, hija de emigrantes gallegos, vivió allí hasta los dieciocho, se casó con un gallego y emigraron a Canarias; que echa de menos la lluvia, y la casa se le viene encima.
Entre suspiros y sorbitos de café americano, mi querida amiga L.A. --la mujer enamorada-- nos cuenta, una mañana más, los detalles de su noche vodafone: amor “à la fin de l´été” que crece gracias al satélite. Noches habla que te habla al rocío de Adeje con un tipo en Granada. Y otra mañana más, planchamos el espinazo al sol ávidas de nuestra dosis diaria de endorfinas. Sí, difícil de creer, pero me temo que padecemos la recién descubierta adicción al bronceado resultado de esas dulces endorfinas producidas por la piel expuesta al rayito de sol.

Los pájaros vuelan a turnos, inquietos. No escuchan, ni vigilan. Vuelan a ras de cielo y olvidan. Vuelan a ras de suelo y reclaman un sueño olvidado.

El inglesito de piel tostada, y ojos azul grisáceo me mira sin pestañear, apenas sonríe. Le miro, hago un gesto con la mano. Vuelve a mirar fijamente, sonríe con algo más de gracia pero sin confianzas. Sus ojos brillan al sol del mediodía. Lanza una última visual, y decide ponerse en movimiento, lentamente, sin agobios ni prisas. Una pausa en el camino, otra ojeada, con mi mano le animo a seguir, en su cara una sonrisa en los ojos y en la boca. Vuelve a empezar despacio, ahora se arrastra, ahora gatea con ímpetu, ya casi está a mi lado. Levanto mi mano, giro la muñeca una y otra vez, izquierda, derecha, izquierda... y le canto: “Cinco lobitos tiene la loba, cinco lobitos detrás de la escoba...”; no entiende ni jota pero se ríe a carcajadas. Se sienta a mi lado sin dejar de observarme. Vacío la mochila en busca de una chocolatina, todo cae desperdigado en la toalla: el libro, el monedero, la libreta roja, el bolígrafo... ; agarra la funda de las gafas y la coloca entre su oreja y su boca, en plan hablando al móvil, y me mira como queriendo decir algo. Hoy, Georgie --el inglesito londinense-- cumple trece meses, y devora la chocolatina de un trago.

atrapadores de sueños

“Si me dijeran: te quedan veinte años de vida, ¿qué te gustaría hacer durante las últimas veinticuatro horas de cada uno de los días que vas a vivir?, yo respondería: dadme dos horas de vida activa y veinte horas de sueños, con la condición de que luego pueda recordarlos; porque el sueño sólo existe por el recuerdo que lo acaricia.
Adoro los sueños, aunque mis sueños sean pesadillas y eso son las más de las veces. Están sembrados de obstáculos que conozco y reconozco. Pero me es igual.
Esta locura por los sueños, por el placer de soñar, que nunca he tratado de explicar, es una de las inclinaciones profundas que me han acercado al surrealismo. Un chien andalou nació de la convergencia de uno de mis sueños con un sueño de Dalí.”
Luis Buñuel: Mi último suspiro.

El mar no deja de batir, una nube ha barrido el sol y, al fondo, la montaña de veroles amenaza lluvia. La playa.

vuelo al sol

Es curiosa la fuerza de las supersticiones. Vuelo Barajas - Tenerife Sur, martes 13, asiento en la fila 13, un disparo me recordó: “no te cases, ni te embarques”. No me perdí ni una coma de las explicaciones de seguridad que tan clarito nos emitía una pantalla dos filas más abajo.
Lapetarda pide un benjamín y duerme la borrachera.
La razón se impone: anochece a 50º bajo cero y la línea del horizonte se ha transformado en una franja de colores encandenados: rojo sangre de toro, azul amanecer, naranja sabiduría, azul china.
La mujer batidora nos subió hasta la casa de mi querida LA, por la autopista a mil por hora y sin dejar de hablar del accidente mortal de esa mañana en la salida de Fañabé. Encierro los sueños entre atrapasueños lakotas colgados de las ventanas. Desde que he llegado no tengo más que pesadillas.

