Emma B.El diario de una chica de provincias
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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2005. she's a rainbowA veces las sorpresas te ponen la cabeza a pájaros, sopla el entusiasmo y este airón carnal despliega las velas risueñas del galeón... Y sientes que caminas por el lado soleado de la calle. Otros días los hechos contundentes arriman el ascua a su sardina, y tozudos se abalanzan una mañana gris de un frío que se hielan las palabras... Y acabas a Dios rogando y con el mazo dando. En apenas un par de horas, unas imágenes te estremecen y dejan un gusto desabrido con el cuerpo al aire. Un aire salobre y húmedo, frío e inmóvil como el de aquella plataforma petrolífera. Y con la visión de aquel hombre ciego que recibe el regalo de la aterida Hanna y sus heridas, vuelves al recuerdo de la ceguera infantil, a los recuerdos sin imágenes, que son recuerdos porque te los han contado, niña. Recuerdos para los que no hay olvido. Y lloras pero no tienes palabras, tan sólo te queda el placer. Un día después, el destino se levanta generoso y regala ocasiones: cae en tus manos el genial artículo de John Berger —El País, 25 de noviembre— sobre “La vida secreta de las palabras”, y sabes que has comprendido y él sabe contarlo: “Hoy, sin embargo, en el modo de pensar de los ricos y en los medios de comunicación que ellos controlan, ha quedado abolida toda noción de martirio y ha venido a sustituirla la de exención. Esa exención del dolor y de la violencia que parecen proponer, en primer lugar, el dinero y luego todas las falsas promesas del consumo. En esta película no hay ese tipo de exención. Por eso nos identificamos con ella. Berger habla del sufrimiento y del don de la vida en la película de Isabel Coixet, personalmente te quedas con sufrimiento y placer. Por minutos, todo un día repiten el mismo slogan: Hoy, día mundial del sida, ...millones afectados en el mundo por el VIH, ...en España. Comes y siguen repitiendo: ...nuevos casos este año en Salamanca. Friegas y comentan: ...retrovirales de India para Sudáfrica. Chateas y escuchas: ...terapia experimental con inhibidores de la integrasa para el sida. Te sientas y piensas que alguien camina por el pasillo del hospital para hacerse con sus dosis de Fuzeon y terapia combinada. Mientras tanto, por años Africa piensa que violar a una niña cura el sida. Esta mañana, una duda de domingo y de antes de desayunar me atraca: ¿La bolsa del pan tostado va al contenedor del papel o de los envases? Esta vez me inclino por los envases. 7 de diciembre7 de diciembre de 1999 7 de diciembre de 2005 festivo![]() Es tan temprano y tú ya me despiertas, Comienzo el día, así como si nada, Afuera la gente hace lo suyo por vivir, Comienzo el día y antes de que me hables, Afuera la vida apenas comenzó, .../... Comienzo el día, aseguro las llaves, Afuera comentan la televisión, Daniel Viglietti. Comienzo el día (Noel Nicola). vísperasSe está bien en provincias, lo reconozco, a pesar de mis pataleos y despertares melancólicos. Los días trascurren sin sobresaltos y previsibles: los plátanos de Indias sin hojas y con las ramas de lunares blancos; mi querido Lanzarote ha limpiado, una vez más, el medallón del Caudillo —esto ya tranquiliza, nos reconcilia con el devenir navideño—; este año toca arbolito en la plaza Mayor con grandes bolas rojas y unos lazos “palabra de honor” que quitan el hipo. Los Villancicos son la única actividad cultural que programa la señora Labrador —alias la moños—. Ya me lo dijo el moreno rapado a la salida del concierto Joachim Kühn: “¡Ala!, a partir de ahora villancicos”. ¡Qué razón tenía el angelito! Sí, se está bien, lo repito. Sin embargo, de vez en cuando necesito largarme, perderla de vista, alejarme de todas las piedras y volver de noche, más bien tarde, entrar por la carretera de Madrid, y descubrir entre el vacío de la noche la catedral, luminosa y fría, aislada y nítida. Observar desde la otra orilla el perfil de Salamanca. Observar: sí, todo está bien... El Tormes transcurre, todo fluye y el “arte sucede”. en el cafémuseo mausoleoLa verdad, ni sabía dónde estaba Morille. Es más, cuando recibí la invitación de Domingo para la inauguración del "Museo Mausoleo", el sábado 17 diciembre, descarté, de