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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2007.

llanuras de acero

Era un día pálido, azulado y nervioso. Todavía las diez, la maleta medio vacía y la tercera llamada de la mañana volvía a sonar. Camisas de lino, pantalones de algodón, el salacot y el rifle, las gafas de sol, mi sombrerito de paja, el abanico y la brújula. ¡Ah! imprescindible, la bolsa repleta de monedas si uno viaja al país de los hábiles mercaderes con un zoco en cada aldea.

La tecnología se rebeló en Barajas, y el personal de tierra afiló el lápiz y se ajustó los manguitos antes de comenzar el embarque a mano como treinta años atrás. Con un retraso de horas y un cielo agujereado, la bolsita de dátiles regalo de Tunis Air fue la primera miel del viaje. El viento cálido y salado del mediterráneo retorcía las hojas de las palmeras, mi piel respiraba bajo las estrellas.

“Los árabes comparan a Túnez con un albornoz desplegado, y esta comparación es exacta. La ciudad se extiende en la llanura, ligeramente levantada por las ondulaciones de la tierra, que hacen sobresalir por espacios los bordes de esta gran mancha de casas pálidas de donde surgen las cúpulas de las mezquitas y los campanarios de los minaretes. Apenas si se distingue, apenas si se imagina uno que aquello sean casas, tan compacta, continua y rampante es aquella placa blanca. En torno de ella hay tres lagos que, bajo el durísimo sol de Oriente, brillan como llanuras de acero. Al Norte, a lo lejos, la Sebkra-er-Bouan; al Oeste la Sebkra-Seldjoum, vista por encima de la ciudad; al Sur, el gran lago Bahjira o lago de Túnez; luego, subiendo hasta el Norte, la mar, el golfo profundo, semejante a un lago en su lejano marco de montañas.”

Túnez – Guy de Maupassant

Siglo y medio después, Túnez asombra no por sus casas pálidas sino por las manadas humeantes de coches y por el enjambre de antenas parabólicas que abarrotan las terrazas y cuelgan de sus balcones. De los acerados lagos que la rodeaban ni rastro.

01/10/2007 18:28. emma b #. el mundo Hay 2 comentarios.

sousse

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El balcón de mi terraza es blanco, opaco, rugoso. En el jardín, al borde de la playa, un ciruelo. La tapia es blanca, las terrazas son blancas. El sol acaba de salir por la esquina del golfo. El mar todavía duerme, azulado, en acompasados suspiros. Suena lejana la plegaria desde el minarete de la mezquita de piedra dorada. Las palmeras aplauden. ¿Y las gaviotas? ¿Dónde están las gaviotas?

04/10/2007 23:35. emma b #. el mundo Hay 4 comentarios.

las invasiones bárbaras

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"En la mañana del último día de octubre desembarcamos en Túnez.
.../...en aquel país nuevo, nada me atraía fuera de Cartago y algunas ruinas romanas: Timgat, de las cuales me había hablado Octavio, los mosaicos de Susa, y sobre todo el anfiteatro de El Djem, al cual, me proponía acudir sin tardanza. Era preciso llegar en primer término a Susa, y de allí seguir en el coche del correo;
...La diligencia de Sfax sale de Susa a las ocho de la noche, y atraviesa El Djem a la una de la mañana.
.../... Arribamos a El Djem, y no había albergue; en su lugar un horrible bordj. ¿Qué hacer? La diligencia reanudaba su viaje. El poblado estaba dormido; en la noche que parecía inmensa se entreveía vagamente la masa lúgubre de las ruinas; aullaban los perros.
.../... Recorrido en unos instantes, el anfiteatro me decepcionó; incluso me parecía feo bajo ese cielo opaco. Tal vez mi cansancio ayudaba, hacía crecer mi hastío. A mitad del día volvía a él, por falta de otra cosa, buscando en vano alguna inscripción en las piedras.”
El inmoralista. André Gide.

06/10/2007 19:38. emma b #. el mundo Hay 2 comentarios.

cartago

Es necesaria una buena dosis de imaginación para reconocer en todos esos restos trasquilados, limados por el sol y rayados por el viento, a la ciudad de astutos comerciantes y emprendedores navegantes que llegó a contar con 400.000 habitantes, en sus momentos de máximo esplendor, y que mantuvo en jaque a Roma durante una buena temporadita.
La estación de Cartago-Salambó nos deja cerca de los puertos púnicos. Camino del puerto comercial nos encontramos con la huella del Tophet, el santuario de la diosa Tanit de la que la bella Salammbó —la hija de Amílcar Barca que en la novela de Flaubert enamora a Matho, el general libio que se atrevió a robar el velo de la diosa — era sacerdotisa.

“El palacio se iluminó de pronto en la terraza más alta, la puerta del medio se abrió y una mujer, la misma hija de Amílcar, cubierta de ropas negras, apareció en el umbral... Su cabellera, empolvada con una arena violeta y recogida en forma de torres según la moda de las vírgenes cananeas, la hacía parecer más alta. Trenzas de perlas atadas a las sienes le descendían hasta los extremos de la boca, rosa como una granada entreabierta. Lucía en el pecho un juego de piedras preciosa, que imitaban, por su abigarramiento, las escamas de una morena. Los brazos adornados con diamantes, le salían desnudos de la túnica sin mangas, estrellada con flores rojas sobre un fondo completamente negro. Llevaba entre los tobillos una cadenilla de oro para regularle los andares y su gran capa de púrpura oscuro, cortada de un tejido desconocido, arrastraba detrás de ella, formando a cada paso una gran ola que la seguía.”