charrifiestas

charrifiestas

Mi querido Lanzarote, impecable, vestido de charro en el desfile procesional de la patrona da por inauguradas las charrifiestas. Caldera, Mañueco, Isabel Jiménez y Vicepresi de la Junta CyL cortan la cinta arrimaditos en la inauguración de la Feria Agropecuaria, y se achuchan para chupar foto.
Casetas en la calle a tutiplén: sabrosón el pincho de bola de ibérico con rioja en el Momo, el pulpo con alvariño de G. Potemkin y el lacón con ribeiro de la Taberna Celta. Lección de kabuki en el Liceo. Maquillaje muy blanco: mujer joven. Cejas delgadas y con final descendente: mujer joven y amable. Labios negros: hombre fuerte. Labios rojos: chica joven. Llueve, y un frío que pela ahuyenta las moscas. Apache Indian & The Reggae Revolution: bailar sin parar. Y esta noche Rachid Taha. Tiramisú en La Regenta:
“El té carece de la arrogancia del vino, del individualismo consciente del café, de la inocencia sonriente del cacao”. Kakuzo Okakura.

la mosca

La impresora está encendida. Hay una mosca con seis patas negras que masculla panza arriba un grito de socorro en la tapa de la bandeja de la Epson EPL-6200. Se agita en ebullición de miembros fríos y cristalinos. Patas brunas, articuladas y esqueléticas: estira, encoge, estira, encoge.

Ahora arrugada, parece que salude con las dos manitas más pequeñas, con un impulso lacónico y enano tensa con fuerza el último par de patas,tanto, tanto, que araña los cielos blancos del techo.

Hay una mosca con que encoge las patas aceradas y temblorosas, y ahora las estira. Por momentos, es tal la vibración e impulso que su cuerpo negroplateado se golpea contra el plástico granoso.
Ahora paralizada, mira al techo buscando una solución inútil: es la época del año en la que las moscas tienen que morir.

.../...
Vosotras las familiares,
Inevitables, golosas,
Vosotras moscas vulgares
Me evocáis todas las cosas.
.../...
(A. Machado)

los bandos

los bandos

Mi querido Lanzarote persigue imparable su aparcamiento estrella –ya a punto para la licitación- bien cerquita de la plaza Mayor y de la zona de tiendas. Algún charro de genio y figura ha colgado aquestes panfletos en los centenarios árboles de la plaza de los Bandos:

“El Ayuntamiento me podó el día 24 de agosto de 2005. ¿Por qué razón? Aparcamiento en esta plaza.”

“He sido podado por el Ayuntamiento el día 24 de agosto de 2005. ¿Lo entiende usted? Pues yo sí. Quieren que desaparezca.”

“Desde el día 25 de agosto de 2005 doy menos sombra: el Ayuntamiento me ha podado. ¿Por qué? Por intereses privados."

Ahora los árboles se podan en agosto, es la "nouvelle jardinage".

doméstico huracán

doméstico huracán

Deportes de riesgo. Prácticas de riesgo. Grupos de riesgo. Accidentes de tráfico. El Katrina, New Orleans: Fats Domino aparece entre los que esperan ser rescatados, ¿Where´s Willy DeVille? Hogar dulce hogar: une chambre avec vue. La ventana de gasas tiñe de marrón y naranja los ladrillos y el hierro del balcón sin vistas. El imperio desbordado por el desastre huracanado. La lata de mejillones usa cortafácil y teje una grieta que plañe en rojo a borbotones. El 3,9 por ciento de españoles, precisó atención sanitaria por accidente doméstico o en actividades de ocio; un total de 1.671.956 siniestros en 2004. Se salva el barrio francés. El peligro en casa: caídas, golpes, quemaduras, descargas eléctricas, torceduras, inhalaciones nocivas, cortes, resbalones, contusiones, fracturas, esguinces, mutilaciones. Demasiado corazón.

a batallar las estrellas

Casi las diez de una noche calurosa. Por un desliz en el postigo, Misombra logró colarse a la vieja catedral románica con cimborrio de escamas. Entre un frufru de sedas y aromas de velas e inciensos, fue transportada en volandas hasta el confesonario de celosías labradas, viejo guardián de culpas inconfesables. Recogida y apoltronada en el raído escalón de madera, con la mirada perdida entre la dulce piedra dorada y el retablo de voces negras, púrpuras y azules, era todo oídos para las salves, villancicos, lamentaciones y motetes que el grupo "Al Ayre" interpretó en su concierto del sábado. “A batallar las estrellas” reúne, en un único repertorio, una selección de piezas compuestas en el siglo XVII para ser interpretadas en las catedrales hispanas. Un revuelo de sones de laúd, arpa, voces y guitarras —viejos conocidos de estos pilares y tumbas— embelesaron su alma oscura; un ir y venir de melodías, músicas, notas descocharon todos los recuerdos y plegarias enterrados entre bóvedas y capiteles, una lluvia fina helaba la piel y enhechizaba la voluntad de las sombras.