un parpadeo, asistir al nuevo sarao pensando que quedaba lejos, por la sierra de Béjar —sí, lo sé, un cero en geografía de Charry Land y un latigazo—. Pero mi amigo, el charro-casado, me aclaró que estaba a quince minutos, aquí al lado. El sábado entre sábanas y ensoñaciones del despertar, ante una mañana de compras a codazos y éste no sabía muy bien qué "Museo Mausoleo" a inaugurar, me pudo mi curiosidad femenina, lo reconozco. Después de memorizar el plano de carreteras provinciales para no perderme por el campo charro y acabar en la presa de Urueña, me planté en Morille en un periquete, hecha una afrancesada chica casquivana, justito para oír los reclamos de Fernando Castro y participar en la comitiva fúnebre integrada por la banda de música de Villamayor, los paisanos del pueblo, periodistas, algún político, guardias civiles, artistas y otros varios sin clasificar, todos muy bien dirigidos por un precioso carruaje fúnebre de madera vetusta, algo reseca, tirado por un caballo percherón bien renegrido que aguantó como todo un estoico los discursos de los creadores del acto: Fernando Castro, Domingo Sánchez Blanco y Javier Utray. Las referencias al significado de los enterramientos en urnas tan bien relatados por Sir Thomas Browne, a las diferencias con los enterramientos de coches de Vostell, y con el cementerio de coches de Arrabal, a anteriores proyectos de Domingo como el viaje a Paris para conocer al filósofo, a la obra de arte como producto un acto de amor e irritación —esto último de Utray me ha gustado mucho—, nos situaron un poco a los profanos en cuestiones artísticas y a los que, como reconoció el Alcalde de Morille en su discurso, "no entendemos el arte moderno, pero intentamos comprenderlo". En la estepa devastada, de lejanos horizontes, en un alto con vistas y con encinas al costado quedaron enterradas las cenizas del filósofo Pierre Klossowski mientras los acordes del pasodoble torero calentaban los oídos en una mañana luminosa de azul frío. Y en la profunda fosa de hormigón reposa el pontiac de Javier Utray, con una enorme losa de hormigón encima y este epitafio: “P.I.P. on TIAK. La grand prix. En escribir una lápida se le va media vida a uno. Duro marmolillo.“ Aunque, tal vez no repose y simplemente descanse, ya me lo dijo el paisano mentón afilado y nariz apocada, al ver las gotas de agua condensadas en el interior del cristal de la losa: “Mire, señorita, que pronto las gotas en el cristal, a lo mejor aún respira.” Este golpe de humor británico en pleno Morille, francamente, no me lo esperaba. Y no pude menos que dedicarle la mejor de mis sonrisas y una cómplice respuesta: "Seguro, aún está vivo, no le quepa duda". otros díasLos otros días: día de navidad-Toma, esta carpeta me la ha dado tu padre -dice mi hermana con voz pedir un café-, me parece que es tuya. Lo que no reconozco, y me resulta totalmente extraño es el cuadernillo mecanografiado, con apenas cinco hojas de papel cebolla, y el siguiente título en la portada: "PALABRAS DE POETA" Y un pequeño recorte en su interior que dice: "Estos poemas son intercambiables por: No recuerdo a su autor. No tienen fecha -imagino que serán de esa misma época-, ni anotación alguna. No consigo recordar cómo esas cinco hojas llegaron a mis manos. Tal vez unas palabras, un beso o quién sabe qué..., me las dejaron entre los dedos. océanoDesde mi ventana atlántica olfateo un mar cuajado de sal y algas marrones y verdes. Dentelladas de espuma rizada quebradas por nubes deshiladas a fuerza de noches sorprenden la mirada perdida en el mar adentro. El aire mojado de salitre desparrama entre las voces de la casa un aroma amargo de lágrimas y océano. Tierra adentro, decenas de kilómetros al norte, el granito lavado cubierto de musgo sedoso destila el veneno melancólico de la memoria. Bajo los soportales de la rúa del Villar, los pasos saltarines de "el rubio" y mis andares de rumba lanzan destellos rizados de un mar azul que rebotan contra las losas de piedra camino del océano. Las voces de los viejos amigos crepitan ante un café en la mesa de El Casino y chorros de recuerdos corren entre los gastados sofás de cretona y se refugian entre los recovecos del artesonado del techo. El océano es un estado de ánimo que se infiltra. Ch. Baudelaire. |