“Salammbó estaba invadida por una flaqueza en la que perdía toda conciencia de sí misma. Algo a la vez íntimo y superior, una orden de los dioses, la forzaba a abandonarse a ella, unas nubes la levantaba y, desfalleciendo, se echó sobre la cama en la melena de león. Matho le agarró los talones, la cadenita de oro se partió y los dos extremos, al volar golpearon la tela como dos víboras que rebotaban. El zaimph cayó, la envolvía; vislumbró el rostro de Matho que se le inclinaba sobre el pecho.
—¡Moloch, me estás quemando!
Y los besos del soldado, más devoradores que las llamas, la recorrían; se sentía como arrastrada en un huracán, prendida por la fuerza del sol.”

Salammbó. Gustave Flaubert.

08/10/2007 22:41. emma b #. el mundo Hay 2 comentarios.

espejismos

“En los pueblos fronterizos miran el paso de los trenes, las rutas desiertas de Tozeur”, dice Battiato en su canción. Cerca de la frontera con Argelia y de las estribaciones del Atlas, pedregosas, resecas , asfixiantes, duras, la vieja Thusurus romana respira aliviada gracias al gran oasis de mil hectáreas y doscientas mil palmeras que dan sombra y humedad a las granadas, jazmines, tomates o plataneras que crecen entre palmera y palmera.

Ya no volveremos a encontrar otra colina verde hasta Douz. En medio el gran eufemismo del lago salado: Chott el Jerid, en el que casi toda el agua se ha evaporado después de un largo y cálido verano. Un desierto salino en esta época otoñal, tan sólo quedan algunas charcas de múltiples colores: rosas, azules, rojas o grises, según la densidad y composición del agua; charcas de bordes blanquecinos o grises en esta vasta y estéril estepa de un blanco nevado que choca con el calor sofocante del ambiente. Aquí no hay el frío helador de la tundra rusa deslumbrante bajo el sol; aquí la llanura es de un blanco nieve, con reflejos violáceos o plateados, la luz cegadora del sol de la tarde se refleja en demasiados cristales del sal, un viento húmedo y denso, cargado de polvo del desierto ahoga la garganta, la neblina en el horizonte difumina el abismo entre el cielo y la tierra. Las gaviotas apiñadas sobre los acantilados escuchan el batir de las olas. A los lejos, los espejismos.
Este inmenso desierto helado es el paisaje de la música de mi admirado Anouar Brahem, el tunecino de laúd sereno y cálido. Después de esta travesía por los territorios que poseen la belleza de lo sencillo, a unas decenas de kilómetros, Douz, la puerta del Sahara. A un lado otro enorme oasis de palmeras “Deglat Nur” —dedos de luz—, las que producen los mejores dátiles del mundo; al otro lado de la ciudad las primeras y raquíticas dunas del Sahara, arena pulverizada, otro de los paisajes del tunecino.

13/10/2007 21:04. emma b #. el mundo Hay 2 comentarios.

bienvenida

A medianoche como la cenicienta pero sin carroza y sin zapatitos de cristal, más bien arrastrada por mis maletas, arribo al dulce hogar quince horas después de salir de la bulliciosa Sousse.

El buzón “a rebosá” como los forladys de la canción de Martirio, ¡qué alegría! ¿Alguna postal desde el Tibet de estos novios que bajan a por tabaco y no vuelven? En la primera ojeada en el ascensor la desilusión se implanta en la pata de gallo del ojo derecho, mucha publicidad y ninguna postal, ni el viajante se ha dignado a escribir.

Abro la puerta, y antes de que pueda encender la luz escucho a misombra que corre a gritos por el pasillo

—¿Qué me has traído? —Será egoísta tanto tiempo sin verme, campando a sus anchas, y ni un hola de bienvenida.

—¿Y a mí, a mí qué...? —Me chilla al oído la araña que se ha descolgado veloz desde su telita del rincón.

Suelto la maleta, me quedo muda con cara de Stalin momificado observando como misombra abre nerviosa la bolsa de los regalos, la araña palmotea feliz mientras sube y baja por el hilo plateado y a dúo me cantan: "¡Qué será, será...!"

Misombra está tan encantada con la chilaba roja que carga con todos mis bártulos hasta la habitación, y la araña se ha subido al dátil dispuesta a tragárselo de una sentada. Hogar, dulce hogar.


20/10/2007 20:26. emma b #. emma Hay 4 comentarios.

publicidad

Me han bastado dos tragos de zumo de naranja de un lunes profesional para despachar toda mi correspondencia aplastada por el peso de los folletos publicitarios: dos cartas del banco que se empeña en ser mi banco, y me encoge el corazón con esos números tozudos que se descuelgan de mi cuenta corriente.
Sin embargo, he necesitado los desayunos de toda la semana para digerir los folletos que atiborraban el buzón. Entre vuelta y vuelta de mantequilla me cuelo en la semana del ahorro de las grandes superficies que lo mismo me ofrecen un cordero a cuartos a precio de entrada de cine que una tele super LCD mega pantalla a 899 € o una motito para mis andanzas por charricity al módico precio de 2290 leandras. Aunque para varietés de cabaret nada como el folleto de LIDL que me tienta con unas preciosas hachas con mango de madera hickory para atizarle en la yugular a mi jefe, unas lechugas iceberg tipo repollo de tono agua marina para mis jornadas de coneja hambrienta, o una moto sierra clásica para ejercer de oficiante en la matanza de Texas y convertir el pisito en la casa de los horrores. ¿Por quién empiezo?

30/10/2007 00:37. emma b #. basuras y legañitas Hay 4 comentarios.

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