en casa

en casa

Cuando volvimos, la casa respiraba a incendio de rastrojos, y cenizas de romeros en brasero. Las hierbas resecas crecían entre los cojines del sofá, y un hongo gris sombrío escalaba la pared de la cocina. Lapetarda lucía un moreno zaíno más del tipo estar colgada al sol en el tendedero –cual sábana al clareo- que de pingo nocturna. Al vernos llegar con las maletas, los paquetes de patatas y pimientos, las cajas de vino y aguardiente, y con nuestra piel de blanquitas al aire de un crucero por los fiordos, clavó sus ojos en Misombra y se justificó atentamente:
—Es la operación asfalto de tu querido Alcalde, me tiene negra. Y con tanta “conversation” con los guiris no salgo de las terrazas.
—¡Vaya, dominarás el inglés?
—No te creas..., algo más sí, pero me ha dado más por el chino y mañana he quedado con Omar para empezar con el urdú, creo que no es tan difícil, y son los idiomas del futuro.
—Ya... un verano exótico, el tuyo —le replica burlona Misombra.
—Chica, lo que te da de sí el turismo cultural, y sin moverte de casa.

de nuevo, el jefe

El hombre de las veinte caras y cincuenta refranes —“No se va la manta por el repulgo”— asoma por encima de la pantalla del ordenador. El semblante rebosante de redondez flácida, los ojos ennegrecidos chispean a saltos dentro de la pequeña línea de fuego bordeada por las sanotas mejillas. Levanta el brazo peludo de vellón, me tiende la mano y la estruja fuerte, bien fuerte, tratando de agarrar un odre de aire fresquito del mar salado. La mano me deja una huella de sudores carnívoros, caldos de unto y farinato de invierno. El jefe saluda la vuelta de vacaciones. Mi sombra sale pitando a esconderse entre las páginas de la Ley de Contratos:
—¡Uy!, que éste me sacude y me arruga con el meñique, —dice con un guiño por los aires- si, ahora, vendrá lo de: ¿Qué tal las vacaciones, bonita?

Los ingleses llevan camiseta de manga corta bajo la camisa de popelín blanco, cenan en el patio del "Delicatessen" en una noche de abanico y helados, y la rubia de negro impecable y piercing en el labio soba la pierna del lindo inglesito con los pies de rojo.
La petunia blanca se chamuscó a la sombra entre manos ajenas.
Mañanas fresquitas bajo lomas de “trigos requemados, y el suspirar de fuego de los maduros campos.”
La nevera vacía, entre silencios nocturnos, estertores quejosos de judías tiernas y muslos de pollo de corral recién adobados. Una frase mata el hambre de tanto darle vueltas, ni con otra vuelta de tuerca logra el efecto deseado. Los aniversarios confunden: no ponen los nombres en su sitio. “¡Ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar no lloro, y a veces, lloro sin querer”.
Los patos con vértigo miran incrédulos el canal de la Hacienda Zorita. Una nube de plumas deja un reguero de patos blancos arrollados en la autovía de Castilla. Sagitario888: la espía que surgió del frío. “Alguien que pide un papel de fumar... Alguien que baila sin brújula al fondo del local”. Una semana trabajando.

vacaciones al norte

En el norte, las vacaciones no son fáciles: empezando por la maleta, hay que llevar de todo: desde la gabardina y el jersey al vestidito palabra de honor, sin olvidar los calcetines. Este año he conseguido empaquetar casi todo en el trolley rojo, y mi sombra se ha apañado con un maletín de congreso, a ella cualquier cosita le tapa –o destapa-. ¿La familia? Bien gracias. Santiago, noche fresca, con mucho exmaoísta convertido al pactismo celebrando la votación parlamentaria. Desde el otero de la terraza del "Suso" veo al señor diputado Xesús Vega –¡lo que avejenta la política, dios!—: la Xunta es suya. El gato de mi amiga Rita está a dieta. A mi rubio no le sienta bien que no me acuerde de María: ¿Quién es María? (tierra trágame, es su hija).Festín de percebes en Ferrol salpimentados con ráfagas de muerte lenta y paseos al borde del finisterrae con el examante del exnovio guapetón de Misombra. “La mitad de las gallegas sólo han tenido una pareja sexual en su vida”.Touriño toma posesión en la plaza del Obradoiro entre sones de música clásica sin gaiteiros y con poemas –fino de la muerte-, y nombra Conselleira de Cultura a una ex- chica ERGA. Las chicas de ERGA eran las que más chillaban en las asambleas, al grito de guerra: ¡Fala galego! Si no que le pregunten al Marqués de Bradomín, uno de sus blancos favoritos. La playa más llena que nunca y el agua más fría que siempre. En Benidorm, “mueren dos hermanas inglesas al quedar atrapadas en una cama plegable”. Mi querido CR me invita a su nuevo estudio-nave-casa, y me dice: “te queremos” (¿él? ¿sus gatos? ¿sus perros? ¿sus patos? ¿as galiñas?), y me regala tomates de su huerta. Y Don Manuel mastica la derrota pescando en el yate Azor; no, ese, no —en qué estaré pensando—, en el yate de un amigo.

the black man /3

El sudor convertido en un río de fuerte olor a testosterona lo tenía totalmente empapado; agarró con alegría la toalla que el entrenador le ofrecía. Iban ganando y aunque el calor era obsesivo y estaba agotado no cedía un milímetro al dolor, sabía que ésta era su oportunidad. No podía creerlo, había conseguido encestar veintitrés tantos en este partido y la victoria ya era suya -la Regency School volvía a ganar la copa-, el mejor tanteo de toda la temporada y con los ojeadores de Harvard en el banquillo. La sonrisa del entrenador se lo confirmó: la beca estaba en el bolsillo. Podría graduarse en Económicas, él un “black man” de los suburbios de Chicago.

Su retina se llenó de colores, rojos, azules, verdes y amarillos, el sonido de un tintineo llegaba lejano, no, ya más cerca, era el tiritar de las botellas que chocaban entre sí. Horas y horas observando el trasteo azaroso de unas botellas contra otras. De las botellas de colores colgadas del manzano del jardín en su casa de Filadelfia Street, botellas azules, rojas, amarillas y ese sonido acristalado y brillante, titilante como las estrellas azuladas de las noches de verano. La voz de su madre llamando para cenar: “Robert, Robert, ven ya está lista... ¿Robert, dónde estás? ¡Robert, ven a cenar!” No podía contestar, no podía levantarse, sólo seguir tumbado, mirando fijamente las botellas de colores.

Poco a poco los cristales se disiparon entre la bruma, el sonido fue alejándose, y entre un mecer de olas y un susurro de viento salobre sintió el sol quemándole los ojos y un calor tenebroso con una peste azufre que le produjo arcadas. Otra vez el olor del miedo, el mismo que esta mañana sintió al bajar las vacías escaleras de West Ruislip. El ruido de los cañones era ensordecedor, uno tras otro descargaron sus bolas de pólvora, más estruendo y más cañonazos contra el bajel español que parecía acercarse demasiado. Las descargas sacudían la goleta. Todos aquellos hombres, mujeres y niños que viajaban hacinados desde el Golfo de Guinea, hervían de pánico. Entre aquel hedor de pólvora sin piedad, viajaba el terror de los secuestrados a golpe de bayoneta por los soldados ingleses.

De nuevo, la luz del sol le deslumbró, la claridad eran tan ardiente que el calor quemaba su piel, un calor desesperado. El sudor bajaba por sus poros y empapaba su camiseta del “Black Power”; hacía calor, y millones de “hermanos” se habían reunido para marchar sobre Washington, para reclamar el fin de la segregación, millones de personas para escuchar a Luther King: “I have a dream...”. Ahí perdió el miedo y decidió que el mundo era suyo.

Un estruendo de volcán encendido rebotó contra las paredes de hormigón, un río de lava asesina corría por los túneles cercanos a la estación de Mile End. En ese segundo infernal su retina se embriagó de imágenes veloces, su pasado, el pasado de sus antepasados y el futuro voló ante sus propios ojos. Un humo de fuego devastó los vagones y el olor a carne requemada, piel curtida y pelo carbonizados selló de muerte los pasillos de la incertidumbre que viajaba por las entrañas de la tierra. Suspiros de fuego estrujaron sus neuronas entre haces de azufre asesino, destilando una última lágrima salada y añeja que hirió de muerte su corazón.